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Occidente tiende a ignorar todo lo que acontece lejos de sus fronteras,  da igual las barbaries que se estén cometiendo, simplemente es más fácil mirar para otro lado. Quizá ahora todo eso comience a cambiar gracias a la inmediatez de la comunicación, pero tampoco nos engañemos, empieza a pasar de manera lenta y continuando ignorando prácticamente todo lo que ocurre más allá de nuestro mundo civilizado. No es de extrañar entonces que en Asia estén decidiendo alzar la voz de alarma, mostrar, mediante el arte, todo el calvario sufrido durante tanto tiempo. Pero no se vayan a pensar que el objetivo de esto es simplemente dar pena, sorprende el cinismo y la veracidad con la que están contando todo esto, despojando sus historias de cualquier tipo de humanidad consiguiendo con ello hacer estos aún más terroríficos. Esto era que ocurría de manera evidente con el reciente documental The act of killing, donde a través de los propios responsables del genocidio, se trivializaba de todos los horrores sufridos en Indonesia. Más allá que el relato, lo que estaban contando, lo que más horrorizaba en The act of killing, era ver a esos propios que asumieron el poder, lejos de la redención, riéndose vilmente de todo el terror causado, disfrutando de ello.

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Y aunque La imagen perdida intente llegar a este punto, y no lo consiga, pues pese al terror de lo que cuenta, no cuenta con un material tan tenebroso para ello, si que consigue abrazarse con la película de Jossua Oppenheimer, aunque su mayor diferencia resida, en que esta ocasión el relato no viene de parte de “los malos”, sino de “los buenos” o mejor dicho, las victimas (o víctima, en singular). El realizador Rithy Panh nos acerca al infierno sufrido en los años 70 en Camboya durante la dictadura comunista de Pol Pot, con la excusa de encontrar una imagen que se ha perdido, que mostraría todo el horror. Nos muestra un relato sobrecogedor, donde las personas son sustituidas por figuritas de barro que tienen una verdadera expresión terrorífica, que actúan como simples marionetas. Es con ellas con las que se cuenta todo el genocidio sufrido, tan sólo hay espacio para unas pequeñas imágenes de archivo, Panh nos recrea todo aquello que él mismo vivió y sufrió en sus carnes, arrancándolo por completo de sus recuerdos, narrándonoslo y representando de una manera que acaba resultando sobrecogedora.

Porque todo lo que la película nos cuenta nos da verdadero miedo, hay historias en ella que sobrecogen por completo, la imagen de ese niño delatando a su madre, por el simple hecho de hacer lo que le han dicho que es correcto, y una vez más volviendo a esas figuras de barro, éstas son capaces de transmitir un completo maremágnum de emociones, superiores a las que podríamos observar en una película de ficción. Lo peor de este relato del horror, en el que el propio Pahn se pregunta a sí mismo “¿cómo sublevarte cuando todo lo que tienes es ropa negra y una cuchara?”, es que la historia acaba resultando demasiado densa. Es como si el realizador quisiera otorgar al espectador de todos sus recuerdos, de ponerlos sobre la mesa para que éste acceda a ellos y pudiera entender el terror de esa dictadura, que se olvida de otorgarle ritmo a la película, obligándole por momentos a la desconexión total, por la rudeza de lo contado y por el poco tiempo permitido para respirar, y aunque cuando vuelves a ella sigues quedándote completamente perplejo por cualquier nuevo relato, es como si no pudieras insistir demasiado en vivir dentro de éste.

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Es meritorio, osado, valiente, atrevido e interesante el trabajo realizado por Rithy Panh. Pero no sólo trata de acercar al espectador de fuera ese infierno que tuvieron que vivir los camboyanos, si no que ejecuta la película como un relato introspectivo, de rabia que sacar fuera, como si fuera un horror a los horrores del comunismo. Se responde incluso a sí mismo, suena La Internacional, y mientras ésta reza “Levantaos condenados de la tierra”, él, únicamente, puede responder que los condenados eran ellos.  Un ejercicio de cine necesario, conciliador y reflexivo, que quizá pueda ser irregular por su forma, pero realmente terrorífico en su contenido.

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Ficha técnica:

Título original: L’image manquante Director: Rithy Panh Guión: Rithy Panh Música: Marc Marder Fotografía: Prum Mesa Distribuidora: Abordar Casa de películas Fecha de estreno: 11/04/2014