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Hay películas que están pensadas para fines muy concretos, concebidas para que provoquen según qué cosas en el espectador mientras son vistas. Algunas están pensadas para hacer reír, otras para aterrorizar, incluso hay algunas que están hechas con fines propagandísticos. Y luego hay otro grupo de películas que han sido concebidas para tocar la fibra sensible del espectador, para emocionar y provocar el llanto del gran público. Una de esas películas es La fuerza del cariño, paradigma de cine lacrimógeno, en el mejor sentido de la palabra.

En La fuerza del cariño encontramos quizás una historia antes contada en el cine, o al menos con ciertas similitudes. La vida de dos mujeres, madre e hija, que demuestran que tienen muchas diferencias pero que en el fondo se quieren, en una montaña rusa de sentimientos y situaciones que se nos mostrarán en el film a lo largo de los años. No es precisamente el colmo de la originalidad, o algo así pensaríamos si leyésemos esta breve sinopsis antes de ver la película, pero lo cierto es que La fuerza del cariño pese a no ser una película con una historia ciertamente original, sí que tiene algo que la diferencia de otros melodramas de corte parecido: la naturalidad y la veracidad con la que está hecha.

La película supone un verdadero viaje sentimental por la vida de dos mujeres de caracteres muy diferentes. Aurora, la madre, es una mujer testaruda y complicada. Sobreprotege a su hija Emma desde muy niña, a la que ha tenido que criar prácticamente sola debido a la muerte de su marido. Emma, al contrario que su madre, es una persona más pragmática y decidida. Ambas son mujeres de difícil carácter, las dos tienen un objetivo muy claro en la vida: ser felices a su manera. Cuando Emma se marcha de Texas a Iowa con su marido y su hijo, Aurora intentará llenar el vacío que ha dejado su hija empezando una relación con Garrett, su vecino astronauta. A través de los años veremos cuan diferentes son las vidas de Emma y Aurora mientras están separadas a cientos de kilómetros. Un duro revés del destino hará que madre e hija vuelvan a estar unidas.

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Hay en La fuerza del cariño mucho por lo que reír, es una película desenfadada y alegre en su primer tramo sobre todo, pero también hay mucho por lo que llorar en esta cinta. En su segunda mitad la amable película de James L. Brooks muta en un verdadero melodrama al estilo más clásico, deudor del mejor cine de William Wyler. Que el propósito de la película es emocionar al espectador está claro, el problema es: ¿Lo hace de manera inteligente? La respuesta es sí. La fuerza del cariño no es un melodrama barato de hora de la siesta, es una buena película sobre el amor y la familia que el tiempo ha sabido conservar en buen estado y se sigue sintiendo tan fresca y veraz como hace tres décadas. La película puede ser tachada de efectista, porque lo es, pero no en el mal sentido. Si un melodrama de tal envergadura y de tal temática no resulta un poco efectista intentando provocar la lágrima del espectador, quedaría insulsa y sin chispa. Además, nada es forzado, todo fluye en la obra de Brooks y no resulta violento su golpe de efecto. Gracias, sobre todo, a que la película es realmente tangible haciéndose cercana, cotidiana y sincera.

Lo más destacable de La fuerza del cariño es que es una de esas películas que cuentan con un reparto tan excepcional en el que nadie desentona. Empezando por Shirley MacLaine que realiza una interpretación formidable en el papel de Aurora. Junto a ella, una inmensa Debra Winger interpretando a Emma. Ambas lucharían por el Oscar a la Mejor actriz principal, que finalmente caería del lado de MacLaine, suponiendo el ansiado y merecido galardón que le habían denegado en otras 4 ocasiones previamente. Junto a ellas, un extraordinario Jack Nicholson que le da el toque de humor ideal a la película para hacerla más amena y desenfadada. Nicholson se llevaría el Oscar al Mejor actor secundario por esta película, siendo la segunda de las tres estatuillas que hasta hoy ha ganado el actor neoyorkino (el tercero vendría varios años después también de la mano de otra película de Brooks: Mejor… imposible). Tras ellos, un buen elenco de secundarios con rostros tan conocidos como los de Jeff Daniels, John Lithgow o Danny DeVito. Es La fuerza del cariño una de esas obras llamadas comúnmente “películas de actores”, puesto que la mayor parte de su buen resultado reside en el buen hacer de su reparto, y en este caso esa etiqueta es totalmente cierta y merecida. Dirección y guión bastante sobrios y correctos a cargo de James L. Brooks, que se iría con las manos llenas de premios Oscar puesto que ganó el de Mejor película, director y guión adaptado. Este bonito melodrama sería el gran triunfador de los premios de la Academia de 1984 llevándose 5 de las 11 estatuillas a las que optaba.

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Otra de las grandes virtudes de La fuerza del cariño es que no intenta ser excesivamente manipuladora con el espectador, algo muy complicado con un guión como el que tiene. No nos quiere convencer de nada, no es tan plana. Simplemente nos quiere mostrar una bella historia de familia sin hurgar de manera insana y banal en los sentimientos del espectador. Porque, al igual que la película es franca y real, también lo son los personajes, su grandeza reside en la verosimilitud que profesan Aurora, Emma, Garrett y el resto del elenco. No son personajes artificiales y planos, tienen relieve y se nos hacen tan auténticos y cercanos que es imposible no empatizar con ellos. Todo esto no hace si no corroborar lo realmente cercana y veraz que es esta película.

Es quizás la veracidad mostrada en la película de James L. Brooks la que la hace una película especial y no una más del montón. Un drama familiar que ha sabido calar muy hondo dentro de los corazones de millones de espectadores en todo el mundo a lo largo de sus 30 años de vida. No estamos ante una película legendaria, ni siquiera es una de las ganadoras del Oscar más brillantes de toda la historia, pero lo cierto es que La fuerza del cariño sabe tocar la fibra sensible del espectador como muy pocas lo han hecho, va directa al lagrimal de manera muy inteligente y no demasiado forzada. No se trata de que la película en cuestión pueda gustar más o menos, se trata de que se hace bastante difícil pensar que este film es incapaz de emocionar a un ser humano. La fuerza del cariño puede parecerte una obra maestra o un pestiño. A algunos, como el que escribe, simplemente les parece una buena película, bonita y amable. Pero una cosa es cierta: si no eres capaz de emocionarte con esta película, aunque solo sea por una milésima de segundo, quizás tengas una piedra por corazón.