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A principios de los años 90 hubo dos nombres en la comedia americana que sin duda despuntaron, estos fueron Los hermanos Farrelly, tuvieron un debut a lo grande con Dos tontos muy tontos, y repitieron la fórmula con bastante tino en Vaya par de idiotas. Pero el paso de gigante lo dieron con su tercera película, reciclaron su fórmula y la dieron un nuevo rumbo, su humor escatológico llegaba al máximo esplendor con Algo pasa con Mary, aquella crónica sobre el amor irracional con una musa que era perseguida por todos, sorprendió por completo. Las buenas sensaciones que los Farrelly habían dejado con sus dos primeras se confirmaban en esta comedia descacharrante, que bebía profundamente de la screwball, y la unía con lo más chabacano que habían desarrollado hasta el momento. El resultado fue inigualable, para quien esto escribe Algo pasa con Mary es una de las mejores comedias de los años 90, una obra que aún hoy sigue siendo realmente fresca. Su colección de gags antológicos, su galería de variopintos e inolvidables personajes y su agudo guión, hicieron pensar que los Farrelly no tenían techo y que iban camino de escribir con letras de oro su nombre dentro de la comedia americana.

Sin embargo, su estela se apagó, no afinaron para nada con Yo, yo mismo e Irene, Osmosis Jones no pasaba de ser una rareza interesante que casi nadie vio y aunque Amor ciego era ligeramente más destacable, y funcionaba bien como una alocada comedia romántica, sin embargo denotaba que la chispa se había apagado. A partir de ahí, los Farrelly dirigieron un puñado de películas olvidables, entre las que la más destacada es sin duda su actualización de Los tres chiflados, aquella comedia de tosco slapstick era un homenaje al génesis de su sentido del humor, a aquel que les llevo a despuntar con sus dos primeras películas. Faltaba el ingenio de Algo pasa con Mary, pero la película convencía y era divertida. Veinte años después de su debut, su nombre ya no significa nada, como unos cineastas tristemente olvidados, ver su firma se limita al recuerdo de aquello que pudo ser, pero que jamás llegó. Por eso, y sobre todo después de que trataran una vuelta a los orígenes en Los tres chiflados, uno puede comprender que hayan decidido volver a su primera película, máxime cuando su agonía de un éxito que no llegó es equiparable a la de su actor protagonista.

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Porque 1994 no sólo fue el año de Los hermanos Farrelly, también fue el año de Jim Carrey los éxitos de Dos tontos muy tontos y La máscara le convirtieron de la noche a la mañana en el nuevo Rey de Hollywood. Este cómico puramente físico, cuyo rostro recordaba al de Jerry Lewis, supo hacer de su divertida gestualidad un arma que le llevó a convertirse en uno de los actores mejores pagados de Hollywood, películas como Ace Ventura, Mentiroso compulsivo o Un loco a domicilio arrastraban en masa a gente a los cines. Y uno lo entiende, porque Carrey tenía eso que tan sólo unos pocos cómicos han tenido a lo largo de la historia del cine, un poder que sucumbía a las palabras y que le hacía divertido en cualquier parte del mundo. Pero Carrey buscó el reconocimiento como actor, y lo hizo muy bien, sorprendió regalando estupendas actuaciones tan alejadas de su hábitat natural en películas como El show de Truman, Man on the moon u ¡Olvídate de mí!, y aunque nos demostró que Carrey también era un intérprete con talento, también esto apagó la estrella de su éxito, condenándole al olvido,  en el que como sus descubridores se ha encontrado durante estos últimos veinte años.

Veinte años, y la necesidad de volver a los orígenes, la necesidad de esos directores de volver a ser considerados en los carteles de cine, la necesidad de ese cómico de prestigio a volver a ser un hombre recordado es lo que nos trae Dos tontos todavía más tontos. Es la primera vez que los Farrelly se embarcan en una secuela, más allá de los factores externos que podrían tener, lo cierto es que es la decisión más inteligente. Si unos personajes podían tener secuela eran los Harry y Lloyd (ese maravilloso homenaje a Harold Lloyd y no de forma casual), porque realmente a día de hoy nos interesa poco el devenir de Mary Jensen Matthews, pero la estupidez de estos dos singulares personajes siempre podrá resultar ser divertida. En esta nueva aventura, los protagonistas se embarcarán en un viaje hasta El Paso, para conocer a la hija de Harry y pedirle el riñón que éste necesita para un trasplante, en el viaje, y casi sin darse cuenta, acabarán puestos contra las cuerdas por culpa de una peligrosa ricachona que quiere verles muertos para beneficiarse de una fortuna.

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Los Farrelly deciden seguir al dedillo la fórmula que tan bien funcionó en la primera entrega, los protagonistas se verán embarcados en la persecución de un objetivo que para ellos es mucho más simple que lo que de verdad esconde, algo que les pondrá en una serie continua de peligros de la que saldrán airosos por más azar que por ingenio. Al igual que ocurría con la primera entrega es una road-movie curiosa, porque es una road movie sin apenas personajes, el cambio de decorados no sirve para hacer evolucionar a sus personajes, sino para meterles en las más rocambolescas situaciones. Ésta es sin duda el mayor acierto de sus creadores, porque la base de la película no se encuentra en su endeble historia, sino en lo bien que funcionen las bromas, y como hicieran en la primera entrega, los Farrelly demuestran tener un excelente control sobre el tiempo de la comedia. Dos tontos todavía más tontos sigue la forma del cine de Keaton o Lloyd, es un slapstick puro y duro donde la historia queda relegada por completo. Cada sketch esté perfectamente hilado en la trama, para dar consistencia a una obra que siempre resulta divertida, carismática y entretenida.

Es agradable toparse de nuevo con las peripecias de estos dos tipos, Carrey y Jeff Daniels (ese extraño monstruo de la actuación que te vale lo mismo para un roto que para un descosido), se entienden a la perfección. Pero lo más agradable es que el sentido del humor de sus directores sigue intacto, todo en ella es zafio, grosero, absurdo, políticamente incorrecto, incluso desagradable, pero si entiendes su sentido del humor es imposible no parar de reír, algo que se nota incluso en alguna secuencia de la película, y es que en una secuencia de la película Paul Blackthorne es incapaz de guardar la compostura y no reírse ante la complicidad y los chistes de Daniels y Carrey.

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Decía Leslie Nielsen que en la vida no existe nada más divertido que los pedos, y resulta muy sencillo calificar de barato el humor simplón de Dos tontos todavía más tontos y por extensión, todo el de la filmografía de los Farrelly, porque pese a serlo, funciona a la perfección, no basta con tirarse un pedo, hay que tirárselo en el momento en el que el estruendo quede tapado por la carcajada. Y veinte años después es realmente agradable toparse con que Los hermanos Farrelly han vuelto a encontrar cuando tirarse su pedo.

3.5_estrellas

Ficha técnica:

Título Original: Dumb and Dumber To Director: Peter Farrelly, Bobby Farrelly Guión: Sean Anders, John Morris, Peter Farrelly, Bobby Farrelly Música: Empire of the Sun Fotografía: Matthew F. Leonetti Reparto: Jim Carrey, Jeff Daniels, Kathleen Turner, Laurie Holden, Rob Riggle, Rachel Melvin, Cam Neely, Paul Blackthorne, Lauren Henneberg, Erika Bierman Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 14/11/2014