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El problema final fue el relato en el que Sir Arthur Conan Doyle puso fin a la vida de su creación más famosa, Sherlock Holmes. Sin embargo, la legión de fans y lectores del personaje le presionaron de tal manera que no tuvo otro remedio que “resucitarle” diez años después, con un relato que narraba cómo fingió su muerte y lo que había hecho durante su ausencia.

La caída de Reichenbach fue el último episodio de la segunda temporada de Sherlock, en el que Steven Moffat puso fin a una temporada redonda con la fingida muerte de su protagonista, y digo fingida, porque éste aparecía vivo y coleando al final del episodio. Aun así, la legión de fans y seguidores de la serie llenaron Tumblr de Gifs, fanfics, dibujos y toda clase de ocurrencias sobre su esperado regreso. Moffat, por supuesto, estaba deseoso de “resucitar” al personaje pero por temas de Hobbits, Khans, etc. no lo ha hecho hasta dos años después. Dos años en los que todo tipo de teorías sobre la no-muerte de Sherlock han inundado la web.

Esta breve introducción sirve para sintetizar el espíritu de la serie. Sherlock crea, basándose de una manera sorprendentemente fiel a las novelas del detective, una historia actual, repitiendo los aciertos que ya tuviera Doyle pero ahora bajo la pluma de Moffat. Y la cosa, como hemos podido ver, no se queda en el simple papel/pantalla, sino que trasciende a las reacciones del público y al auténtico movimiento que significó en 1893 y significa ahora el detective más famoso de la historia. Dicho esto, vamos a analizar la Tercera Temporada, emitida hace unas semanas, y que continúa el ascenso en calidad que ya se experimentó entre la primera y la segunda.

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– 3×01 “The EmptyHearse”: Moffat y Gatiss se deben a los fans, y por eso los aman. Ya lo han demostrado más que de sobra en Doctor Who y Sherlock no iba a ser menos. Este capítulo es un homenaje a los fans, a sus teorías y a la adoración que existe hacia Sherlock (hasta hay bromas acerca de la supuesta homosexualidad entre Holmes y Watson sobre la que existen mil historias y montajes en Internet). En un capítulo con unas dosis de humor muy superiores a lo que estábamos acostumbrados, asistimos al regreso de Holmes después de dos años, a la explicación de su desaparición y, sobre todo, a la reacción de Watson. La química entre Cumberbatch y Freeman ha alcanzado cotas difíciles de superar y gracias a ello el abanico de sentimientos que surge y la naturalidad con la que se trata su relación es inmejorable. Además, desde este primer episodio queda claro que esta es la temporada de Watson, con Martin Freeman haciendo suyo al personaje en cada escena. Por lo demás, la trama del capítulo no es especialmente compleja y se centra más en los golpes de efecto y  los continuos fuck-yeah de Sherlock, más superhombre que nunca pero también en su vertiente más humana, con una rendija hacia sus sentimientos que se irá abriendo poco a poco.

-3×02 “The Sign of Three”: Tras haber superado con creces el reto del regreso, pasamos a temas más trascendentales como la boda de John Watson con Mary Morstan. En este capítulo se deja más patente que las cabezas pensantes de la serie están actuando con mayor libertad de creación, dejando atrás los tiempos en los que trataban de ser más fieles a un relato concreto de Doyle. La única referencia como tal, está en el título, que a su vez nos da una pista sobre cierto acontecimiento del episodio. Pero esto no es, ni de lejos, algo malo. Es ahora donde podemos apreciar el verdadero genio de los guionistas, cuando hacen de Sherlock algo suyo y original, introduciendo estructuras narrativas y visuales verdaderamente sorprendentes (la estructura en torno al discurso de boda, las escenas en el mindpalace, los flashback…). El humor continúa la estela del anterior capítulo, al igual que los sentimientos y la exteriorización de la amistad entre Sherlock y Watson, añadiendo protagonismo al personaje de Mary, que da una nueva dimensión a la pareja. Todo esto mezclado con una trama más compleja y absorbente y con unas actuaciones, una vez más, perfectas, sólo hace querer esperar a la Season Finale ya que, desde la primera temporada, el tercer capítulo siempre ha sido el mejor.

– 3×03 “His Last Vow”: En el anterior episodio, la boda de Watson y Mary (más el “inesperado” anuncio) marcaba un punto de inflexión por partida doble: por un lado, las andaduras de Holmes junto a Watson volverían a verse interrumpidas por las obligaciones del segundo como marido; por otro lado, Holmes tendría que superar el verse solo de nuevo tras haberse “abierto” sentimental y personalmente a Watson y a todo su entorno. Nos encontramos, entonces, con un Holmes más humano que nunca y un Watson más impulsivo que nunca. Es curioso cómo, tras el tono cómico y divertido de los anteriores capítulos, Moffat decide cambiar de registro, con una aventura mucho más seria, trascendente y trepidante (el guiño a la adicción de Holmes es sublime). Todo lo que hemos visto confluye aquí. Charles Augustus Magnussen, un maestro del chantaje, aparece en la mira de nuestro detective por un caso de cartas robadas. Aunque al principio no queda muy claro al espectador (recordemos que la mayoría de las veces sabemos lo mismo que sabe Watson) cuál es la trama, pronto nos encontramos con un nuevo antagonista capaz de rivalizar intelectualmente con Holmes, un reflejo del Moriarty de Andrew Scott que, donde aquel era pura psicosis y locura, este es frialdad y planificación. Con todas las cartas sobre la mesa, el capítulo tiene un enorme potencial. Pero eso no es suficiente para Moffat, que introduce un nuevo elemento en la ecuación que te deja con el culo torcido y que, aunque en un principio parece un giro argumental a la desesperada, tiene total sentido dentro de la historia y da lugar a los dos mejores momentos del capítulo y de la serie en general:

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Primero, el mindpalace de Sherlock es llevado a su última expresión. Si bien ya vimos en el anterior capítulo de lo que era capaz ese mundo etéreo, en esta ocasión se convierte en el elemento primordial del relato, con una ejecución visual y narrativa digna de aplauso y que, sin darnos cuenta, se desliza como uno de los ejes principales de la trama. Si tuviera que destacar el “sello autoral” de la serie, sin duda sería este complejo mental de Holmes en el que el ingenio del personaje se desata, llevándolo a límites que jamás imaginamos leyendo los relatos originales.

Segundo, el análisis psicológico del Dr. John Watson. Cualquiera que sea aficionado a los relatos y novelas de Sherlock Holmes ha pensado alguna vez que Watson no está bien de la cabeza. Cualquiera que se viera en medio de la locura de vida que lleva Sherlock Holmes se iría lo más lejos posible para, por lo menos, permanecer vivo. Sin embargo Watson, y sobre todo el encarnado por Martin Freeman, disfruta. No sólo eso sino que necesita estar con Sherlock, aun sabiendo que es un sociópata. Moffat cristaliza todo esto en forma de un diálogo que hará las delicias de los aficionados a la obra de Doyle, ya que es una asignatura pendiente que el escritor no llegó a tratar.

Dicho esto, sólo queda alabar el final del episodio, que sirve como epílogo de la temporada y que emociona y entristece a partes iguales. Emociona por la épica, la aventura y la gran historia que promete, y entristece porque, tras una temporada prácticamente perfecta, tenemos que esperarnos un año hasta que Holmes y Watson vuelvan al 221B de Baker Street… por lo menos tenemos los gifs de Tumblr.