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Love Actually es uno de esos títulos a los que muy poca gente puede resistirse. La opera prima de Richard Curtis busca emocionar y al contrario que muchas películas que tienen ese mismo propósito, lo consigue sin caer en la sensiblería barata, esa que te termina por asquear y que se torna insoportable. Es muy difícil que algún espectador no se sienta conmovido por alguna de las historias de esta película, porque hasta las más secundarias están dotadas de una magia que resulta irresistible. Love Actually se ha convertido en uno de los títulos clave cuando se habla de cine y Navidad. Su idea base (el amor) es idónea para estas fechas en las que todos nos volvemos un poco más ñoños y nostálgicos. La película de Curtis sabe jugar muy bien con el corazón del público, por eso aunque a muchas escenas se les vea el plumero, la cinta funciona a la perfección, y por eso es realmente difícil desprestigiarla, porque al menos esa destreza a la hora de emocionar merece ser elogiada. Esa sensación que el filme proclama a los cuatro vientos de que el amor está en todas partes (y siempre donde menos esperamos), se te contagia desde los primeros minutos, una sensación que se mantiene hasta que aparecen los créditos finales, en los que te sorprendes con una sonrisa tonta y que perdura durante varios minutos.

La apuesta por las historias cruzadas es otro de los grandes aciertos del largometraje, porque además de que a partir de ella Curtis nos sorprende con un reparto coral en estado de gracia, la película es capaz de equilibrar emociones, porque aunque la simpatía impregna todo el trabajo algunas historias tienden más a la tristeza (como la de Sarah (Laura Linney) y su hermano enfermo) y otras a la comedia pura y dura (como la de John (Martin Freeman) y “Just Judy” (Joanna Page), esa pareja de actores porno entre los que nace el amor). Además este tipo de historias siempre cuentan con la ventaja de que al espectador le hace especial ilusión averiguar cuál es el punto de unión entre todos los personajes, por eso (y por el momento en el que se levanta el telón) la escena en el colegio del hermano de Natalie (Martine McCutcheon) nos resulta tan enternecedora.

Love Actually es la manera abreviada de decir “Love actually is all around“. Esta es la idea en la que se basa el filme de Richard Curtis. En Londres, poco antes de las Navidades, una serie de personajes verán cómo sus historias se entrelazan para demostrarles que están relacionados con los aspectos más divertidos, tristes, ingenuos y estúpidos del amor.

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Los primeros compases de la película se dedican a presentar a los personajes, unos personajes con los que pronto nos identificamos (seguramente no con la persona pero sí con los sentimientos) y con los que nos implicamos emocionalmente con una facilidad pasmosa. Hechas las presentaciones pronto descubrimos la verdadera esencia de la película: en la vida siempre existe un amor verdadero, un amor que no tiene por qué referirse a la pareja convencional, que puede darse entre hermanos, entre compañeros, entre amigos… Lo que Love Actually promulga es que hay que esperar por él y que cuando se encuentra hay que luchar por alcanzarlo.. Por eso Mark (Andrew Lincoln) no renuncia a demostrar sus sentimientos a la esposa de su mejor amigo, porque aunque nunca pueda ser suya y él lo sepa, tiene que decirle que la ama, por eso Jamie (Colin Firth) lo deja todo la noche de Navidad para ir a Portugal y declarar su amor a Annie, y por eso el Primer Ministro decide, también esa misma noche, ir a la parte “chunga” de un barrio londinense y llamar puerta por puerta hasta encontrar a Natalie…  Love Actually nos habla del (re)descubrimiento del amor, y nos lo muestra desde la parte más ingenua del mismo, con el hijo de Daniel (Liam Neeson) como ejemplo, y también desde la más madura, precisamente a través de este último personaje. Puede que el amor verdadero no esté en el mismo continente que el tuyo, ni pertenezca a tu misma clase social, y es probable que no lo valores como debes hasta que ya es demasiado tarde, pero nunca es tarde para intentar buscarlo y conservarlo.  

Más allá de lo que Love Actually intenta decirnos, la película de Curtis nos deja imágenes que cuesta olvidar, aunque no sólo eso, porque la melodía de Christmas is all around, entonada por Billy Mack (Bill Nighy), es una de las canciones navideñas que una servidora no duda en escuchar cada 25 de diciembre, y estoy segura de que a muchos de vosotros se os quedó grabada en la cabeza después de ver la película… Pero ver al Primer Ministro (encarnado por un elocuente Hugh Grant) bailando fruto de su júbilo en su residencia en Downing Street no tiene precio, al igual que la escena de los carteles en la que Mark se confiesa a Juliet (Keira Knightley). Algunos diálogos del filme tampoco tienen pérdida, y además consiguen reflejar de manera muy eficiente lo que el largometraje pretende. Por eso no podemos evitar sonreír cuando el personaje de Neeson pregunta a su hijo si no es un poco joven para el amor y éste responde de manera tajante que no, o cuando los personajes de Firth y Sosanya se despiden cada uno en su idioma, sin entender las palabras pero sí las miradas (“es mi momento favorito del día, cuando te llevo” / “es el momento más triste del día, cuando te dejo”). Pero aunque el fuerte de la película resida en su guión lo cierto es que los actores contribuyen a que el trabajo sea aún más redondo. El propio Curtis afirmó que la escena más difícil que tuvo que rodar es en la que Karen (Emma Thompson) se da cuenta de que su marido la está engañando y rompe a llorar en su habitación, escondiéndose de sus hijos. Todo el peso de esa escena (y de muchas otras) reside en la capacidad para emocionar de los intérpretes.

El mensaje de Love Actually y su inocente y simpática manera de proclamar el amor, es perfecta para esta época del año marcada por los reencuentros con seres queridos, por las cenas con familia y amigos y por los mensajes de cariño. El trabajo de Curtis se ha convertido en uno de los filmes insignia de visionado obligatorio en Navidades, y es que nunca viene mal que nos recuerden qué es eso del amor y que lo podemos encontrar en cualquier parte.