Cuando Rodrigo Cortés presentó Grand Piano en Sitges pidió que en la sala no hubiera muchos “verosimilistas”, seres que ansiaran que hasta el más mínimo detalle de la película se ajustara a la realidad. Fue una petición importante, porque si nos aferráramos a la realidad cuotidiana, la película contiene elementos un tanto irreales que no encajarían y, por tanto, la desmerecerían. Sin embargo, si nos atenemos al universo interno que Eugenio Mira y Damien Chazelle han creado, la película se sostiene en perfecta sincronía con la verosimilitud de los hechos. Grand piano es lo que Hitchcock denominaría un trozo de pastel, como bien recordó Cortés, una pieza de realidad edulcorada con el único propósito de aportar una idea interesante más allá de lo que sería una representación de la realidad, un trozo de vida que diría el director londinense.

Aunque a alguno le pueda parecer exagerada, la comparación con Hitchcock no es casual. Grand Piano tiene muchos elementos de su cinematografía que son fácilmente identificables, desde el uso del suspense como motor principal de la trama, el voyeurismo de La ventana indiscreta (1954) y la amenaza que vive el protagonista estilo Con la muerte en los talones (1959) encarnado todo en la figura del asesino, pasando por la “macguffinización” de ciertos elementos como podría ser el propio piano. Además, en cierto modo Grand Piano es una continuación de ese famoso anuncio de Freixenet dirigido por Martin Scorsese, excepto que en este caso el amenazado es el pianista y el instigador alguien del público persiguiendo un objetivo similar al del anuncio.

30

Grand Piano se centra en la figura de Tom Selznick (Elijah Wood), un joven pianista prodigioso que unos años atrás se equivocó tocando una pieza y desde entonces sufre cierto pánico escénico. Tras un tiempo alejado de los escenarios, ha llegado el día de su regreso ofreciendo un concierto especial en el que además tocará el piano de su mentor, fallecido recientemente. Todo se complica cuando encuentre en una partitura escrito que si se equivoca en una sola nota, morirá. A partir de aquí empieza un interesante tour de force interpretativo con un Elijah Wood muy solvente en una complicada misión: llenar él solo la pantalla porque su amenaza es la voz de alguien escondido entre el público.

Eugenio Mira explota el thriller de situación única del mismo modo que lo hiciera Rodrigo Cortés con su célebre Buried (2010), con la diferencia que a veces tiende a cierto inmovilismo dramático que consigue salvar con virtuosismo visual. Tras un buen inicio, Grand Piano entra en una monotonía por momentos y avanza a golpe de artificios, a veces excesivos. Sin embargo, Mira sabe a qué juega y los usa como herramienta para quebrar la verosimilitud del relato y cocinar lentamente su trozo de pastel, dejando en segundo plano los baches que ofrece la narración. Grand Piano es, en definitiva, un thriller efectista y medido con el único propósito de entretener al espectador y demostrar que el cine español también puede ser internacional.

Título original: Grand Piano. Director: Eugenio Mira. Guionistas: Damien Chazelle. Música: Víctor Reyes. Fotografía: Unax Mendía. Reparto: Elijah Wood, John Cusack, Alex Winter, Kerry Bishé, Allen Leech, Tamsin Egerton, Dee Wallace y Mino Mackic.