Hace tan solo unos meses que nos llegó por fin a las carteleras el contundente debut en la dirección de Derek Cianfrance, Blue Valentine. En ella contaba una de la historias de amor más crudas que hemos visto en los últimos tiempos. Aquella película, que se veía fortalecida además por las contundentes interpretaciones de una Michelle Williams, que es posiblemente la actriz americana que a día de hoy más emociones es capaz de producirme, y un Ryan Gosling que brindaba la mejor actuación de su carrera, hacía un abanico de la relación que actuaba como un minucioso análisis de las relaciones de pareja. Cianfrance arrancaba la historia por el final de la relación, una pareja con un niño en un punto de no retorno, tratando de arreglar algo que ya estaba completamente muerto. A la vez que veíamos a la relación romperse en pedazos, mientras que sus dos protagonistas, trataban de encontrar la forma de no destrozar todo, pero siendo incapaces de dejar de mirar siempre por sí mismos, veíamos también, flashbacks mediante, como esa relación empezaba a nacer desde cero, el amor surgir en dos personas completamente diferentes. Entre esas dos partes, un oasis de tiempo, en el que se pasa de todo a nada.

Con su segunda película Cianfrance confirma que lo que a él le interesa es estudiar el comportamiento humano y las relaciones, así, proporciona una obra mastodóntica de dos horas y media de duración, partida en tres partes que bien podrían ser tres películas distintas. Cruce de Caminos se presenta como la perfecta colisión de dos nombres de la vital importancia como Alejandro González Iñarritu y James Gray, Cianfrance estudia a los dos y los tiene en mente, sin nunca alejarse de ese espíritu tan crudo y emocional que ya tenía Blue Valentine. La película arranca con la presencia de un motorista, que tras un año fuera de la ciudad descubre que tiene un hijo. Siendo prácticamente un vagabundo, decidirá hacer lo posible para poder mantener a su hijo, aunque esto signifique caer en la delincuencia. Pronto entrará en escena un joven policía, que se verá metido en un serio dilema, a la hora de delatar a unos compañeros de trabajo y sus poco éticas prácticas o seguir en silencio, y posiblemente acabar siendo igual de corrupto con el paso del tiempo. Por último la película da un salto de quince años, para mostrar el inevitable encuentro de dos chavales.

En Cruce de Caminos nunca decae el ritmo, entre otras cosas porque el realizador sabe siempre como engranar y juntar sus piezas y hacer que el maremoto emocional de la película contagie, pero no sature. La película arranca con potencia, posiblemente con la más sobria de todas las partes, en una historia en la que es imposible no recordar, y no sólo por la presencia de Ryan Gosling, al Drive de Widing Refn. Entonces, con el cuerpo inerte de Gosling, pasa a los ojos azules de Bradley Cooper y el realizador se convierte en James Gray, y no es nada extraño que lo que cuente sea una historia de policías, y crea un espejo con la primera parte de la película. Tanto Gosling como Cooper se enfrentan a un dilema moral a causa del bienestar de su familia, el primero decide tomar la salida de delinquir para que a su hijo no le falte nada, mientras que el segundo, con la omnipresente figura de su padre sobre él, finalmente decide alejarse del mal camino, pese a la importante inyección económica que le permitirían otro tipo de actividades, pero priorizando siempre la ética. En un último tercio, dónde el realizador hace énfasis en que lo único que ha cambiado ha sido la desolación de la naturaleza del paisaje, pero permaneciendo la naturaleza humana, juega a las casualidades como Iñarritu, y hasta se mete en un frondoso bosque que recuerda a los Coen de Muerte entre las flores. Todo colisiona con una naturalidad pasmosa y una fuerza desgarradora.

Cruce de Caminos es una película sobre la familia, el honor, la venganza y la necesidad de supervivencia humana. Cianfrance narra con mimo y cuidado una película que acaba siendo una explosión de emociones, acercando la cámara en carne viva a sus personajes. Recorriendo con su cámara de la tristeza de Ryan Gosling, reflejada en su lágrima tatuada a la mirada de Bradley Cooper, triste, dubitativa y devastada. Caminos que se cruzan, más allá del quinto pino (como diría su título original), en una ciudad perdida, dónde los seres no cambian, donde el ser humano necesita entender el porqué, donde las emociones se contagian y te mantienen a flor de piel con una triste y bella historia durante dos horas y media y dónde la sombra de Cianfrance empieza a brillar con fuerza en el panorama del cine americano, como uno de los cineastas más a tener en cuenta en los próximos años. Como un James Gray que crece por caminos de pasión, que explota al sentido de las casualidades de Iñarritu, que traspasa la pantalla con la fuerza de Refn, y que al final acaba desolando de la misma manera que lo hiciera en Blue Valentine, porque lo mejor de Cianfrance es que tiene nombre y apellidos propios que nos debemos empezar a aprender.

Título Original: The Place Beyond the Pines Director: Derek Cianfrance Guión: Derek Cianfrance, Ben Coccio, Darius Marder Música: Mike Patton Fotografía: Sean Bobbitt Intérpretes: Ryan Gosling, Bradley Cooper, Eva Mendes, Dane DeHaan, Emory Cohen, Ray Liotta, Rose Byrne, Ben Mendelsohn, Bruce Greenwood, Mahershala Ali, Olga Merediz Distribuidora: TriPictures Fecha de Estreno: 06/09/2013