Cuando hace un par de años se estrenó Kick-Ass fue un completo soplo de aire fresco. Con el género de superhéroes ya sobresaturado, aparecía la perfecta mofa de ellas. Una película que no sólo era realmente divertida, si no que a su vez servía como un perfecto análisis de los miedos de una sociedad que vive entre dos mundos, el real y el cibernético y la necesidad de adquirir nuevas personalidades dentro de éste. Lo que traía Kick-Ass era algo completamente novedoso en el mundo de Hollywood, su uso de la violencia, totalmente desfasado, recordaba al cine de John Woo, adaptado a un universo completamente enfocado para los adolescentes (Aunque siempre sabía encontrar la línea que no se debía traspasar). Fue además el merecido espaldarazo para un realizador como Matthew Vaughn, un tipo que venía mostrando ideas muy claras dentro del cine comercial y que terminó por confirmar su talento al año siguiente cuando estrenó X-Men: Primera generación. Así como el descubrimiento de la joven Chloë Grace Moretz, a la que ya habíamos visto antes, pero aquí se nos reveló como la adorable y malhablada Hit Girl, uno de los mejores personajes que nos ha dejado el cine de superhéroes.

Kick-Ass funcionaba como un todo perfecto, su mensaje quedaba claro, su forma de hablar de los peligros de usar otra identidad, hacían que el protagonista se redimiese y lo cierto es que una segunda parte era completamente innecesaria, y requería con ello también reinventar el producto, buscándole otra salida. En esta segunda entrega nos encontramos con que la irrupción de Kick-Ass en la sociedad, ha llevado a otros héroes anónimos a tomar las calles. Cuando Kick-Ass quiera volver a ejercer de paladín de la noche, se juntará a otros de estos héroes anónimos, lo que llevará a su némesis Bruma Roja, ahora rebautizado como El hijoputa (claro ejemplo de la brillantez de los chistes que durante toda la película escuchamos), a intentar acabar con él. Por su parte Hit Girl, intentará integrarse en la vida real, aprendiendo a comportarse como una adolescente normal y dejando a su alter-ego a las sombras.

En la primera entrega de Kick-Ass nos encontramos un sentido del humor bastante cuidado, lleno de referencias al mundo geek y capaz de sonar lo suficiente grosero, para nunca parecer mal educado, además de que los tacos en la boca de una adorable Grace Moretz de apenas doce años, tenían un poder encantador. Para empezar, ese efecto se pierde, porque no es lo mismo escuchar los despropósitos de una simpática pequeña, que de una adolescente cabreada y mal hablada. Pero no se queda esto aquí, pese a que sigue manteniendo algún pequeño guiño al mundo geek, tengo la sensación de que el humor de la película no está lejos del de cualquiera de las películas soeces de Adam Sandler, y que no saben escapar de la fácil referencia a los penes en cualquier chiste que hacen. Posiblemente el momento más bochornoso de este humor escatológico lo encontramos en la escena que cierra la historia en el instituto de Hit Girl. Una subtrama que pretende ser paródica, pero que adolece de todos los peores tics de la mala comedia adolescente americana. En esta escena, Hit Girl ejecuta su venganza. Una venganza a base de vómitos y diarrea, que salen disparados en la pantalla como un chorro enorme. Lo que más miedo me da, mientras observo con tal perplejidad un chiste tan zafio, como ridículo y desagradable, es escuchar las carcajadas de una sala llena de gente, ¿me estaré haciendo mayor para no entender este humor?

Pero si los problemas de esta secuela se quedasen en ese sentido del humor, tan mal evolucionado desde su primera parte, posiblemente aún se podría disfrutar de la película, pues las ideas de Kick-Ass iban más allá de lo divertido que resultaba su sentido del humor. Pero más allá de que la película no cuente nada realmente interesante, e incluso pierda la interesante oportunidad de intentar jugar con la barrera que separa a héroes de villanos. Su forma de intentar sorprender es siempre tirar del exceso. Fue comentado el hecho de que Carrey renunciase a la promoción de la película por la violencia que contenía, y si bien, se puede discutir éticamente la corrección de los actos de Carrey, su decisión es completamente entendible. La violencia de Kick-Ass llega a ser incluso desagradable, no hay un motivo por el que esos niveles, casi de terrorismo, se puedan llegar a explicar, porque aquí no tenemos una narración apoyada en este elemento como pueden ser la de realizadores como Tarantino, si no que es completamente gratuita. No sólo rebasa esa línea que tan bien fijó la primera parte, si no que se extralimita sólo para buscar la perplejidad de un espectador, que no puede evitar mirar para otro lado en escenas tan innecesarias y pueriles como la del ataque a los coches policiacos.

Hay secuelas que no están a la altura de las películas originales, y otra que destrozan por completo el legado de lo que fue la primera entrega. A este segundo grupo pertenece esta secuela, realmente tonta e innecesaria, y que demuestra que sus creadores, no han sabido entender o no han sabido continuar a una primera película que no necesitaba una segunda parte. Kick-Ass 2: Con un par, posiblemente sea el blockbuster más desagradable que ha entregado Hollywood en mucho tiempo, y la verdad, eso no va conmigo, me quedo con la divertida e interesante primera parte, una película transgresora que no tiene en absoluto nada que ver con ésta.

Título Original: Kick-Ass 2 Director: Jeff Wadlow Guión: Jeff Wadlow Música: Henry Jackman Fotografía: Tim Maurice-Jones Intérpretes: Aaron Taylor-Johnson, Christopher Mintz-Plasse, Chloë Grace Moretz, Lyndsy Fonseca, Clark Duke, Evan Peters, Jim Carrey, Donald Faison, Robert Emms, Morris Chestnut, John Leguizamo, Lindy Booth Distribuidora: Universal Fecha de Estreno: 30/08/2013