Si buscamos en el diccionario de la real academia española el significado del prefijo “super-” una de sus acepciones es la de excesivo. Y en ese sentido la nueva película sobre Superman, no podría hacer mayor gala de ese significado. Porque a todas la instancias podemos decir que El Hombre de Acero es una película excesiva. Los superhéroes han tomado la partida del cine comercial americano, al igual, que por ejemplo, en los 70, lo hiciera el cine catastrófico tras los éxitos de películas como Aeropuerto, La Aventura del Poseidón o El Coloso en llamas. Con una base tan amplia, como es la del cómic americano, las dos principales editoriales, Marvel y DC se pusieron manos a la obra. La presencia de los superhéroes en las pantallas no es algo nuevo, DC, al igual como hiciera sobre el papel, fue la primera en echarse al ruedo con sus adaptaciones de Superman, con Richard Donner tras las cámaras, y el Batman de Tim Burton. Pero fue el éxito de la adaptación de Spider-man la que dio rienda suelta a un mar de adaptaciones.

Pero el cine, como todo, siempre tiende al evolucionismo, las adaptaciones individualistas de los personajes generaban mucho dinero, pero no fue hasta que Marvel nació como productora cuando se dio el paso más grande. Pese a tener de primeras la partida perdida, puesto que no contaban con los derechos de sus personajes más populares, distribuidos entre las distintas productoras de Hollywood, tiraron de héroes mucho menos conocidos dentro de la cultura pop del siglo XX. Y crearon un universo aparte, un universo que han sabido explotar a lo grande, siendo capaces de estrenar hasta dos películas en un mismo año, cambiando a sus héroes y sin dar síntomas de agotamiento. Fue la adaptación de Batman por Christopher Nolan la que aportó un reconocimiento de crítica. Pero DC miraba en el formato creado por Marvel y veía que no podía explotar de la misma manera su gallina de los huevos de oro. Esta nueva versión de Superman nace, como en su día lo hiciera en Iron Man, con la idea de ser el inicio de un proyecto mucho mayor. El problema, es que en la concepción del producto, no han sabido demasiado bien que camino querían tomar. Mirando para casa, han tirado por el modelo, mucho más personal y oscuro que marcó Nolan con su trilogía de El Caballero Oscuro, ¿pero realmente acepta Superman esa capa tan oscura?

Pues la respuesta, tras ver esta nueva versión de Superman, es rotundamente no, o al menos que no han sabido materializarlo como es debido. Como indicábamos al inicio, esta nueva adaptación de Superman, que como ocurriera con El Caballero Oscuro, aquí han decidido titularla, El Hombre de Acero, es un completo viaje de excesos. La imperiosa necesidad de crear un viaje introspectivo del personaje, de la misma forma que Nolan hiciera en Batman Begins, se nota siempre forzada. El problema principal es que nunca llega a haber una verdadera toma de contacto con el personaje, ni siquiera existe un perfil del mismo más que en pequeñas y vagas pinceladas, y aunque la película se beneficie del conocimiento popular del mismo, realmente aquí este Superman es un personaje del que no llegamos a conocer jamás sus miedos ni motivaciones. Buscando un enfoque quizá más espiritual (con ridículas referencias que unen la llegada a la tierra del superhéroe con Jesucristo, buscando casi una reinterpretación de las sagradas escrituras), la película abunda en el efectismo, con tomas vacías y alejadas del Hollywood más convencional, que nunca llegan a encontrar un significado real. El resultado de esto es la sensación de una impuesta pretenciosidad, casi como si estuviéramos hablando de la creación del superhéroe desde la misma perspectiva con la que Malick buscaba el sentido a la existencia humana en El Árbol de la vida, y por supuesto, el resultado de esto, no podía ser más ridículo. En este aspecto, desde luego, la película se podía haber visto beneficiada por la potencia visual y directa que Snyder suele imprimir a sus películas, pero sin embargo, aquí nos encontramos al realizador completamente desdibujado.

No ayuda tampoco a que la película funcione, la confección de un guión, difuso y poco matizado, más empeñado en soltar frases rimbombantes que en construir una historia sólida. La narración por medio de flashbacks, no sólo no funciona, si no que es completamente torpe, alejando así al espectador de su personaje protagonista, sin darle explicaciones de ese viaje, supuestamente realizado para conocerse a sí mismo, con el que arranca la película, tras el largo prólogo inicial. Ni siquiera existen los lazos de apego familiares que tan bien narró Donner, lo que hace que escenas circunstanciales de la película, cuya fuerza dramática, que siempre se trata de exprimir al máximo, subrayándolas, por si fuera poco, con una banda sonora omnipresente y que acaba resultando cargante, pasen por la fina línea del drama a la jocosidad. Y por desgracia, ni siquiera la presencia de una Lois Lane, cuya figura no pasa de testimonial, pese a cobrar una ilógica importancia en ciertos momentos de la película, se salva de esto. Somos incapaces de entender ese romance, que supuestamente parece haber entre los dos, su relación es nula e inexistente. Estamos hablando de un personaje que es el salvador y el guardián de los humanos, que la película siempre trata de plasmar en pantalla como la nueva esperanza para la raza humana, y sin embargo, son incapaces de plasmar en pantalla la creación de lazos de afecto con ninguno de los personajes que le rodean, y que únicamente funciona a través de los conocimientos que el espectador ya tiene de los personajes gracias a adaptaciones anteriores.

La película consigue notar una leve mejoría cuando tiene que encarar su recta final, pero de nuevo, los excesos vuelven a hacer mella. Su apuesta por la acción es desmesurada, completamente abrumadora y acaba resultando bastante cansina. A esto hay que sumarle la continua sensación de que la película se va a alargando en demasía, principalmente porque parece que nunca sabe muy bien cuando terminar, y el resultado, al final, se vuelve agotador. Superman sigue sin encontrar su camino en esta nueva era, el tratamiento pausado de Singer no era bueno, pero si más satisfactorio que el consigue Snyder aquí. Quizá sea hora de mirar al pasado, de ver lo que hizo Donner en la primera entrega, y sobre todo en el montaje de la segunda parte que realizó en 2006. Ahí, se capturaba el verdadero espíritu del héroe, se narraba la historia con una sencillez pasmosa, se hacía de Superman un héroe familiar, con el que sentirse identificado (y aquí tampoco ayuda que Henry Cavill sea el peor y menos carismático de los actores que han llevado la “S” en el pecho), y sobre todo se buscaba el entretenimiento blanco, sencillo y familiar, sin necesidad de caer en pretenciosas cuotas elevadas. En el retrato de un héroe ¿torturado? ¿triste? ¿marginado? ¿con la necesidad de encontrar su lugar?, nos encontramos un cuadro vacío sin pintura, y que ni siquiera funciona como una simple evasión.

Título Original: Man of Steel Director: Zack Snyder Guión: David S. Goyer Música: Hans Zimmer Fotografía: Amir Mokri Interpretes: Henry Cavill, Amy Adams, Russell Crowe, Michael Shannon, Kevin Costner, Laurence Fishburne, Diane Lane, Ayelet Zurer, Christopher Meloni, Distribuidora: Warner Fecha de Estreno: 21/06/2013