La Cabecita tuvo la suerte de poder asistir a la última edición del Festival de Cine 4 + 1 en Madrid el pasado mes de Noviembre, un festival que apostaba por el cine del autor y que ya contaba con un público fiel y consolidado a pesar de su juventud, pero que hace escasos días fue cancelado. Allí pude disfrutar de Amour, la nueva cinta de Michael Haneke que tanto revuelo ha causado y que tan merecidos reconocimientos está recibiendo. Desde este humilde espacio dedicado al cine quiero dar las gracias a SensaCine y al Festival por brindarme la posibilidad de disfrutar de esta obra maestra en pantalla grande y en versión original.

Haneke nos tiene acostumbrados a un cine directo, sin artificios, en el que prima la sencillez visual (y a veces argumental), pero que sabe cómo atrapar al espectador y hacerle sentir. Sus películas están dominadas por el abatimiento, la angustia, el dolor… Pero en este caso, por encima de todo, encontramos el amor. Amour es una de las pocas películas del director alemán que dentro de su filmografía, tan turbadora y sombría, guarda una lectura esperanzadora. Tras obras claves del cine europeo como El séptimo continente (1989), Funny Games (1997), La pianista (2001) y la reciente La cinta blanca (2009), poco tenía que demostrar Haneke, pero es posible que este nuevo trabajo, que ya fue reconocido al comienzo de la temporada de premios con la Palma de Oro en Cannes, sea lo mejor que ha hecho hasta la fecha. Guarda la esencia de su cine: apenas hay espacios abiertos, ya que la película se desarrolla íntegramente en el interior de una casa, y “cumple” con las características que comparten (casi) todos sus largometrajes, tratando un tema controvertido a la par que cruel y descorazonador, pero también emotivo. Aún así Haneke ha dado un paso más allá con Amour, ofreciendo una película mucho más humana y sensible en comparación con todo lo que ha hecho con anterioridad.

Su éxito en el continente europeo estaba más que asegurado, por eso que la película venciera en los Premios del Cine Europeo y que haya recibido tantas nominaciones en los BAFTA y los César no ha pillado por sorpresa a muchos, pero lo que pocos esperábamos era que la Academia Norteamericana reconociera la cinta de Haneke, de ahí que sus cinco nominaciones a los Oscar nos hayan sentado tan bien a los cinéfilos, porque puede que no se alce con la victoria en las categorías importantes pero el simple hecho de que Emmanuelle Riva opte con casi 86 años a la estatuilla o que Haneke se haya colado entre directores de la talla de Steven Spielberg (por Lincoln) o David O. Russell (por El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook)) bien merece nuestra felicidad. Pase lo que pase, Amour está a un nivel inalcanzable, es ese tipo de película que te recuerda por qué vale la pena amar el cine, y lo hace de una manera delicada y magistral.

 

Georges y Anne (Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva) tienen 80 años y ya han perdido la cuenta de cuántos llevan casados. Su única hija se llama Eva (Isabelle Huppert), se dedica a la música y vive en el extranjero. El amor de la pareja será puesto a prueba en el momento en que ella sufre una grave parálisis…

Amour consigue transmitir todo lo que pretende, logra manejar al espectador de principio a fin, el cual siente y sufre igual que el personaje de Trintignant. Desde el primer minuto de metraje, con ese plano fijo del teatro, notamos que estamos ante una película especial, y lo bueno de este nuevo trabajo de Haneke es que va in crescendo, no decae, no permite que el espectador desconecte sino todo lo contrario, hace que éste se involucre (casi de manera personal) en la historia, por eso ver Amour supone enfrentarse a más de dos horas de sufrimiento. Se han hecho muchas películas que han intentado retratar el amor, algunas desde un punto de vista cómico y otras aportando una carga dramática capaz de desestabilizar emocionalmente a cualquiera. Amour pertenece a ese último grupo, ya que se trata de una película que muestra la belleza del amor, pero también los sacrificios y la angustia que produce el ver cómo alguien que quieres se apaga, y la entereza que se necesita para hacer frente a esos malos momentos. La cinta de Haneke, con una serenidad pasmosa, nos adentra en una de las historias de amor más puras de los últimos años, en la que vemos cómo dos ancianos luchan por la perpetuidad de sus sentimientos, con momentos en los que es difícil contener la lágrima y otros en los que el alma se encoje de tal manera que resulta imposible reaccionar.

La película es puro Haneke en el sentido de que se cuenta la historia sin necesidad de adornos, es aparentemente sencilla pero también profunda y fascinante. Michael Haneke es uno de los directores contemporáneos que mejor domina los espacios en el cine, con unos encuadres y unos planos (fijos) que no pueden dejar indiferente a nadie. Pero Amour no sería nada sin las majestuosas interpretaciones de Emmanuelle Riva y Jean-Louis Trintignant, son ellos los que convierten el visionado de Amour en algo tan doloroso como necesario, porque por experiencia propia o ajena es muy fácil sentirse identificado con la historia que Haneke cuenta en este largometraje. Por eso aparentamos sosiego cuando Trintignant se encuentra con vecinos o con su propia hija, y por eso nos derrumbamos cuando él también lo hace. Amour es una muestra más de que el amor, el verdadero amor, no conoce de edades ni de límites temporales.

 
Prácticamente todas las escenas de esta cinta lograrán hacer reflexionar al espectador, desde el momento en que el personaje de Riva ve los albums de fotos hasta la (larga) secuencia de la paloma. El tramo final de esta atrevida película de Haneke es arte en mayúsculas, algo que todo amante del cine debe ver y disfrutar.
 
Lo mejor: Todo. En especial el dúo protagonista y la dirección de Haneke.
Lo peor: Nada. 
 
Nota: 9,5/10