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Paul Verhoeven ha vuelto y además, en plena forma. No solo es motivo de celebración que el cineasta holandés haya regresado por todo lo alto, sino que se agradece que nos haya brindado una película tan atractiva, divertida y sobretodo inteligente como la que aquí nos ocupa. Todos creíamos en un regreso pletórico pero lo que nadie esperaba es que Verhoeven nos deleitaría con una de las mejores comedias del año.

Nos encontramos ante un filme que probablemente no sea nada de lo que parezca, una película que se ha promocionado casi como una venganza sin piedad cuando en realidad está es un filme mucho más próximo a ser una mirada preponderante hacia la idea de la venganza. Una película que juega con las ideas preestablecidas de lo que ve en pantalla: Mujer, violación, infidelidad… y rompe con la polémica sin necesidad de polemizar sobre nada.

Elle

Verhoeven ha entendido perfectamente cuáles son las taras del cine polémico y los malestares que despiertan entre los espectadores más sensibles. ¿Cuántas personas se habrán escandalizado al conocer que el punto de partida de Elle (2016) acaba desembocando en una comedia tan negra como inteligente? ¿Cuántas organizaciones habrán acusado a Elle de indecente, inmoral o de banalizar algo tan terrible como una violación tan solo al saber su argumento? Vivimos en una sociedad que parece haber perdido la mirada que tiene el personaje de Isabelle Huppert sobre el resto del mundo, o quizás nos parece tan políticamente incorrecto que ya ni nos atrevemos a entender nuestra sociedad como la concibe ella. Sin tener absolutamente nada en contra ellos, (grandes) cineastas como Gaspar Noé o incluso Lars Von Trier, habrían preferido condenar al espectador obligándole a mirar como Isabelle Huppert es violada y a hacernos cómplices de su propia venganza. Verhoeven no, pues parece que le da completamente igual si el espectador se escandaliza o no, pues en ningún momento tiene la intención de hacerlo.

Si Showgirls (1995) fue el retrato decadente de un universo tan degenerado como singular, Elle también podría considerarse una especie de retrato en clave prácticamente satírica sobre ése peculiar mundo llamado “burguesía” plagado de formalismos y de (auto) control. El personaje de Isabelle Huppert es tan frío y desagradable, que parece que ni siquiera una violación pueda afectarle, no quiere volver a sentirse controlada por nada ni nadie. Ella controla su propia violación y al hombre que le ha hecho tal horror, ella controla toda la película. Su personaje es totalmente detestable, una representación irónicamente macabra de los tópicos de la burguesía. Y es que Isabelle Huppert es, en Elle, lo que todo el mundo se atrevería a denominar vulgarmente como una “hija de puta”, pero sin duda, una de las mejores y más divertidas “hijas de puta” de la historia del cine. Pero lo mejor de todo reside en el hecho de que, quizás sin quererlo, o posiblemente de forma completamente lúcida y astuta, Verhoeven ha acabado haciendo una película completamente feminista pero que no va a gustar a ningún feminista, una película sobre lo que se supone que es incorrecto. Una absoluta delicia, de lo mejor que hemos visto éste año.

Crítica escrita por Joan Pàmies

Título original: Elle Director: Paul Verhoeven Guión: David Birke  Música: Anne Dudley Fotografía: Stéphane Fontaine Reparto: Isabelle Huppert, Laurent Lafitte, Anne Consigny, Charles Berling, Virginie Efira,Lucas Prisor, Christian Berkel, Alice Isaaz, Jonas Bloquet, Vimala Pons Distribuidora: Avalon Fecha de estreno:  30/09/2016