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El juramento hipocrático (nombre que le viene por haber sido redactado supuestamente por el propio padre de la medicina moderna, Hipócrates) es aquel que deben realizar los graduados en cualquier rama de la salud cuando van a empezar a trabajar con pacientes. De esta manera, asumen la responsabilidad de la labor que desempeñan, y sus condicionantes éticos. En esta situación se encuentra Benjamín, un nuevo residente de medicina interna de un hospital parisino en el que su jefe es, ni más ni menos, que su padre. Aunque los primeros días van bien, según pasen las semanas, se dará cuenta de que sus funciones reales no son las que él esperaba cuando estaba en la facultad. Además, tendrá que enfrentarse al difícil carácter de su compañero, el argelino Abdel, que tiene más experiencia que él.

Clausurando la Semana de la Crítica hace casi un año en Cannes, Hipócrates es el segundo largometraje de Thomas Lilti, que tiene componentes autobiográficos: él mismo es médico además de director y guionista. Calificada como comedia, la película se queda más bien en el terreno de lo neutral; hay poca hilaridad, aunque también por suerte, poco dramatismo (al menos hasta su última parte). Con un tono que quiere ser cercano al documental, sus teórica intención es la de ser una crítica al sistema público sanitario francés. Sin embargo, como bien aprende Benjamín, la teoría no es lo mismo que la práctica. Finalmente, la denuncia social se queda en un plano secundario, tratada de forma indirecta, superficial, y solo destacada de manera forzada cuando a Lilti ya no le queda tiempo para hacerlo. En este sentido, sale reforzado el otro propósito del filme: el de mostrar el de viaje humanista e iniciático hacia la madurez (profesional) del protagonista.  

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Aún sin entrar en el tema de si refleja con realismo o no la labor diaria de un interno (lo que le puede parecer tremendista a alguien que lo ve desde fuera, para quien lo está viviendo de primera mano puede ser un fiel reflejo),  el problema de Hipócrates es que su supuesta apariencia naturalista acaba resultando evidentemente artificiosa. Lilti se deja llevar por lo obvio y cae en aquello que quería evitar (esos guiños a House, como pretendiendo dejar clara la exageración de dicha serie, en comparación con lo que él está contando), mientras adereza las transiciones con canciones pop anglosajonas de corte indie. Ni siquiera el buen trabajo de Vincent Lacoste y Reda Kateb (ganador del premio César al mejor actor de reparto) puede mantener el nivel cuando sus personajes empiezan a caer en el estereotipo. El director parece no saber cómo poner punto y final a su película, y acaba degenerando en una conclusión insustancial e inevitablemente optimista.

Hipócrates habla de la medicina más como un estudio de la filosofía y la moral que como una ciencia de la salud. “La medicina no es una profesión”, le dice Abdel a Benjamín. Es algo que va mucho más allá, es vocacional, intrínseco a quien lo practica. Y por tanto, su buena o su mala práctica implica consecuencias irreversibles no solo para el enfermo, sino para el propio facultativo. Lástima que Lilti no sea capaz de reflejar estas cuestiones, interesantes como poco, con la objetividad que pretende, ni se atreva rematar la historia con la autenticidad que aporta lo ordinario.

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Ficha técnica:

Título original: Hippocrate Director: Thomas Lilti Guión: Pierre Chosson, Baya Kasmi, Julien Lilti, Thomas Lilti Música: Jérôme Bensoussan, Nicolas Weil Fotografía: Nicolas Gaurin Reparto: Vincent Lacoste, Reda Kateb, Félix Moati, Jacques Gamblin, Marianne Denicourt,Carole Franck, Philippe Rebbot Distribuidora: Caramel Films Fecha de estreno: 08/05/2015