Al escribir sobre la deleznable secuela de Ghost Rider hablaba de la forma que tenía Nicolas Cage de escoger los guiones últimamente, algo que está elevando casi a la figura de personaje de culto con productos horribles, casi cercanos a la serie B, y que para nuestra suerte o desgracia en un años serán películas que habrán desaparecido por completo de la faz de tierra. Lo cierto es que y alejando ya de la genial caspa que suponía la película del motorista fantasma, la mayoría de las películas de Cage que llegan (que no son pocas ya que las hace como churros) son thrillers de lo más abominables y que perfectamente podrían colar como producciones televisivas. Este mismo año estrenó con Schumacher y una hiperbotoxizada Nicole Kidman una Bajo Amenaza que pretendía ser una versión extra descafeinada de Funny Games que caía en el más espantoso de los ridículos continuamente y por supuesto nada ayudaban sus dos protagonistas que poco tenían que aportar más allá de un nombre que otrora fue sinónimo de grandes actores y unas actuaciones que todos los calificativos que merecían eran negativos.

En El Pacto y aún contando con unos compañeros con bastante nombre, todo el peso recae sobre el bueno de Nicolas Cage en un thriller con una trama que es bastante atractiva, en la que el alopécico actor interpreta a un profesor al que tras la violación de su mujer le llegará una oferta muy atractiva que no podrá rechazar, la posibilidad de que un grupo de personas se encarguen de hacer justicia con el delincuente a cambio de que él les haga algún favor muy simple en alguna ocasión. Como era de esperar las consecuencias de esto serán nefastas y se verá envuelto en un asesinato que él no ha cometido obligado a huir continuamente en busca de las pruebas que demuestran su inocencia y a su vez a acabar con ese terrible grupo en el que parece estar involucrado todo el mundo.

La trama de ese grupo oculto liderado por Guy Pearce podría haber dado pie a un thriller tensó, atípico y mucho más interesante de lo que la película se esfuerza en mostrarnos, un batiburrillo de situaciones nada creíbles con un montón de vueltas de tuerca y giros inesperados, con el infructuoso propósito de sorprender al espectador y poner en más problemas al bueno de Nicolas Cage que nos deleita con sus habituales tics y gestos de hombre dolido y preocupado por su bienestar y el de su familia. Y aunque es cierto que la película se lleva con cierto desparpajo, haciendo que esa divertida huída constante con disparatados cambios de vehículos llegue a resultar divertida y bastante amena, así como todo su acto final en un centro comercial, un escenario de lujo para culminar una obra como ésta. Pero pese a esos intentos de ser divertida por tomarse poco en serio, todo en ella resulta exageradamente estúpido y molestamente predecible pese a sus banales intentos de girar sin rumbo continuamente.

El sobrino de Coppola parece haberse encerrado en una espiral de cine terriblemente malo y con aspiraciones que van poco más allá de rellenar alguna sobremesa en alguna cadena privada, poco importa que el villano lo interprete un Guy Pearce cada vez más venido a menos o que sea vea secundado de un buen séquito de secundarios salidos de la televisión como January Jones, Jennifer Carpenter, Harold Perrineau o Xander Berkeley ni que Roger Donaldson tenga un currículum bastante destacable a sus espaldas, entre el desastroso guión y la ayuda de un Cage no sólo nada talentoso, si no totalmente excesivo y sobreactuado, acaba devorando por completo una premisa que merecía más que este resultado final.

Título Original: Seeking Justice Director: Roger Donaldson Guión: Todd Hickey y Robert Tannen Fotografía: David Tattersall Música: J. Peter Robinson Interpretes: Nicolas Cage, Guy Pearce, January Jones, Jennifer Carpenter, Harold Perrineau, Xander Berkeley Distribuidora: Aurum Fecha de Estreno: 13/07/2012