El cuarto festival de series ha tenido lugar en Madrid durante los dos últimos días, un festival que si bien contó con menos caras famosas que las anteriores ediciones, si mantuvo su espíritu. De hecho el lema no podría ser más apropiado para un festival de estas características, “Es temporada de series” y toca cazarlas todas. Descubrir series nuevas y disfrutar con algunas de nuestras favoritas en pantalla grande. Con esta idea fuimos a los Cines Proyecciones durante dos días. Dos días que empezaron en compañía del #birraseries una divertida iniciativa que mantiene la idea de cómo se debe disfrutar una serie, en el sofá y en compañía de una cerveza, dos horas de tertulia con diversos bloggers y dónde el micrófono se mantuvo abierto para el público. Dos horas en las que se hablaron de temas tan divertidos y curiosos como la repelencia de todos los adolescentes en las series de televisión o el papel de los gays en las series de televisión. Tras esta amena charla tocaba empezar nuestro increíble maratón de series.

Tras el #birraseries comenzamos con el piloto de Copper, la sala estaba bastante vacía, y es que a la misma se estrenaban la nueva temporada de Crónicas Vampíricas, así como el piloto de la lamentable Arrow, el cual pudimos ver con anterioridad. Copper, que es la primera serie producida de la BBC America fue una grata sorpresa, con una ambientación que inevitablemente recuerda a Gangs of New York, nos presenta a una Nueva York que cabalga a medio camino entre la estética exagerada del cómic y el cine negro. Materiales con los que quizá si podría haber dado para construir una historia más elaborada, y es que en el fondo Copper no deja de ser un procedimental, pero que se desmarca notablemente del resto de las series de este estilo, pero que nace con alma propia, amén de resultar terriblemente entretenida. Sin duda podríamos decir que Copper fue la primera serie que cazamos, estaremos atentos de ver la primera temporada de apenas diez capítulos que acaba de terminar en USA, además de tener la grata noticia de que ya ha sido renovada para una segunda temporada. Un capítulo al que le damos un 7 de nota.

Tocaba después de acabar con tan buen sabor de boca disfrutar del primer capítulo de la segunda temporada del que sin duda fue el mejor estreno del año pasado, Homeland. Teniendo en cuenta la forma potente en la que terminó la serie, era lógico que no empezase con un chorro energético, si no que vaya poco a poco sentando las bases de cara a una segunda temporada tan espectacular como fue la primera. Podríamos tildar al capítulo de flojo, pero sensato, 50 minutos en el que dejan claro cuál será el camino que tomará la serie por esta segunda temporada, algo de vital importancia, para alguien que como yo, era reticente a una segunda temporada pensando que la serie debió haber acabado en ese búnker. El hecho de que el capítulo no cuente con momentos explosivos, no quiere decir que renuncie a su identidad, y es que ya en este capítulo nos encontramos con un par de momentos para morderse las uñas, como ésa persecución a Carrie o cuando Brody tiene que apuntar los números en la agenda. Un capítulo que desde luego nos mete ganas de seguir con esta segunda temporada. Como con Copper, nos quedamos con un 7 para este capítulo de Homeland, pero esperamos que suba de ahí.

Nos preparamos entonces para reír de lo lindo con el maratón que los chicos de Paramount Comedy habían preparado de la nueva serie de Charlie Sheen, Anger Management, los cinco primeros episodios del tirón, parecían ideales para relajar el cuerpo después de la tensión de Homeland. Lamentablemente no estábamos ante la serie bestia que nos habían querido vender, lo peor es que la propia serie se cree rompedora cuando no lo es. Podríamos hablar de Anger Management como una secuela de Dos Hombres y Medio, Sheen sigue haciendo de él mismo, con el lógico tono más light que la televisión le pide (y es que en este caso realidad supera a ficción). La serie no tiene nada que envidiar a la de Lorre, una sitcom noventera con risas enlatadas, que acaban sonando con más fuerza que las que se escuchan en la propia sala. Tras dos capítulos aburridos y que no nos provocaron más que alguna leve sonrisa en algún momento puntual, una lástima, por que eso sí, el chiste con el que empieza la serie es magnífico, nos decidimos salir de la sala y descubrir cosas nuevas, por que desde luego que no merecía seguir con ese suplicio durante una hora más. Le damos un 2, y que va que chuta, y por el chiste del comienzo.

Terminamos la noche a lo grande, con el estreno de Hatfield y McCoys, una lástima que el formato con el que se exhibirá en España, o al menos con el que se emitió en el festival de series sea el de 4:3. El cine es el mejor sitio para disfrutar de una serie como Hatfield y McCoys, segura serie del History Channel tras Los Kennedy, y que es puramente cine. Hatfield y McCoys es una miniserie de tres episodios de la que pudimos disfrutar del primero y que nos cuenta la historia real de la guerra privada que mantuvieron estas dos familias a finales del siglo XIX tras la guerra civil americana. El espíritu de la serie es la grandilocuencia de un western puro, un western movido por la venganza, un western sucio, que reniega de la espectacularidad para escupirte por la espalda. Un western que por si fuera poco tiene raíces Shakesperianas, que por algún momento te hace plantearte de si lo que hubiera salido de una adaptación del dramaturgo inglés por parte de John Ford no hubiera sido algo parecido a esta serie, que además está brutalmente interpretada por un renacido Kevin Costner. Nos rendimos a sus pies y le damos un 9, y esperamos que los dos capítulos que siguen mantengan el excelso nivel de este primero.

Nos fuimos a casa con un gran sabor de boca, sobre todo después de la catastrófica serie de Charlie Sheen, pero las impresiones generales del primer día del festival de series no pudieron haber sido mejores. El segundo día hubo más, pero para ello tendréis que esperar hasta el próximo artículo.