Sin lugar a dudas la primera temporada de Homeland supuso una de las mayores revelaciones seriéfilas de los últimos años, la única serie que fue capaz de bajar de su trono en los Emmy a Mad Men. De hecho fue la primera serie de la cadena americana Showtime, cada vez más cercana a HBO, que conseguía este galardón. Supo mezclar hábilmente el pánico que existe en Estados Unidos aún diez años después del 11-S a un ataque terrorista a gran escala. La trama, pese a que no deja de ser un remake de una serie israelí (gran filón el que han encontrado allí los americanos, una televisión totalmente desconocida y de la que también salió En Terapia), contaba con una premisa perturbadora y original. Una premisa que también jugaba en su contra por que realmente daba para poco más de una temporada. Un militar americano ha estado preso durante 8 años en Irak, ahora cuando vuelve a Estados Unidos, siendo considerado todo un héroe de guerra, lo hace con un oscuro secreto, convertido en al Islam y siendo el arma terrorista para un duro golpe contra el corazón de la nación americana.

Con la idea en la cabeza de que la serie no podría continuar de la misma manera que comenzó, Gordon le ha metido una vuelta de tuerca hacía lo que ya conocía. Y es que si en la primera temporada podíamos decir que en Homeland ya reciclaba algo del espíritu de 24, aquí se confirma como una más que digna heredera. Homeland, al igual que hiciera aquella, ha renunciado completamente a su verosimilitud. No existe ninguna situación que si nos ponemos a examinarla detenidamente no podamos considerar una verdadera gilipollez. Pero esto no tienen necesariamente algo negativo, estamos hablando de ficción pura y dura, con una protagonista, Carrie Mathison, que está cada día más cera de convertirse en la especie de superhéroe que era Jack Bauer. El realismo no existe, y no importa, Homeland ahora habita en una realidad paralela en la que nos creemos sin problemas a la buena de Carrie corriendo sola por un túnel para cazar a Abur Nazir o que un congresista se duche en un túnel de lavado, mientras tenía que estar en un acto oficial sin que nadie le reconozca.

Homeland es otra serie, y lo ha hecho de forma inteligente, rezuma nostalgia, los fans de 24, una serie de culto por derecho propio y una de las series más importantes a la hora de entender la evolución de la televisión en el nuevo milenio, sentimos que con Homeland, 24 sigue extiendo. Pero como todo, también tiene un grave lado negativo, y es que esta nueva temporada de Homeland ha abusado, en exceso, de los giros de guión buscando la sorpresa. Un recurso explotado hasta la saciedad en aquella y en el que tampoco han tratado de innovar demasiado. Las vueltas de tuerca se huelen a kilómetros de distancia, no existe esa sorpresa que pretenden encontrar en todo momento, todos sus devenires se vuelven terriblemente predecibles. No es el único punto negativo que le hemos encontrado a la serie esta temporada, y es que mientras que Claire Danes y Mandy Patinkin demuestran ser dos actores brillantes, Damian Lewis cada vez deja más claro que el papel se le viene demasiado grande. No resulta en absoluto creíble, su voz, irritante al más máximo, desentona con el tono de la serie, y en los momentos de mayor dramatismo acaba resultando demasiado ridículo, ojito con esa llamada videollamada en la blackberry que levantará más de una carcajada.

Homeland ha sabido escapar de su premisa para poder continuar como una serie totalmente distinta. Sí, sin lugar no es tan brillante como en su primera temporada, pero es un entretenimiento altamente adictivo. Han sacado todo el pánico que había cuando la serie comenzó para crear un mundo paralelo, lleno de terroristas que deambulan por las calles, tu vecino puede ser un terrorista y tú no lo sabes, la única condición que necesitan es ser musulmanes. O no, porque veremos si empiezan a llegar esos terroristas de Europa del Este y Sudamérica que también había en 24, los malos siempre vienen de fuera al fin y al cabo. Lo que nos queda claro tras esta muy disfrutable segunda temporada es que queremos ver juntos en acción a Carrie y Jack Bauer, y en el mundo de Homeland, ahora todo es posible.