Hay temas que son tabúes por completo, a la sociedad no le interesa saber como son las relaciones sexuales de una pareja mayor, casi ni le interesa saber como son sus relaciones amorosas. Se da por hecho de que viven en su rutina, en su normalidad, el sexo se omite por completo. No queremos imaginarnos a una pareja mayor en la cama, es mejor omitirlo por completo. Por supuesto el cine tampoco se atreve a mostrar algo que no resulta nada agradable a los ojos del espectador. Las relaciones entre parejas mayores se tocan con cuidado, se hace comedia, se habla de crisis, pero poco, el amor es para los jóvenes. Desde esta perspectiva, Si de verdad quieres… es una comedia que es mucho menos comedia de lo que dice ser, es una película terriblemente valiente. Una película sensible y muy intima, con pequeños toques humanos, pero un drama sobre las relaciones, sobre como la rutina acaba comiendo el amor, de como la rutina acaba distanciando los sentimientos. Una película sincera, dolorosa, intensa en las palabras que nacen del extraordinario guión de Vanessa Taylor, guionista de Juego de Tronos, que se interponen a ninguna otra acción, una película que lo mejor que tiene es que se siente muy real.

Treintaiún años de matrimonio son muchos, la pasión entre Kay y Arnold ha desaparecido por completo. Duermen en habitaciones separadas, ella se acerca con un camisón insinuante a su habitación, él la mira por encima de una revista de golf, no hay ganas de tocarse, de hecho llevan cinco años sin practicar sexo, y no parece que antes de eso lo hicieran con mucha frecuencia. Entre ellos no hay apenas un roce de manos o un beso, Arnold se ha acostumbrado a la rutina por completo, no es que no ame a Kay, es que se ha encerrado en sí mismo y es incapaz de salir de ahí. Kay quiere volver a encontrar la pasión, rebuscando entre libros de sexo da con el doctor Feld, un psicólogo especialista en las relaciones de pareja, casi a fuerza de chantaje obligará a su marido a pasar una semana en Hope Springs para intentar solucionar su vida amorosa.

Esa falta de contacto que se hace tan desgarradora se hace aún más evidente gracias a las notables interpretaciones de su reparto, no en vano son dos de los mejores actores que ha dado el cine americano en su historia. Meryl Streep está sensacional, posiblemente su mejor papel en años, muy por encima de la exageración de La Dama de Hierro. Su Kay es un personaje tierno. Es imposible no llegar a sentir cierto magnetismo y atracción por ella. Transmite su dolor, su miedo e impotencia, el patetismo y la vergüenza que siente al intentar practicarle una felación a Arnold en un cine se contagian por completo a un espectador que siente extrema compasión por ella. Una compasión que también es la que transmite el personaje de Steve Carell. Alejado de la excentricidad a la que nos tiene acostumbrado en la televisión, construye un personaje que simplemente es una conexión entre los dos factores de la película. Su función no es otra, pero aún así es capaz de transmitir una comprensión por ellos que inunda al espectador. Sorprende Carell con unas dotes para el dramatismo que ya mostró en Como la vida misma o Pequeña Miss Sunshine son incluso superiores a sus dotes ómicos.

Y Tommy Lee Jones vuelve a ser ese cascarrabias, que por el gesto que han ido formando las arrugas en su rostro parece ser siempre. Pero ese cascarrabias es posiblemente el mejor personaje de toda la película. En algún momento el espectador se llega a preguntar si lo que siente por su mujer es amor verdadero, o es solamente la fuerza de la costumbre, si teme perderla a la mujer que quiere o tiene miedo de cambiar su forma de vivir. No sólo tiene que convencerla a ella de que la ama, tiene que convencer también al espectador. Pero lo hace poco a poco, intentando romper esa barrera de vergüenza que le produce hablar de su vida privada, intentado demostrar un afecto al que simplemente ya no está acostumbrado. Intentado salir de una comodidad en la que se ha instalado y de la que resulta muy complicado renunciar.

Los personajes de Kay y Arnold son radicalmente distintos, no tienen nada en común, ella seguramente votaría a Obama y él a Romney, pero el espectador nunca duda de que siempre se han complementado, de toda la felicidad que han tenido en su vida. Por que lo que se busca es resucitar eso, no tratar de encontrar ninguna emoción nueva. Y el sexo aparece, es inevitable ya que se convierte en la expresión física del amor, y se trata sin miedo, sin tapujos, sin que el espectador sienta miedo o repulsión a imaginarse a esas dos personas juntas, viéndolo como algo de pura belleza. Si de verdad quieres… cuenta con un guión bellísimo, a base de estremecedoras conversaciones entre dos portentos de la interpretación que cautivan a la cámara completamente. Ni siquiera la limitada dirección de David Frankel, es capaz de no hacer que la inmensidad de sus líneas y el recital interpretativo que nos ofrece la película, nos conmueva y nos emocione. Si de verdad quieres… es una de las sorpresas más agradables del curso cinematográfico, una película valiente, sincera, que se atreve a acercarse a dónde la mente humana a veces prefiere censurar.

Título Original: Hope Springs Director: David Frankel Guión: Vanessa Taylor Música: Theodore Shapiro Fotografía: Florian Ballhaus Interpretes: Meryl Streep, Tommy Lee Jones, Steve Carell, Elisabeth Shue, Jean Smart, Susan Misner, Ben Rappaport, Mimi Rogers, Damian Young, Daniel Flaherty Distribuidora: Aurum Fecha de Estreno: 28/09/2012