Mucho antes de que la prostitución estuviera ilegalizada, no sólo era permitida, si no que estaba vista como una costumbre bastante aceptable entre la burguesía. A los burdeles de la época se les llamaban casas de Tolerancias, un nombre que puede parecer bastante irónico, allí se juntaban no sólo para practicar sexo con las meretrices, si no también para ir a tomar una copa en compañía de las mujeres y otros caballeros y discutir temas de actualidad o simplemente charlar para pasar el rato, a veces sin necesidad de terminar en el acto sexual en sí. Bertrand Bonello lleva su nueva película a uno de estos burdeles o casas de tolerancia que había en París a finales del siglo XIX principio del XX.

Bonello nunca busca narrar una historia concreta, si no mirar a través de una cámara que actúa como una pequeña ventana al comportamiento de estas mujeres y sus clientes en una época en la que la sociedad avanzaba y aquellas casas empezaban a encontrarse ante la amenaza de un inevitable cierre. Profundizando con mucho mimo sobre todos sus personajes, Bonello acerca, siempre con cautela, el alma de estas chicas al espectador, unas chicas encerradas, con un miedo al que se tienen que sobreponer cuando bajan al cuarto de abajo y se tienen que disfrazar para hacer realidad los sueños de sus clientes, siempre bajo una máscara, nunca llegando a ser quien realmente son, escondidas todas en unas fantasías de lo más extravagantes, ya sea simplemente mirar a través de su sexo, vestirse de japonesas, actuar como unas muñecas al servicio de su amo o tomarse un baño de champán. Pero debajo de esas mujeres vestidas con un sempiterno disfraz, se encuentran unas chicas repletas de sueños e ilusiones, encerradas en un burdel que se convierte por completo en su único sentido sobre el mundo, una auténtica cárcel a la que llegan por propia voluntad pero que después descubren que no pueden abandonar, pese a que esto no las impida seguir con sus sueños omnipresentes con la esperanza como una vía de supervivencia, y soñando con que algún día podrán escapar de allí.

Con tantos personajes es lógico que Bonello elabore muchas subtramas, unas llevadas con mejor acierto que otras, y aunque la película a veces se regodea en exceso en su ritmo contemplativo, llegando a ser por momentos bastante cargante y aburrida, funciona a la perfección como una crónica de la convivencia de aquellas mujeres que además busca extrapolar a un contexto actual, irrumpiendo con fuerza con temas anacrónicos como Nights in White Satin, pero que dotan a la película de una fuerza innata y ayudan a lanzar un mensaje de un talante algo machista, mostrando como nada ha cambiado para la mujer, incapaz de alcanzar un sueño y progresar viéndose arrastrada bajo las ordenes y deseos del hombre. Pero el problema de toda esta narrativa se encuentra en un ritmo que no ayuda para nada a la asimilación de un metraje que se antoja eterno, la sensación de que a veces el director quiere lanzar un mensaje más radical del que con cuidado se va moviendo la película, de que lo que debía haber sido una simple crónica se excede por completo a la hora de trazarlo.

Pese a sus pequeños excesos y que Casa de Tolerancia sea una película mucho menos desoladora de lo que pretende ante un espectador que nunca puede abandonar la piel de un simple voyeur que admira un cuadro, orquestado por esa ama de la casa que actúa como alter ego del propio director, moviendo los hilos y cuidando el trabajo de cada una de sus empleados, Bonello confecciona una obra estilísticamente muy cuidada. Cada plano da la sensación de estar por completos metidos en un cuadro, las muñecas de Renoir salen a un lago que parece dibujado por Monet, la iluminación siempre comedida y un vestuario majestuoso ayudan a la sensación de que la película se va trazando como si fuera un cuadro en un museo para el espectador. Dulces y frágiles, las hijas de Apolo se muestran ante un espectador que las observa como un cuadro en un museo, lejanas e inaccesibles ya que su realizador no se encarga nunca de acercarnos más allá de esa cuerda que nos separa de un cuadro.

Título Original: L’apollonide (Souvenirs de la maison close) Director: Bertrand Bonello Guión: Bertrand Bonello Música: Bertrand Bonello Fotografía: Josée Deshaies Interpretes: Hafsia Herzi, Jasmine Trinca, Adele Haenel, Noémie Lvovsky, Louis-Do de Lencquesaing, Céline Sallette, Iliana Zabeth, Alice Barnole, Xavier Beauvois Distribuidora: Intermedio Fecha de Estreno: 24/08/2012