En La edad de la Ira de Fernando J. López el punto de partida era el brutal asesinato de un padre a manos de su hijo adolescente, en un ataque dónde también resultaron victimas sus propios hermanos. Desde ahí y a través de la excusa de una investigación periodística, nos adentrábamos a conocer a la generación que posiblemente sea la generación más perdida de todas, la de una permanente conexión que ha llevado a la desconexión total con sus adultos más cercanos, la que posee una sobreinformación que le ha dado a creer que tiene el poder más que en ninguna otra generación pasada. En la cinta de Patricia Ferreira la premisa es bastante similar, aunque aquí el camino se traza de una forma más acorde con su condición cinematográfica, diciéndole al espectador, con una investigación policial, que algo ha pasado desde que la película arranca, pero sin especificarle el qué, trazando poco a poco el camino hasta llegar hasta esa conclusión.

La película nos cuenta la historia de tres chavales, Álex, Gabi y Oki, amigos en la escuela y fuera de ellos, su vida vista desde afuera no parece demasiado especial, ir a clase, pasarse la tarde en el parque bebiendo y charlando y volver por la noche a ese infierno que en plena adolescencia supone la propia casa. Cada situación y cada personaje es radicalmente distinto a los de sus compañeros pero lo más importante es que el guión ata los cabos de todos los personajes secundarios también con mucho mismo, claves para conocer los pensamientos y devenir de los personajes son también sus padres y sus profesores, los cuales, pese al poco peso que la mayoría tienen en la historia (con la excepción de una consejera escolar interpretada por Aina Clotet), quedan perfectamente retratados a los ojos del espectador, capaz de verlos desde un prisma muy similar al de los chavales, porque uno de los mayores logros de la película reside en el hecho de conseguir que el espectador consiga entender por completo a esos niños que sólo son niños jugando a ser adultos.

Así sus problemas, cosas a priori insignificantes, se convierten en verdaderos dilemas existenciales, esos mismos que tan bien narraba Hughes en El Club de los Cinco (obviamente de una forma mucho más almibarada de lo que lo hace Patricia Ferreira aquí), por que por mucho que hayan cambiado la sociedad en treinta y años, los problemas y dilemas de los adolescentes de ellos siguen siendo los mismos, mostrarlos es fácil porque ya los conocemos, la necesidad de dinero, los estudios, la incomprensión por parte de los adultos, el enfrentamiento y la decepción con los padres, la necesidad de aislarse y salir del mundo, e incluso la película se atreve a tocar muy de refilón, casi de puntillas temas aún más complicados para el adolescente como la homosexualidad, un detalle que queda patente a ojos del espectador, pero que ni se menciona, ni se pasa por él más que en un pequeño esbozo y que se muestra tan titubeante sobre el papel como en la mente del personaje, una muestra de la delicada exquisitez con la que se tocan cada y uno de los temas de la película.

Pero no es la forma de poner los temas sobre la mesa, temas como digo bastante cotidianos y familiares, si no la forma de la que se explora en las reacciones y el comportamiento de los tres chavales, inspeccionando psicológicamente todos sus actos para formar así el mejor cuadro posible de la adolescencia de la generación Youtube, marcada por una atroz violencia de forma casi inconsciente. Una violencia que se desata en una oleada final que puede recordar a la reciente Tenemos que hablar de Kevin, como otra de las películas claves de esta generación. ¿Pero llega esta violencia de forma gratuita o ha estado presente toda la película? Realmente es la violencia lo que los une en primer instante, durante toda la película somos testigos de actos de violencia camuflados en forma de deporte o como simples actos vandálicos, aparentemente sin importancia, pero siempre en primer plano, algo de lo que el espectador es testigo y llega a ver como algo totalmente normal. Pero, ¿adónde llega el adolescente que no tiene forma de desfogarse de otras formas más inocentes? Y es ahí dónde nos coloca el final de la película, una estupenda forma de coronar una obra que termina con una frase terriblemente desamparadora.

Patricia Ferreira nos sorprende con un retrato cuidado y minucioso de la adolescencia actual, de sus sueños y sus miedos, hasta algo que podría llevarnos a calificarla como la Barrio de esta generación, con la diferencia de que Aranoa se centraba únicamente en muchachos marginados y con pocos medios, mientras que aquí tenemos algo mucho más global. Un cuadro trazado con mucho mimo que nunca cae en la exageración habitual en estos temas ni en el chabacanismo de series de televisión como Física o Química. Una propuesta lúcida y de lo más interesante que trata de lanzar una simple pregunta: ¿Son salvajes o simplemente son niños tratando de ser entendidos?

Título Original: Els nens salvatges Director: Patricia Ferreira Guión: Patricia Ferreira y Virginia Yagüe Música: Pablo Cervantes Fotografía: Sergi Gallardo Interpretes: Marina Comas, Àlex Monner, Albert Baró, Aina Clotet, Ana Fernández, Eduardo Velasco, Marc Rodríguez, Israel Frías, Julia Ibarz, Elen Kun, Pep Amores Distribuidora: Alta Films Fecha de Estreno: 25/05/2012