D-TRAIN

Es una broma. Es lo único que puedo repetirme una y otra vez para no transformarme en un Hulk y destruir a todos los implicados en esta película. “¿Qué demonios pasaba por la cabeza de quién quiera que dio el visto bueno a esto?”. Vale, está bien, respiremos profundamente, contemos hasta diez y tratemos de relajarnos un poco. En esta comedia (palabras de la productora, no mías) Jack Black interpreta a un americano estándar con una vida asentada y aburrida que no ha conseguido dejar atrás su pasado en el instituto y está organizando la reunión de antiguos alumnos después de 20 años. Para que todo funcione ha de conseguir que acuda James Marsden, que es el que más éxito ha tenido en su vida profesional. “Pues oye, a mí, de primeras, no me parece ningún descalabro” podríais pensar. “No aúna ningún elemento que me atraiga especialmente pero, no sé, para ir a verla con unos colegas podría valer” fíjate, hasta yo diría eso. Pero no. NO. Un no tan grande que lo pondría a tamaño 72 y con tipografía Impact para que os entrara por la retina. O con Comic Sans, que molesta más.

Empecemos por un punto así al azar, qué se yo, Jack Black. Lo acepto, no me encuentro entre las diez personas del planeta Tierra a las que le entusiasma este señor. Pero tampoco estoy entre los cien mil millones que clavarían su cabeza en una pica. Creo que tiene un pase y que, en ocasiones, puede llegar a hacer gracia y a dar mucho juego. Además, creo que es uno de los gorditos primigenios de la comedia actual y siempre le elegiré por encima de Jonah Hill, Josh Gad o sucedáneos. Pero a lo que vamos, que en The D-Train está asqueroso. Esa es la palabra. Me resulta imposible empatizar con él ni un ápice y la historia de “héroe mentiroso pero que luego se arrepiente” no le hace ningún favor esta vez. Y James Marsden pues otro que tal baila. Al principio puede parecer que le veremos en esa situación autoparódica de guaperas exagerado como la que hiciera en la decente Sex Drive, pero luego vemos que no. Que es un personaje comodín que sirve para desencadenar todo lo que ocurre, tenga o no tenga sentido. Y es que ni el cartel ni la sinopsis ni nada del envoltorio de esta película te habla de su premisa central. Qué, lo siento mucho, [SPOILERS y todo eso, es que James Marsden se tira a Jack Black a la media hora de metraje]. Y no resulta gracioso ni original ni acertado. El guión, desde ahí, es un suicidio creativo que busca imitar demasiados estilos humorísticos sin acercarse ni un poquito a conformar uno realmente propio. Y todo lo demás se ve arrastrado al pozo de fango verde y mohoso por culpa de ello.

D-TRAIN

Sinceramente, pocas veces una película me cabrea de esta forma. Las pocas veces que me ha pasado, casualmente, ha sido con comedias porque, por así decirlo, creo que son un género que con el paso del tiempo se ha infravalorado hasta el nivel en el que cualquier idea americana estúpida obtiene financiación. Tramas usadas hasta la saciedad, chistes que se limitan a pedos, sexo anal y droga (y encima, malísimos), actores que, como son pésimos, eligen la comedia como vía de escape… ¿Y con qué propósito?, me pregunto. ¿Alguien de ahí arriba espera que esto sea un éxito mínimamente creativo? No me lo creo. De verdad. Y por eso salgo enfadado. Que es el sentimiento opuesto al que debería provocar algo que pretende hacerte reír.

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Ficha técnica:

Título original: The D-Train Director: Jarrad Paul, Andrew Mogel Guión: Jarrad Paul, Andrew Mogel Música: Andrew Dost Fotografía: Giles Nuttgens Reparto: Jack Black, James Marsden, Kathryn Hahn, Jeffrey Tambor, Mike White, Kyle Bornheimer, Russell Posner, Henry Zebrowski, Corrina Lyons Distribuidora: Sony Fecha de estreno: 25/09/2015