Son dos las diferencias principales que nos encontramos entre los Perros de Paja de Sam Peckinpah y los de Rod Lurie, sin tener en cuenta el obvio salto adelante en el tiempo, aunque realmente parecen encerrados en un pueblo que no ha salido de la década de los setenta. El primer cambio nos lo encontramos en el emplazamiento, la historia ha pasado de transcurrir en Inglaterra a acabar en un pueblo sureño americano y además el protagonista ha dejado de ser un matemático para convertirse en un escritor de éxito hollywoodiense. Esto le sirve a Lurie para explorar un nuevo tema y que es lo único en lo que aporta algo nuevo esta versión, el realizador busca provocar el enfrentamiento entre el lado intelectual y el menos culto, o dicho de otra forma, presenta una lucha política entre conservadores y demócratas, una lucha insulsa por el poco carácter de los personajes, y es que mientras uno es un chico pijo de Harvard que bebe cerveza sin alcohol y no es ni siquiera capaz de cambiar las ruedas de su coche, los otros únicamente están preocupados por el fútbol y la caza y son incapaces de mantener una conversación sin que esta termine a base de puñetazos, esto lleva a la película a casi sin pretenderlo acabar siendo la historia de un paleto de ciudad contra unos paletos de pueblo. Es este cambio, y el interés de Lurie por este tema lo que también lleva a la película a perder parte de la quintaesencia de la original, en aquella Hoffman, que actuaba como un evidente alter-ego del realizador sumido en varias crisis matrimoniales por aquellos momentos, era un pacifista que…

se veía obligado a explorar dentro de sí mismo hasta llegar a sus instintos más animales por culpa de verse atrapado ante una ola de violencia catártica. Lurie opta por evitar que el espectador se sorprenda cuando la violencia de David llega a explotar y es que deja presente la presencia de ésta en el protagonista con la discutible decisión de hacer que trabaje sobre un guión bélico (aunque el hecho de situarlo en la batalla de Leningrado hace que se convierta en un chiste realmente divertido).

La cinta de Peckinpah contenía una de las violaciones más horribles (y famosas) que jamás hemos visto en una pantalla de cine y la gran pregunta que le surgía al espectador antes de ver este remake era si aquí esta escena conseguiría lo mismo que consiguió aquella. No solo era cosa del buen hacer del realizado californiano, sino también la increíble interpretación de Susan George convertía esa escena en un hecho completamente retorcido en el que en el espectador nunca llega a saber bien si realmente ella está disfrutando con ese acto, marcado además por un montaje paralelo en el que Hoffman estaba cazando una paloma ajeno a toda esa realidad. Lurie intenta emular todo esto, pero el resultado queda mucho más pueril, el horror y la ambigüedad de la original apenas se ve trasladada al espectador en esta ocasión y las imágenes de Marsden saliendo de caza se antojan como una interacción innecesaria.

Perros de Paja

No solo fue esa violación si no también la violencia lo que hizo polémica a Perros de Paja en su día, una violencia estremecedora que desde luego no dejaba a nadie indiferente y que la hizo acabar censurada en muchos sitios (España entre ellos) y aunque Lurie trata de mantener toda la esencia de esa violencia el resultado no hará que nadie se retuerza en el sillón, es difícil sorprender ahora cuarenta años después cuando ya lo hemos visto todo, y aunque llega a un clímax final bastante conseguido y que conseguirá exaltar a la juventud que llegue virginal a la sala de cine, por su fuerza estética y por regalarnos algún uso de lo más divertido para un pistola de clavos y un cepo para osos, poco más nos tendrá que decir. Además éste se ve dominado por un fatigante histrionismo por parte de un James Woods totalmente fuera de rosca e incontrolado. Por suerte es James Woods la única piedra que realmente molesta en un reparto que tampoco es que sea para tirar cohetes, es de admirar el hecho de que James Marsden y Kate Bosworth aceptaran unos papeles que son una completa prueba de fuego de la que obviamente no iban a salir bien parados, pero lo cierto es que si nos olvidamos de Hoffman y Susan George los dos jóvenes intérpretes realizan unas más que convincentes actuaciones, lo mismo ocurre con Alexander Skarsgård que se ve con el hándicap de tener un personaje mucho menos terrorífico que el original, aún así el actor sueco es capaz de realizar una aceptable interpretación y además a lucir un palmito que hará las delicias de las féminas presentes en la sala.

Esta nueva Perros de Paja no es un producto tan horrible como podríamos esperar, aunque por supuesto sea totalmente innecesaria, lo cierto es que se deja ver y hasta se puede llegar a disfrutar en caso de desconocer la obra original por ser un entretenimiento de lo más efectivo. Se podría decir incluso que es un acercamiento bastante valido de la historia hacia el espectador del día de hoy que por lo general suele ser bastante más estúpido y al que Lurie le dedica toda la película, con detalles tan innecesarios como la explicación del título, algo que el bueno de Sam Peckinpah dejaba claro sin necesidad de utilizar palabras. Se verá, quizá incluso se disfrutará, pero al final se perderá en el recuerdo de una sombra demasiado fuerte a la que no se acerca lo más mínimo.

2.5_estrellas