Pocos directores pueden presumir que realizar una película se convierta en un completo acontecimiento seguido por cerca por la prensa y las redes sociales, al nivel de lo que hace Tarantino. Así la expectación levantada por su spaguetti western, algo que el realizador llevaba años anunciando que quería realizar fue muy alta, siguiéndose el proyecto desde los primeros compases de éste, con la primera opción de que Will Smith encarnase el papel de Django. Lo duro de generar altas expectativas es conseguir estar luego a la altura, pero Tarantino sabe lo que hace, y lo hace siempre, no cambia, su estilo es de los más reconocidos en el cine actual, guiones rápidos llenos de referencia pop (aún en el oeste tenemos lugar para ellas) y un uso salvaje de la violencia con toques incluso cómicos. Así Django es un western inclasificable que casi se podría definir como una película de Tarantino en el Oeste, más que como el spaguetti-western que el realizador idealiza, y que estaría más cerca de los western de la blaxploitation como “La leyenda del Nigger Charlie” o “Boss Charlie”.

Lo cierto es que Malditos Bastardos ya tenía mucho del western que Tarantino siempre dijo que quería hacer, aunque estuviera ambientada en la segunda guerra mundial, ese grupo de mercenarios bien pertenecía al género. Pero ahora la ambientación nos lleva directamente al sur americano dos años antes de la guerra civil, allí un cazarrecompensas rescatará a un esclavo negro para que le ayude con una nueva misión. Rápidamente podemos encontrar varias de las constantes del cine de Tarantino, por un lado su relación con la mafia y el cine negro, aquí se extrapola a dos tíos sin piedad capaz de matar a cualquier delincuente sólo por el dinero de la recompensa. Tampoco es difícil ver la relación existente entre los personajes interpretados por Waltz en Malditos Bastardos y Django, así podríamos decir que su King Schutlz es una extensión de el Hans Lando, un hombre culto, cortésmente amable, que no pierde la sonrisa de la cara ni cuando estalla su lado más violento. También existe esa división tan evidente del cine de Tarantino, quizá cuyo más claro sea Death Proof separada en dos partes bien diferenciadas. Lo que aquí empieza siendo una misión para cazar a dos villanos, se le da carpetazo en una primera hora que sirve para perfilar a sus dos protagonistas, para pasar a una historia de rescates y venganzas mucho más grande que bebe directamente de la leyenda de Sigfrido y Brunilda.

Así en su segunda mitad, Tarantino crea un espejo entre sus dos protagonistas, Schutlz mentor y Django amo, con Calvin Candie y Stephen, en palabras del propio Samuel L. Jackson, el negro más hijo de puta de la historia del cine. Existen ciertas diferencias entre ambos, Calvin pese a su odio a la raza de color, procesa una gran admiración a Stephen, puesto que éste le cuido desde pequeño, mientras que Stephen, es un negro que se siente desempeñando el papel de un blanco, en realidad nunca deja de ser el amo de éste, pero su unión con él le hace olvidar de su posición, claramente inferior en la sociedad en la que vive. De nuevo Tarantino vuelve ser crítico con norteamerica, como lo fue de manera evidentemente dónde los nazis, pese a todo eran gente culta y mucho más civilizada que su salvaje grupo de bastardos, cuya obra maestra era realizar una esvástica en la frente del enemigo. El nivel intelectual de Schutlz, choca directamente con la barbarie de los hermanos Brittle, la torpeza de Big Daddy, e incluso contra la fachada intelectual de Candle, admirador de Dumas, llamando a su negro luchador D’Artagnan, pero que en su odio profesado hacia la raza negra desconoce que el hombre al que admira también es negro.

Tarantino sigue ofreciendo lo mismo que siempre en el fondo, sus constantes son demasiado obvias para cambiarlas además de que es posible de que no sepa funcionar de otro modo. Django Desencadenado acaba siendo un divertido festival de violencia y sangre a niveles exagerados que rozan la parodia, pero lo hace con la gracia y la espectacularidad a la que nos tiene acostumbrado. La espiral de violencia que imprime a la película desde su comienzo va in crescendo, sin pararse en ningún momento, llegando a una anunciada brutal explosión en su acto final.

Pero también hay que reconocer que Tarantino ha sabido evolucionar, el peso de la narrativa, quizá su talón de Aquiles, perfectamente disimulado en sus primeras obras a través de paralelas líneas de montaje, ha ido creciendo hasta conseguir con Django Desencadenado la que posiblemente sea su obra más sólida narrativamente hablando. Un espectáculo inclasificable, en el que además, como siempre, nos invita a jugar con sus múltiples referencias, incluyendo un genial cameo de Franco Nero, Django original, y del que la película no sólo copia el nombre de su protagonista si no que también vuelve a traer el tema principal de la obra de Corbucci, así como piezas musicales de multitud de western, a incluso esa aparición del letrero de Mississippi tal y como lo hacía en Lo Que el Viento se llevó o una entrada de la caballería salida directamente de Los Siete Samuráis de Kurosawa. La amenaza de Tarantino de retirarse joven nos aterra, porque deja claro que es un cineasta en plena forma, y que con su particular e inimitable estilo, aún tiene mucho cine que ofrecernos. Y es que cineastas como Quentin Tarantino son piezas únicas en la historia del séptimo arte.

Título Original: Django Unchained Director: Quentin Tarantino Guión: Quentin Tarantino Fotografía: Robert Richardson Interpretes: Jamie Foxx, Leonardo DiCaprio, Christoph Waltz, Kerry Washington, Walton Goggins, Samuel L. Jackson, Don Johnson, Bruce Dern, Franco Nero, Jonah Hill, Tom Savini Distribuidora: Sony Fecha de Estreno: 18/01/2013