El caso de cómo El hombre cerilla llego a ver la luz del sol es bastante curioso y merece cuanto menos ser comentado, su realizador Marco Chiarini tenía este proyecto en mente desde hace tiempo pero no había logrado financiación necesaria, antes de realizar el guión había realizado varios bocetos artísticos de la película y decidió publicarlos destinando todos sus beneficios a la producción de la película. Tras varios años de proyecto, una vez que la película consiguió estar terminada se encontró ante otro grave problema, nadie parecía dispuesto a querer distribuirla, de nuevo el director fue el que la tuvo por si mismo, tanto trabajo finalmente se vio recompensado con dos nominaciones a los premios David DiDonatello al mejor director novel y a los mejores efectos especiales.

El hombre cerilla es básicamente un cuento de hadas lleno de personajes de fantasía, Simone es un  niño de once años que vive solo con su padre ya que su madre acaba de morir. Su padre le encierra en casa con las más diversas trampas, pero el chaval siempre acaba encontrando la manera de huir para poder seguir buscando al Hombre Cerilla un ser mitológico por el que Simone siente auténtica devoción, esto no lo hará solo y es que el chaval se verá ayudado por su inmensa galería de amigos imaginarios y también Lorenza, una chica que es la hermana de Rubin, su peor enemigo y que también supondrá el primer amor del chaval, todo el verano acabará siendo una inmensa aventura para Simone gracias a su extraordinaria imaginación.

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Pese a los limitados medios con los que cuenta la película, lo cierto es que Chiarini nos sorprende por su cuidado uso de la estética y por su amor por lo visual, es innegable la influencia Burtoniana a la hora de crear las ilustraciones del autor y su posterior pase a la pantalla grande, el genial uso de la iluminación y una cuidada fotografía ayudan aún más a un tratamiento bastante cuidado de la imagen. El realizador además opta por realizar varios cortes, especialmente en los que el protagonista nos explica su plan, en stop-motion a partir de sus propias ilustraciones, algo que consigue ayudar aún más a la sensación de una muy cuidada estética.

Pero toda la fuerza que tiene en la parcela técnica es cierto que pierde por otros lados, especialmente en un guión que pese a destilar una divertidísima ironía no resulta demasiado brillante y que sería incapaz de sostener la película por sí mismo, además los recursos que Chiarini utiliza no son siempre los más acertados, especialmente la omnipresente narración del protagonista que acaba resultando bastante excesiva. Aún así merece la pena destacar también el buen análisis que realiza el realizador sobre su protagonista, sin darle un protagonismo físico a la perdida (algo que si se refleja en la imagen del padre) pero haciendo que la misma esté irremediablemente presente en todas las acciones que realiza el chaval, especialmente en ese hombre cerilla que no supone más que un símbolo al que aferrarse.  Precisamente por esto podríamos decir que Chiarini no enfoca su película hacia un público en concreto, es cierto que estamos ante una película infantil y será fácil para los más pequeños disfrutar con los mundos imaginativos de Simone, pero consigue con buen tino crear una historia que también puede hacer disfrutar al público adulto al no excluirle de un juego que resulta bastante inteligente, interesante y emocionante y al que sabe darle un tono narrativo adecuado que no evita con acierto caer en lo excesivo y la cursileria.

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