Es cuanto menos curiosa la situación que se ha vivido en Francia con respecto a las nuevas adaptaciones de La Guerra de los Botones, algo a lo que estamos acostumbrados a ver dentro de la gran industria hollywoodiense, pero que ahora ha pasado igual en Europa. Cuando en 2010 los derechos de la novela Louis Pergaud pasaron a ser de dominio público, las grandes productoras francesas se lanzaron a por ella para realizar una nueva revisión (ya contaba con una espléndida versión dirigida por Yves Robert en 1962), tan rápido lo hicieron que cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde para echar atrás los dos proyectos que ya habían empezado a producirse, uno dirigido por Yann Sammuel (Quiéreme si te atreves) y el otro por Christopher Barratier (Los Chicos del Coro). La rivalidad entre los dos proyectos llegó hasta el final y en Francia se estrenaron ambas con apenas una semana de diferencia en España se estrena ahora la versión dirigida por Barratier y habrá que esperar para poder disfrutar de la de Sammuel.

Barratier traslada la novela de Pergaud, ambientada a finales del siglo XIX a mitad de la II Guerra Mundial y a un pueblo francés ocupado por los nazis, claramente en busca de un escenario que pueda dotar a la historia de un ambiente más emotivo que del algo más despreocupado ambiente de la original dónde al final los adultos acaban convirtiéndose también en niños.  La historia de La Guerra de los Botones es conocida por todos, los niños de dos pueblos vecinos se encuentran en continua guerra, una guerra en la que la recompensa son los botones del adversario.

El realizador francés que ya demostró lo bien que se sabía manejar con niños en la fantástica Los Chicos del Coro vuelve aquí a mostrar su lado más amable y entrañable, sin apenas muchos cambios en el centro de la historia, el director consigue no repetirse en ningún momento y lo que es más importante resultar divertido en todo momento. Pese al traslado de la historia, la película no pierde en ningún momento su esencia original, el tono gamberro y familiar está vigente en todo momento. La historia de los chavales de esos dos pueblos funciona como la maquinaria del reloj, sabiendo ser divertida pero también cruel cuando se necesita, pero lo más importante es que pese al conocimiento de la historia consigue no resultar repetitiva.

Es quizá por el lado de los cambios por donde más pegas le podemos buscar a la película, es más que plausible la decisión de Barratier de llevar la historia a un terreno quizá más fácil de manejar e incluso de identificar por el espectador, un terreno dónde posiblemente podría haber cargado a la historia de mucha más fuerza y sobre todo es más que posible que el realizador viese en esa ambientación la posibilidad de acercarse a un público más adulto. Pero el problema es que en La Guerra de los Botones los protagonistas son los niños, los adultos, si acaso con la leve excepción del maestro no son más que simples comparsas, y aquí, pese a que esté plagado de rostros fácilmente identificables por el público, la sensación que queda con ellos es exactamente la misma, la de unos personajes apenas desarrollados, con un nulo interés y por supuesto, pese a la facilidad de posicionamiento que facilita la historia, ésta parece quedarse en vilo sin despertar la mínima reacción en el espectador. Por si fuera poco Barratier le regala todo el tramo final de la película en busca de un final emotivo, en cambio con lo que se encuentra es con una resolución demasiado rápida y atropellada, perjudicando también por esto a la historia principal que se queda prácticamente sin cerrar y sobre todo perdiéndose la magnífica conclusión que presta la obra original.

Como decíamos Barratier se ha rodeado de un reparto lleno de caras conocidas del cine francés, encabezado por uno de los mejores actores del panorama europeo actual como es Guillaume Canet. A él le acompañan Laetita Casta (Astérix y Obélix contra César), Kad Merad (Bienvenidos al Norte) y Gérard Jugnot (Los Chicos del Coro), pero realmente los protagonistas de la función son todo su elenco infantil, en un casting laborioso que recorrió todos los colegios de Francia y que desde luego supo dar en el clavo con cada uno de los niños finalmente escogidos para sus roles.

A falta de ver la versión de Yann Sammuel que sitúa la historia en los años 60 de la adaptación de Yves Robert, cabe decir que la de Barratier es una adaptación ligeramente fallida puesto que los cambios le sientan muy mal, no tanto por las ideas, que podían ser muy buenas, si no por lo mal desarrollados que se encuentran. Y aunque echamos también en falta la mala leche de la anterior (olvídense de que los niños fumen o beban alcohol, ¡y mucho menos de que luchen desnudos! Está claro que el puritanismo nos invade poco a poco), esta “nueva” guerra de los botones sigue siendo una buena película,  muy divertida y con un guión bastante interesante detrás (firmado por el mismo Barratier) aunque la impresión que deja es que podíamos haber asistido ante una película mucho más redonda que la que finalmente nos llega.

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