Super 8 es un viaje directo a los 80, desde nada más empezar la película esta nos transporta a aquellas míticas aventuras infantiles con las que muchos crecimos, y entre ellos, también el señor Abrams, y eso se nota, por el mimo y el cuidado con el que está contada la historia y que fácilmente nos hace acordarnos de maravillas que ya forman parte de nuestra vida, como Los Goonies o ET.

Esta película podría haberse hecho exactamente igual en aquella época, obvio con menos medios, y seguramente con otro director que la hubiera dotado de un espíritu radicalmente distinto, pero han pasado 30 años, y un tal J.J. Abrams empieza a confirmarse como uno de los creadores que más de cerca hay que seguir en los próximos años, y posiblemente Super 8 marque un punto de inflexión muy importante en su carrera.

Porque Super 8 es mucho más que una simple película de aventuras. Como ya nos tiene acostumbrado Abrams, es lógico que en sus películas haya un misterio que aborde a sus personajes, y que este se vaya resolviendo poco a poco como si de un puzle se tratase, y así es, el espectador va conociendo las cosas a la vez que lo hacen sus protagonistas, y descubriendo con ellos que es lo que les depara. Pero lo que es más importante, no se deja sostener solo por esto, y una vez que se descubre el pastel, no deja que el ritmo baje, y nos deleita con un final de lo más trepidante y emocionante.

El camino está lleno de aventuras y baches a seguir, maquillado con la realización de una divertida cinta de zombies, excusa que nos sirve para deleitarnos con algún momento realmente divertido (Atención a sus créditos finales, que nos reservan una gran sorpresa). Así como de escenas de acción y suspense perfectamente narradas, no solo esa increíble secuencia inicial de la explosión del tren que es simplemente magistral, si no unas cuantas perlas más que quedan por ahí sueltas, como la escena de la gasolinera, o la trepidante e inquietante escena del autobús.

Aunque la clave de que todo esto funcione tan bien, la tienen sin duda sus personajes, todos tratados con un cuidado exquisito, desde el papel, hasta que cogen forma en la pantalla (inmensa trabajo de casting). Y no nos engañemos, aunque el peso de la historia lo lleven los niños, sería imposible que esto funcionase sin esos secundarios tan fantásticos, encabezados por ese padre tan severo, pero a la vez adorable, que crea a la perfección Kyle Chandler.

Técnicamente roza la perfección, y quizá esa sea la única diferencia con las películas de aquella época, en la que sencillamente no había los medios que hay ahora. No solo visualmente es fantástica, si no que Michael Giacchino nos regala una banda sonora magistral, a la altura de otras maravillas a las que ya nos tiene acostumbrado el compositor ítalo-americano.

Se la puede acusar de ñoña, por supuesto, pero es que si no tuviese ese aroma a ñoño no sería igual. Y aunque pueda ser ñoña, lo cierto es que al final nos acaba emocionando, en una secuencia final maravillosa. Super 8 es puro disfrute, es el cine que nos marco a una generación, y el que posiblemente pueda marcar a otra. Super 8 es un auténtico regalo, un regalo que hace J.J. Abrams a Spielberg, y a todos los espectadores.

3.5_estrellas