Aunque esto atraiga a mucha menos gente que las críticas del cine moderno de vez en cuando me gusta hacer ver que los primeros pasos del cine también están presentes en la actualidad. Por ello hoy os traigo un pequeño comentario sobre una de las joyas del cine mudo: Metrópolis, del magnífico director Fritz Lang

Filme con una peculiar imagen de futuro

Este tipo de cine está destinado a un público cinéfilo muy limitado, hemos crecido rodeados de efectos sonoros y visuales, de producciones muy grandes o quizá más pequeñas, pero todas muy diferentes a lo que los recursos de 1927 permitían hacer. Aún así muchos consideran que el mejor cine de la historia se hizo en aquella época, con Charles Chaplin a la cabeza. No deja de ser cuestión de gustos. Por mi reducida experiencia cinéfila en este ámbito no puedo estar segura de si adoro esta manera crear o no pero lo cierto es que empezar con Tiempos modernos y Metrópolis ha sido un acierto ya que han conseguido instaurar en mí una intriga importante.

Metrópolis es una película de ciencia-ficción que cuenta la historia de una megalópolis del año 2000, los obreros viven recluidos en un gueto subterráneo, donde se encuentra el corazón industrial de la ciudad y del que no pueden salir. Pero, incitados por un robot, se rebelan contra la clase intelectual que detenta el poder y amenazan con destruir la ciudad exterior. Freder (Gustav Frölich), el hijo del soberano de Metrópolis, y María, una muchacha de origen humilde, intentarán evitar la destrucción apelando a los sentimientos y al amor.

La parte final con la revolución, increíble

Al abrigo de un blanco y negro difuminado y un preludio insólito Fritz Lang consiguió reflejar a la perfección los problemas y peligros que conlleva la superproducción. Al igual que hizo Chaplin en Tiempos modernos se nos cuenta una vida de abuso, de la locura que desencadena en una inevitable revolución. En Metrópolis cada momento está cuidado al detalle, con unas interpretaciones acordes a la época y a la situación y con un guión preciso y notable. El final es de una excentricidad apabullante que deja sin palabras al espectador. La película es un recorrido que va de la tranquilidad por la buena vida al descubrimiento de una realidad que se debe contar y solucionar, en ese aspecto Gustav Frölich está soberbio. Grandiosa composición musical para acompañar un film con una trama sin igual. De lo mejor que el maestro alemán nos ha ofrecido en su carrera.

Gustav Frölich brillante

A pesar de todo la mejor decisión de Lang fue emigrar a Estados Unidos cuando el régimen fascista se apoderaba de toda Europa. Gente como Kurt Gerron no tuvieron la misma suerte pero su etapa estadounidense posiblemente le salvó la vida y hoy podemos disfrutar de sus películas. Recomiendo esta película a aquellas personas que crean que pueden ver un largometraje de dos horas en B&N, sin diálogos, con cortes y una movilidad muy limitada. Eso sí, su calidad es innegable.

También hacer hincapié en que no se dispone de esta película en su totalidad, hay fragmentos que se perdieron con el tiempo y nunca se han podido recuperar pero aún así se intentó recomponer y el resultado es muy bueno.