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El cine negro

El sueño eterno

“Eran cerca de las once de la mañana, a mediados de octubre. El sol no brillaba, y en la claridad de las faldas de las colinas se apreciaba un aspecto lluvioso. Vestía mi traje azul oscuro, corbata, vistoso pañuelo fuera del bolsillo, zapatos negros y calcetines de lana del mismo color, adornados con ribetes azul oscuro. Estaba aseado, limpio, afeitado y sereno y no me importaba que se notase. Era todo lo que un detective privado debe ser. Iba a visitar cuatro millones de dólares”. Así comienza El sueño eterno de Raymond Chandler. Si alguien quiere entender lo que es el género negro, posiblemente nadie lo explica mejor que el propio Chandler en apenas unas líneas. No es casualidad tampoco que en ese cita se junten los tres nombres propios más ligados al género negro: el propio Chandler, el detective Philip Marlowe y el que sería su alter ego en el cine Humphrey Bogart.

Pero realmente… ¿Qué es el cine negro? El término noir se lo debemos al crítico francés Nino Frank, que lo acuñó a raíz de las tapas negras que solían tener las novelas baratas del género. Pero realmente sobre lo que es el noir hay todavía muchas dudas, y es que no estamos dejando de hablar de un género muy amplío y bastante indefinible. Hay dos corrientes sobre el cine negro, los que opinan que es un género que se ha ido adaptando a lo largo del tiempo y los que dan por hecho que es un género muy concreto, anclado entre 1941 con el estreno de El halcón maltés y que cierra definitivamente en 1958 con Sed de mal de Orson Welles. Sea la que sea la visión que se tenga de este género, no cabe duda que durante esos diecisiete años el género vivió su racha de mayor esplendor, era un cine que bebía de la situación de una América que lidiaba con el final de II Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría, mientras que las consecuencias de La gran depresión seguían aún vigente entre su población.

Perdición

Para entender lo que es el cine negro hay que ceñirnos a sus características en común. Las películas de cine negro presentan una sociedad sombría y corrupta en la que el protagonista se ve envuelto, normalmente por ser detective, como ocurre con la mayoría de los personajes interpretados por Bogart, o por simplemente de mera casualidad, lo que le ocurría al agente de seguros protagonista de Perdición, al que envolvía la figura de la femme fatale, figura femenina de vital importancia del género y que usa cerebro y su cuerpo para manipular a los hombres que tiene alrededor, normalmente con oscuras intenciones (ya sea hacerse con dinero, o salir impune de un crimen). La censura no siempre tiene que ser mala, y el cine negro tuvo la suerte de toparse de bruces con el Código Hays, por lo que era inevitable que sus personajes principales, que habían cometido actos de dudosa moralidad, se acabasen viendo arrastrados hasta el fracaso.

El cine negro se convirtió en un género para la gente. Uno de sus recursos más habituales era la narración en off de su propio protagonista, esto hacía más fácil que el espectador se identificase con él e hiciese propios los pensamientos del personaje. En una sociedad que vivía un tiempo complicado, el espectador disfrutaba sintiéndose un hombre de dudosa reputación con oscuras intenciones, pero que sentía absolutamente justificables. Por supuesto, el hecho de ser un género popular le hizo ganarse la enemistad de la crítica que en su tiempo recibía con frialdad películas que hoy están consideradas obras maestras, incluso los Premios Oscar jamás se atrevieron a reconocer a ninguna obra del género. Aún así, una de las cosas de las que Chandler dijo siempre haberse sentido más orgulloso es de haber cogido un género barato y convertirle en algo por lo que se interesan los intelectuales.

Scarlet Street

Posiblemente los propios directores no eran conscientes de que estaban sentando las bases de un nuevo género, pero no cabe duda de que si el cine negro acabó de explotar fue gracias a la llegada de cineastas europeos a Hollywood. Nombres como Fritz Lang o Josef Von Stenberg, no sólo pusieron su talento al servicio de los grandes estudios, sino que curtidos en el expresionismo alemán depuraron al máximo su impronta visual a través del género negro. Así elaboraron un género que su pulida faceta visual se convertía en un elemento clave de la narración, los juegos de sombras en una iluminación que juega con el claro/oscuro permitía meter en la psique de unos personajes sombríos que vivían marcados por la huella de un pasado difícil de olvidar. Pero no sólo del expresionismo alemán vivía el cine negro, muchas de estas características ya las habíamos visto en el cine de gánsters y terror de los años 30, pero con la llegada de los cineastas europeos el estilo acabo de pulirse completamente.

Pero sería injusto ceñir el cine negro a estos años, es ahí donde residen las bases del género y donde sin lugar a dudas se elaboraron la mayor cantidad de obras maestras pertenecientes al noir. Pero ya en los años 30 en plena transición del silente al sonoro, películas de gánsters como Scarface de Howard Hawks, El enemigo público de William A. Wellman o Los violentos años veinte de Raoul Walsh empezarían a presentar características del género, pudiéndose hablar de ellas casi como obras fundacionales y que, además, ya servían como reflejo de la América lastrada por La gran depresión. Pero incluso hoy mismo, obras como Memento, Brick o Drive mantienen aún vivo todas las principales características del género, adaptadas eso sí, a la situación que atraviesa el mundo en nuestros días.

Los violentos años 20

No, no queremos ser nosotros quien diga dónde empieza y acaba el cine negro, simplemente queremos ponernos la gabardina y el sombrero, sacar un cigarro y disfrutar de obras como Perdición, Laura, Perversidad o El halcón maltés. Películas inolvidables que marcaron un antes y un después en la historia del cine y que durante todo este mes nos acompañaran en La Cabecita a través de nuestro nuevo especial que culminará con una lista con las mejores obras del género que ya puedes empezar a votar.

VOTACIÓN CERRADA

Sobre Juanma De Miguel

Juanma De Miguel
Cinéfilo desde que tengo memoria. Nací en los 80 y eso conlleva amar a John Hughes. Ya desde bien pequeño devoraba VHS y rebuscaba por las estanterías de videoclubs dejando que gente como Kevin Smith o Quentin Tarantino guiasen mi cinefilia. Más tarde me encontré a Billy Wilder, y ahí descubrí a Dios. El resto lo hago como Lubitsch lo haría.
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