El pasado 27 de Febrero el Teatro Kodak de Los Ángeles abría sus puertas para albergar la gala número 83 de los mayores premios del cine mundial: los Oscar. Anne Hathaway y James Franco comenzaron la noche haciendo gala de su humor, abriendo con una parodia en forma de vídeo de las diez películas nominadas al Oscar. Todo pintaba bien, el vídeo era impresionante y sacó la carcajada a todo el público. Quién diría que sería de lo poco salvable de la velada.

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Hubo tiempo para las madres, las abuelas, para meterse con Mark Wahlberg y para admirar a Steven Spielberg. Entonces apareció en pantalla el primer protagonista de la noche: Tom Hanks, quien otorgó el primer premio de los dos que se llevaría a la Alicia de Tim Burton por la Mejor Dirección Artística y la Mejor Fotografía a Origen de Christopher Nolan.

Discursos correctos pero aburridos para el público. La gala acababa de empezar y ya estábamos deseando que Bale cogiera su Oscar, Melissa Leo el suyo, Aaron Sorkin otro y Colin y Natalie otros tantos. Todo era demasiado predecible, la magia se había perdido y más cuando no había nada que animase la noche.

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Faltó que llegase un veterano como Kirk Douglas para alentar el cotarro, un hombre de 94 años fue el encargado de hacernos reír con sus chistes verdes y su bastón. Fue el encargado de dar el premio a una Melissa Leo (Mejor Actriz de Reparto por The Fighter) que en 83 años de historia pronunció por primera vez en su discurso la palabra prohibida: “Fuckin!“.

Llegó el Oscar a Toy Story 3 (Mejor Película de Animación), a El discurso del rey (Mejor Guión Original) y a La red social (Mejor Guión Adaptado). Ninguna sorpresa, ninguna emoción. Dolía decirlo pero Hathaway y Franco no estaban haciendo de esta una gala histórica, todo lo contrario, fue una ceremonia muy plana y pesada. Aunque los chicos no tenían toda la culpa.

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Después de casi dos horas y media de gala un grande hizo acto de presencia: Billy Crystal, quien fue recibido con el aplauso unánime de todos los presentes, que se levantaron para homenajear al ex-presentador. “Los presentadores de los Oscar lo que tienen que ser es estrellas de cine muy sexys”, decía. Hacía falta una persona con su humor, el Kodak le echaba de menos.

Si la noche ya se estaba empezando a tornar insoportable que Celine Dion saliese a cantar era la gota que colmaba el vaso. Era imprescindible la actuación para homenajear a ¿todos? los trabajadores de la industria que nos dejaron en 2010. Eso sí, un gran vídeo. Se agradeció ver a Tony Curtis, Pete Postlethwaite, Leslie Nielsen o Irvin Kershner pero también nos faltó Berlanga y muchos más.

Eran las 5 de la madrugada (hora española) y llegaban los premios gordos. El premio al Mejor Director supuso una decepción para una servidora. Tom Hooper se alzó con su primer Oscar en su primera nominación. Decepción porque para mí debía ser la noche de un David Fincher que estuvo demasiado serio durante toda la celebración. Es bien sabido que El discurso del rey no es en absoluto una mala película y que Hooper ha hecho un trabajo exquisito pero Fincher era Fincher y merecía ese premio. 

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Colin Firth y Natalie Portman se llevaron el Oscar por mejores interpretaciones, sin intriga alguna. El gran momento se acercaba: La mejor película de 2010 era El discurso del rey. ¡Una película británica dominando Hollywood! Muchos lo olíamos cuando Hooper ganó su estatuilla, se debe tener en cuenta la edad de los académicos que votan en estos premios, la media supera los 60 años. Se va a lo tradicional, a lo políticamente correcto y que, además, está ejecutado de una manera magistral. Había sido la noche de El discurso del rey, que con 4 galardones se consolidaba con la triunfadora absoluta desbancando a la gran favorita, La red social.

Hubo muchas meteduras de pata, como por ejemplo no dejar hablar a los Oscar honoríficos (con Francis Ford Coppola a la cabeza) y sí permitir a un coro de niños contar al final de la noche. Los presentadores fueron más bien flojos y nadie se mojó en ningún discurso. Todo demasiado bonito, visto lo visto, no haríamos ascos a algún toque al estilo Ricky Gervais.

La Alfombra Roja de los Oscar se puede comparar con la gala misma, no generó controversia, nadie se arriesgó y quien lo hizo acabó perdiendo (en la Red Carpet). Vestidos flojos con la excepción de Mila Kunis, Hailee Steinfeld, Halle Berry o la siempre bellísima Natalie Portman

83rd Annual Academy Awards - Press Room