En pleno siglo XXI hemos aprendido a convivir con los zombies, ya sea en la televisión (The Walking Dead) o en la gran pantalla (Resident Evil) nos los han dado para desayunar, comer y cenar. Pero hace 40 o 30 años esto eran impensable. La situación ha cambiado mucho, tanto social como fílmicamente. El primer apunte cinematográfico que hace referencia indirecta a un zombie data de 1929, fecha lejana, nadie habría apostado porque este término fuese tan remoto. En el 32, en el 43, 57 y 59, se intentaron traer películas de bajo presupuesto con los muertos vivientes por protagonista pero siempre con resultados acordes con sus inversiones. Hasta 1966, fecha de la película en la que me paro hoy: La maldición de los zombies.

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Como es obvio este filme no llegó a las salas exenta de censura, la respuesta está en su fecha de creación. Calificada X consiguió estrenarse, aunque con algún año en el limbo. Situación similar a la que tuvieron que hacer frente algunas películas como Nueva York bajo el terror de los muertos de 1979. Es lo que pasa cuando juegas con un tema tan tabú (por aquel entonces) como son los zombies.

La Hammer (productora que promovió la película) se la jugó, pero como otras muchas de su género y estilo les salió bien. Puede que en su época no, es posible que en los ‘60 mucha gente saliera despavorida de las salas al ver una cabeza rodando por el suelo, sin embargo ahora se convierten en películas de culto que los cinéfilos valoramos muchísimo.

La trama ahora está muy vista. La maldición de los zombies nos cuenta como de pronto en un pueblo empieza a morir gente sin razón aparente y llega un médico muy selecto acompañado de su hija para intentar averiguar que está ocurriendo allí, lo bueno (para nosotros) es que ellos también se verán envueltos en todas estas muertes. Estos personajes darán el toque de elegancia a un largometraje que es de todo menos refinado. Pocos errores dignos de mención, si al caso un final demasiado rápido y precipitado, pero los puntos a favor eclipsan estas minucias, maravillosa puesta en escena, buenas interpretaciones y un maquillaje perfecto para esta década. La historia tiene unas bases muy interesantes, por la combinación que hace con el vudú, los zombies y la manipulación. Sin duda un entretenimiento muy sano con un clasicazo de muertos vivientes.