¿Sabéis cuántas películas sobre exorcismos llegan cada año a las carteleras sin aportar nada nuevo y basándose una y otra vez en los mismos clichés de siempre? La respuesta es muchas, muchas más de las que necesitamos, gracias. Por eso precisamente Cadáver ha acertado de pleno en dos cosas vitales para funcionar en taquilla. La primera cambiar su título al español en lugar de permanecer con su título original (The possession of Hannah Grace) y el segundo y puede que más importante, optar por contar la historia no de un exorcismo, sino de lo que ocurre después con el cuerpo de la víctima  y arriesgar por contar la historia centrada en una sola localización: la morgue.

Unos cuantos años antes de que Diederik Van Rooijen decidiera contar la historia del cadáver de la joven Hannah Grace, otro compatriota suyo, en este caso de Dinamarca, nos atemorizó con La sombra de la noche (1997) título que firmó Ole Bornedal y que fue el remake americano de su propia película y debut El vigilante nocturno (1994). Esta escalofriante cinta contaba la historia de un vigilante nocturno que en su primer día de trabajo en la morgue se veía envuelto en una serie de sucesos terroríficos vinculados a un asesino en serie fetichista. Ahora e inspirándose en la misma localización e intercambiando el género de su protagonista, Diederik Van Rooijen nos trae la historia de una joven policía afectada por un trauma personal que busca un nuevo foco profesional como cuidadora nocturna de la morgue, en donde el peligro viene dado no por un asesino, sino por el cadáver de una joven muerta durante un exorcismo que ahora busca nuevas víctimas.

Un paralelismo hasta cierto punto idéntico en cuanto a puesta en escena y planteamiento argumental que recuerda mucho a la muy interesante La autopsia de Jane Doe (del noruego André Øvredal) – a saber qué pasa por aquellos lares que todos están pensando en lo mismo – y que sorprende porque a pesar de encontrar evidentes similitudes con este  título y con los dos anteriores, es capaz de tener una propia personalidad y contar una historia quizá menos interesante, pero sin lugar a ninguna duda 100% original.

Al frente de Cadáver y de los malrolleros sucesos que se acontecen en la morgue se encuentra Shay Mitchell, estrella de la serie adolescente Pequeñas mentirosas (2010-2017) que aquí se entrega con esmero proporcionando una interpretación verosímil y muy digna en la que acompaña al espectador durante hora y media de excitante sorprendentemente entretenimiento que funciona de forma regular hasta casi el desenlace de la cinta.

 

La mayor y principal virtud de la película es que se sabe tomar en serio así misma, sin caer en el ridículo propio de títulos de terror teen de menor enjundia y dándole el mismo protagonismo al emplazamiento donde ocurren los hechos que a sus dos protagonistas: la viva y la muerta. Cadáver no pasará a la Historia como una buena película de terror, ni como el resurgir del género de terror adolescente que tanto y tan bien se hizo en la década de los 90, pero será recordada como un solvente entretenimiento que su público específico (los adolescentes) agradecerá. Además como añadido es un paso en firme en la carrera de su televisiva protagonista. Eso sin pasar por alto que objetivamente y sobre el papel nadie daba un duro por esta película y que lo que podría haber sido un completo desastre ha resultado ser eso que a menudo se suele definir como “oye pues ni tan mal”.

Título original: The Possession of Hannah Grace Director: Diederik Van Rooijen Guion:  Brian Sieve Música:  John Frizzell Fotografía: Lennert Hillege Reparto:  Shay Mitchell, Stana Katic, Grey Damon, Louis Herthum, James A. Watson Jr.,Larry Eudene, J.P. Valenti, Arthur Hiou Distribuidora: Sony Pictures