Andrey Zvyagintsev, el director ruso de las elegantes y sobresalientes Leviatán (2014), Elena (2011) y El regreso (2003) está nominado por segunda vez al oscar de mejor película extranjera, tras la nominación de Leviatán en 2015, por Sin amor, premio del jurado en Cannes 2017.

Sin amor narra las idas y venidas de un matrimonio en tramites de divorcio que busca a su hijo desaparecido tras una de sus crueles y frecuentes peleas. Lo único que saben los personajes, incluido el pequeño, y los espectadores es que él pequeño de la casa no es considerado más que un estorbo para que sus padres rehagan sus vidas por separado. Unas notas de piano algo excitadas muestran, en el prólogo de Sin amor, un árbol enorme y seco, envuelto en nieve, frío y blanco. El último sitio del que tenemos constancia del joven desaparecido. Un árbol que representa a la naturaleza, muy presente en la obra de Zvyagintsev, y su fuerza inmutable en un mundo en constante cambio y, al mismo tiempo, el único sitio en el que el desgraciado hijo del matrimonio en ruinas juega sintiendo, al desaparecer, de forma irónica que existe. Todo lo contrario de lo que le sucedía en casa a este niño que funciona como detonante narrativo de una película sobre una sociedad enferma de egoísmo y negligencia emocional.

El retrato de la Rusia post-soviética es clave para visionar el cine de Zvyagintsev; en Leviatán exponía, a forma de parábola bíblica, el apocalipsis de un mundo corrupto y capitalista cegado por su propia ambición.

Sin amor expone la catarsis de unos padres tremendamente egoístas, ensimismados y torpes emocionales, que funcionan con crueldad constante y desgarradora hacía un camino nevado que hiela sus corazones tanto como el mundo en el que viven. La policía no intenta ayudar al matrimonio sino que les complica la situación. No solo se trata, así, de un estado que no se preocupa por sus ciudadanos, sino que los mismos no saben preocuparse por otra cosa que no sean ellos mismos. La actitud paternalista del estado a los ciudadanos acompañado de su desatención (cosa que los negligentes padres repiten con su hijo) enseña a los personajes que nunca es suficiente y que siempre deben pedir más aunque dejen cadáveres emocionales por el camino.

El yoismo (término que no viene en la RAE pero que es muy usado hoy en día) del mundo globalizado en el que vivimos (muchos no necesitamos vivir en la Rusia contemporánea para comprender que lo que se ve en Sin amor es una triste realidad social en la que las emociones crueles imperan más que las del afecto) desata un sinfín de consecuencias en las que el matrimonio, en ruinas, protagonista, sin compasión ni redención posible por parte de su creador, sufren por ser como son, o seria más apropiado, por ser como ellos han decidido ser.

Toda la película se resumen en una escena en la que la mujer del niño desaparecido, tras toda su odisea, hace ejercicio con un chandal que pone en mayúscula “RUSSIA” mientras se escuchan terribles noticias en el telediario de fondo. Sin amor no es una película que sermonea o juzga sino que expone una triste realidad sin tomar partido pero sí desde una visión preocupada por el mundo occidental contemporáneo y su crisis de valores. Una elegante y soberbia película obligatoria en cualquier estantería.

Crítica escrita por Carlos Fernández

Título original: Loveless Director:  Andrei Zvyagintsev Guión:  Andrey Zvyagintsev, Oleg Negin Música: Evgueni Galperine Fotografía: Mikhail Krichman Reparto:   Maryana Spivak, Aleksey Rozin, Matvey Novikov, Marina Vasilyeva, Andris Keishs, Alexey Fateev Distribuidora: Golem Fecha de estreno:  26/01/2018