Tercer día en el Festival de cine de San Sebastián. Tras el varapalo de ayer, la fe se ha enfocado principalmente en otras secciones, como Perlas o Tabakalera sin menospreciar a la Sección Oficial.

The day after

Enfocada como la perspectiva correspondiente a on the beach and night alone la cinta nos transporta en un viaje a los bajos fondos de los principios que competen a la moralidad y las relaciones humanas.

Siguiendo a un hombre que se ve envuelto en un triángulo amoroso, Sang- soo empuja al mismo a demostrar la cobardía y mentira constante de quien ni siquiera se ve capaz de argumentar el porqué de sus actos. Bajo diferentes situaciones y prismas. Los participantes del triángulo se ven envueltos en una espiral de contradicción, celos y cobardía en el que nadie sabe quién es realmente dentro del mismo ni qué lugar ocupa en dicha ecuación. Con un dominio técnico asombroso, el director surcoreano utiliza la música de forma inteligentísima en momentos puntuales en pro de aumentar el dramatismo, cimentado también por una serie de primeros planos de belleza onírica que nos trasladan a un enfoque corporal y físico acerca de las emociones que viven sus protagonistas.

Una cinta de gran belleza, de una melancólica sencillez y un gran resultado. Una tesis sobre la cobardía humana y un análisis acerca de la importancia que tienen los actos que realizamos.

Una especie de familia

Malena (interpretada por una descomunal Bárbara Lennie) es una mujer con un profundo deseo de poder adoptar a un niño. Bajo dicha premisa comienza la última película del director argentino Diego Lerman. Siguiendo los pasos de nuestra protagonista, nos acercamos a un mundo de estafas y engaños, de seres humanos que utilizan a otros en pro del lucro individual y capitalista. Así como al mundo de una mujer con un poderoso instinto de maternidad que le llevará a sobrepasar holgadamente los límites de la racionalidad en pro de poder apagar las brasas de sus deseos.

Con un ritmo aplastante en casi todo el desarrollo la cinta acaba perdiéndose en una serie de situaciones de gran controversia cuando se acerca al clímax. Se denota una falta de valentía por parte de un director que no tiene claras cuáles deben ser las intenciones finales del personaje que dirige, más después del acelerón previo. Una auténtica lástima, pues de haberse reafirmado y confiado en la fuerza interpretativa de Lennie, podríamos haber hablado de una gran película, de la que finalmente se obtiene la sensación de funcionar por mera inercia y haber dejado que los factores que la componen se relacionen entre sí de una forma absolutamente surrealista.

Custodia compartida (Jusqu`á la Garde)

Myriam y Antoine componen un matrimonio que se ve obligado a finalizar su relación, dejando en manos de la justicia la decisión final sobre la custodia y, por lo tanto, el futuro de sus hijos y de la vida de los mismos. Un ejemplo que, por desgracia, se vive demasiado hoy en día.

Xavier Legrand aplasta al espectador de una forma absolutamente asfixiante en su ópera prima, utilizando únicamente la relación entre los dos protagonistas como la tesis que revela el fin de su película: realizar un ejercicio cinematográfico de alta intensidad emocional para el espectador, ahogando al mismo sin ningún tipo de alivio contemplando como, en ocasiones, las personas cometen los peores actos posibles cegados por valores de gran banalidad.

Sin música. Con una estructura firme pero que invita al engaño. Con una gran inteligencia en la dirección (que se revela en pequeños detalles que se observan de forma elegante y sutil conforme avanza el metraje) nos enfrentamos a una película de la que es imposible salir indiferente. Una cinta que tiene un coste emocional. 90 minutos que cimientan una descomunal crítica a aquellas personas que ni siquiera son conscientes de las consecuencias de sus palabras y de sus actos. Un tramo final que es imposible olvidar, pero que no te permite apartar la mirada.

Tras su visionado solo se pueden pensar dos cosas: tomar aire y estar muy pendientes de la próxima película de éste nuevo (aunque el tiempo será quién lo dicte) y gran director.

C’est la vie!

Tras el incontestable éxito de Intocable, los franceses Olivier Nakache y Eric Toledano trataron de darle un vuelco a su carrera y ponerse serios con Samba, película que seguía la vida de un inmigrante ilegal. El resultado de aquella fue nefasto, los directores no se sentían nada cómodos con el material con el que estaban trabajando y eso se acababa trasladando a la película. Una vez más, el tándem de directores vuelve al Festival de San Sebastián, para presentar su nuevo trabajo: C’est la vie!, una película con la que parecen haber entendido que el éxito de Intocable residía más en su buen uso de la comedia, por encima del calado de cine social que pudiera haber en ella.

C’est la vie! es poco más que la habitual comedia francesa coral de enredo. La película narra los entresijos de la preparación de una boda y la lucha del equipo de catering para tratar de conseguir que la boda no acabe cayendo en el mayor de los desastres. Realmente no hay mucho donde rascar en la película, y sus realizadores tampoco lo pretenden en ningún momento, y el hecho de que la película acabe optando simplemente por el gag acaba siendo un triunfo para ella. Nachake y Toledano demuestran saber jugar a la perfección con los elementos de la comedia que el gran público conoce. Personajes que, aunque arquetípicos, están perfectamente construidos y llegan con rapidez al espectador. Un cúmulo de situaciones cotidianas que no molestan por el buen uso del tiempo a lo largo de la película. Si hay algo de lo que no hay ninguna duda es que C’est la vie! entusiasmará al público, y ese es su principal objetivo, ya que es un película hecha pensando en ellos.

Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri

Si había algo que Martin McDonagh había dejado claro en sus anteriores trabajos era su pasión por unir la comedia y la crueldad humana, el lado más oscuro del ser humano era desde el que nacía la comedia. Tras presentarse en Venecia y Toronto, donde ganó el premio del público, estrena en la sección Perlas del Festival de San Sebastían Tres anuncios a las afueras de Ebbing, Misuri la obra más compleja que ha realizado hasta ahora, al contrario que en sus anteriores filmes, esta vez McDonagh no se centra tanto en lo que mueve al ser humano a la atrocidad de la crueldad, sino las consecuencias de ésta y la forma de que un acto cruel es capaz de arrastrarle a cometer los peores actos, y curiosamente, en la que es su película psicológicamente más cruel, también es al mismo tiempo la que deposita más confianza en el destino de sus personajes.

La película narra la historia de Mildred Hayes (Frances McDormand), una mujer que perdió a su hija hace un año después de un brutal acto en la que fue quemada y violada. Desesperada ante la falta de respuestas a este acto, Mildred decide alquilar tres viejos anuncios en una carretera secundaria cercana a su pueblo, en los que pondrá: “Violada mientras moría”, “¿Todavía sin arrestos?”, “¿Cómo es eso, jefe Willoughby?” Estos carteles que buscaran ejercer presión sobre la policía para que aceleren la investigación del caso, también traerá consigo una guerra entre los que entienden la posición de Hayes, y los que se posicionan a favor del jefe Willoughby (Woody Harrelson), un buen hombre que padece un cáncer mortal y que verán la colocación de estos carteles como un ataque directo a su persona.

McDonagh brilla realizando la comedia desde el terror que sufren los personajes víctimas de sus acciones, las de los demás, pero también de vivir en un pueblo del interior de la América de Trump dónde ser negro u homosexual es prácticamente un crimen mayor que el de violar y quemar a una joven muchacha. McDonagh escribe tres personajes altamente complejos, llenos de claroscuros, es una película sin malos ni buenos, el realizador inglés trata con cuidado la humanidad de sus personajes, todos buscan su propia versión de la justicia que no es más la necesidad de que todo circule bien a su alrededor, y ni siquiera son conscientes de lo terrible de sus actos. Pero si un personaje brilla por encima de todos es el del Oficial Dixon al que da vida un espectacular Sam Rockwell que realiza la que posiblemente sea la mejor actuación de su carrera. Un personaje que ha sido incapaz de escapar del odio con el que ha crecido en ese pueblo, criado por una madre que apenas le deja espacio para pensar por sí mismo, y que pese a realizar actos atroces, siempre cree que está haciendo lo correcto, pues vienen guiados por el lazo que le une a su progenitora. Un lazo del que se irá soltando y le permitirá crecer como un ser humano consciente de sus solamente cuando sea capaz de vislumbrar por sí mismo el dolor en los ojos de los demás. Es imposible no sentir que los 1200 kilómetros que separan Ebbing, Misuri y el Fargo, Minnesota, de los Hermanos Coen son apenas un par de pasos en una América frágil, hundida, que apenas en 20 años no sólo no ha evolucionado, sino que prácticamente ha involucionado. McDonagh realiza una obra redonda y firma además uno de los guiones más perfectos de los últimos años, cada personaje, cada acción, cada línea de diálogo está perfectamente estudiada, “Lo pensaremos por el camino” dicen sus personajes al cerrar la película, pero McDonagh lo tenía perfectamente estudiado todo.

Crónica escrita por Juanma de Miguel y Gonzalo Aupi