Segundo día en el festival de cine de San Sebastián. Tras un primer día de altibajos, pero con grandes descubrimientos (The Square, Call me by your name ó L´Amant d´un jour) las expectativas para el segundo eran aún más altas.

Si bien quedan la mayoría de cintas por ver de la Sección Oficial se respira un aire de incertidumbre y pesar sobre la misma. De momento, ninguna película de las aspirantes a la Concha de Oro ha conquistado de forma firme ni a público ni a crítica. La aproximación más firme en éste sentido es, por el momento, Handia.

Handia

La esperada nueva obra de los creadores de la aclamada Loreak viene en forma de fábula. Handia nos relata la historia de dos hermanos que habitan con su familia un caserío de las montañas vascas, hastiada por las consecuencias del período de las guerras carlistas. Joaquín y Martín son dos hermanos que se cuidan mutuamente y que se verán ante la tesitura de separarse tras la marcha al frente del primero. El cuál, a su vuelta, descubrirá que su hermano se ha convertido, literalmente, en gigante.

Hablamos de una fábula que utiliza poderosos escenarios y localizaciones naturales para dar un soporte de vital importancia al aspecto visual y un empuje drástico a la historia que nos cuenta. Bajo las capas de un gran montaje encontramos tesituras que bailan entre el realismo mágico, la libertad de ser uno mismo o el aterrador miedo al juicio ajeno, así como un análisis magistral de los hilos y heridas que se cosen y abren entre las relaciones familiares. Una película que también habla de miedos, hacia lo desconocido y lo que ignoramos. A saltar. Y a empapar la toalla con el sudor de las aventuras. Una cinta que inspira, que recordará en ciertos momentos al tono de obras como Big Fish o a cualquier road movie. Con secuencias inolvidables y momentos de tensión a partes iguales. Una cinta que confía en sí misma y que deja un poderoso sabor de boca tras su visionado.

Ni juge, ni soumise (So help me God)

Bajo la premisa de seguir el día a día de una jueza de instrucción criminal en Bruselas, nos encontramos con uno de los peores documentales de los últimos años. Un auténtico insulto para no solo diferentes colectivos, si no para la filantropía, la esperanza o la humanidad. Un intento de falso documental que nos introduce en la ególatra, narcisista y autoritaria figura de una jueza que juega a ser omnipotente y que disfruta no solo echando por tierra cualquier valor o principio que no sea el suyo, si no alimentando su egolatría en base a la humillación ajena.

Poco (o más bien nada) se puede esperar de algo así. Quizá alguna carcajada suelta al inicio, pero que se olvida conforme avanza el metraje y se denota que, más allá de un humor más o menos oscuro, estamos ante la figura de una persona que representa los peores valores que se puedan encontrar a día de hoy y menos en alguien que ostenta el poder.

On body and Soul

Tras la controversia generada al haberse alzado con el Oso de Oro en la Berlinale se denotaba una gran expectativa por el último trabajo de la directora húngara Ildikó Eyedi. Presentando a sus dos protagonistas como trabajadores de un matadero en la ciudad de Budapest, la película narra el inicio de la relación entre ambos, intentando unir con calzador a dos personas atormentadas de las cuales desconocemos sus causas, motivaciones o aspiraciones. Y menos aún qué les lleva a comportarse de una forma tan infantil y superficial. Mezclando diferentes temáticas a su antojo y moviendo al espectador en un libre albedrío de secuencias oníricas y diferentes situaciones en el matadero, intenta por activa y por pasiva sumergir al mismo en un mundo de imposibles que no hace más que provocar una desesperación absoluta hacia la pareja protagonista y hacia la cinta en general. Una obra que pasará a la posteridad por su inmadurez, su tono infantil y un surrealismo promovido por un guion que no serviría ni para reutilizar el papel. Incomprensible como éste experimento tan fallido ha podido alzarse con el Oso de Oro en Berlín.

La Douleur

Emmanuel Finkel presenta en Sección Oficial Le douleur adaptando la novela que Duras publicó en 1985, una colección de seis relatos supuestamente autobiográfica que muchos críticos tildaron de ser más ficcional de lo que la autora hacía pretender parecer. La película arranca con una Duras que encuentra unos diarios que supuestamente escribió ella, pero parece no recordar mucho lo que cuenta en ellos. A partir de ahí, nos sumergirá en una dura historia de amor en la que la propia escritora verá como su amado es atrapado por los nazis y sufrirá su odisea personal hasta que éste vuelva junto a ella con la consiguiente duda de si Robert Antelme murió o sigue vive.

La Douleur funciona moderadamente como un drama de época convencional, especialmente la primera parte de la película cuando narra la relación entre Marguerite Duras y el nazi que le apresó. El principal problema de la película radica en la necesidad en convertirse forzosamente en un filme d’autour, aunque sea a través de un recurso tan burdo como sobreexplotar los pensamientos en off de la protagonista, lo que acaba demostrando una clara deficiencia por parte de Finkel a la hora de no saber cómo plasmar estos pensamientos en imágenes. La douleur es a todas luces una película fallida, tan bienintencionada como fracasada en sus intenciones de trasladar la novela de Duras a la gran pantalla. Sus dos horas de metraje se acaban haciendo eternas, porque al igual que la protagonista el espectador espera y espera para que finalmente no ocurra nada.

The third murder

Siempre sorprende cuando Kore-eda se aleja de las obras puramente familiares para adentrarse en otros géneros. Pero no es algo nuevo para el realizador nipón, en una de sus primeras grandes obras: After life, Kore-eda coqueteaba con la ciencia-ficción sin perder ese espíritu tan ozuiano que ha estado siempre presente a lo largo de su obra. Es posible que The third murder sea en cuestiones de género el giro más brusco que hasta ahora había pegado a su carrera, al espectador acostumbrado al cine de Kore-eda, encontrarse una escena como la que abre The third murder indudablemente se sentirá sorprendido. Pero esta sorpresa es algo momentáneo, la película pronto se convertirá en un filme preocupado por los factores claves de la filmografía del realizador de Nadie Sabe.

Antes de entrar en materia, es inevitable analizar esa primera escena. Siempre me gusta poner el ejemplo de ¿Qué fue de Baby Jane? como el caso más claro de lo que el director debe hacer con el espectador cuando quiere jugar con él y con la información que le da. Recuerden la escena del atropello, en ella Robert Altman da la información sesgada, invitando al espectador a que la interprete erróneamente, pero nunca mintiéndole. Porque el cine es imagen y como tal jamás debe engañar en lo que muestra al espectador, son los personajes los que pueden mentir, pero no la información que llega al espectador en forma de imagen. Kore-eda maneja esto de forma brillante, él le muestra la información al espectador, y deja que los personajes con la información que le dan al espectador le lleguen a hacer dudar de lo que sus ojos han visto. Algo que resulta especialmente brillante, especialmente para un director que jamás había tocado el género y que deja claro que el nipón es uno de los más grandes maestros del cine actual.

Pero The third murder va mucho más allá de eso. Kore-eda vuelve, por encima de todo, a hablar de relaciones, lo hace de manera brillante a través de un hombre que se ha pasado la vida en prisión sin poder a ver su hija y que entiende la cárcel del mismo modo que Hal Holbrook lo hacía en Cadena Perpetua y la familia del fallecido, la cual además tiene un secreto que sin duda pesará sobre ellos. Pero el realizador nipón utiliza el thriller para hablar de temas tan interesantes como la posición de la verdad en la justicia o para posicionarse acerca de la pena de muerte. The third murder es una de las obras más brillantes de Kore-eda, una película a la altura de obras como Nadie Sabe, Still Walking o De tal padre, tal hijo, y eso no es precisamente decir poco.

Au revoir là-haut  

                     

El gag alocado y bestia de Albert Dupontel ha ido depurándose a lo largo de los años, desde la pura explosión loca y abrumadora de su debut en Bernie ha ido poco a poco sofisticándose. 9 meses… de condena demostró un avance en su evolución como cineasta, ahí dejaba de estar ya la historia al servicio del gag, sino que éste era el que servía para ir avanzando la historia. En Au revoir là-haut¸el cómico francés va un paso más allá, logrando hacer la que es sin duda su obra más madura narrativamente.

Dupontel ha depurado al máximo el gusto por la imagen, un gusto extravagante y vistoso, al servicio del cine francés que inevitablemente recuerda al del cine de Jean Pierre-Jeunet o Michel Gondry, lo hace para contar la historia de dos soldados que tras el fin de la Primera Guerra Mundial se convierten en estafadores. En esta ocasión Dupontel abusa menos del absurdo y del gag visual, y se deja llevar por la fascinación conseguida a través de la imagen, l mayor ejemplo es, sin duda, el compañero de Dupontel, al que da vida Nahuel Pérez Biscayart (del que también veremos en el festival 120 pulsaciones por minuto), un tipo que tiene que vivir siempre con una máscara y que se convertirá en uno de los factores más imaginativos de la película. Con Au revoir là-haut, Dupontel sigue dando grandes pasos en su carrera, no ya de cómico, sino sobre todo de cineasta.

Crónica escrita por Juanma de Miguel y Gonzalo Aupi