Cuarta jornada del Festival de San Sebastián en el que se han podido ver varias películas importantes como 120 pulsaciones por minuto, La cordillera, You were never really here (En realidad, nunca estuviste aquí) y Love me not.

120 pulsaciones por minuto

La nueva película de Robin Campillo se presentó con gran éxito en el pasado Festival de Cannes alzándose finalmente con el premio FIPRESCI que otorga la crítica internacional y acabará siendo una de las películas del año cuando empiecen a otorgarse los galardones internacionales. De hecho, Francia ya se ha asegurado de que sea su carta para los próximos galardones, una carrera aún larga, pero en la que la película de Campillo ya se ha presentado como la frontrunner en la categoría de Mejor película de habla no inglesa. 120 pulsaciones por minuto habla de un grupo de activista LGTBI durante la década de los 90 en Francia, cuando el SIDA aún es un tema tabú y una epidemia que se ha cobrado más de 6000 víctimas en el país galo.

Para contar la historia de este grupo de activista, la película se acerca a la figura de Sean Dalmazo (Nahuel Pérez Biscayart nos regala una de las mejores interpretaciones de este año), un joven enfermo de SIDA que contrajo la enfermedad en su primera relación sexual. La enfermedad de Dalmazo es la que marca el ritmo general de la película, algo que Campillo lleva con verdadera destreza. La primera mitad de la película es la que se enfoca más en la lucha vital que llevaron los homosexuales durante los años 90 para conseguir que hubiera información que permitiera prevenir la enfermedad y quitarle el estigma de tabú, y tratar de buscar una solución a su sentencia a muerte. Toda esta parte está narrada con alegría, pero también con la rabia del luchador, algo que según va avanzando el filme se va a apaciguando lentamente hasta cuando no queda más que rendirse a la tragedia, en uno de los finales más emocionantes y conmovedores que hemos podido ver en todo el festival. Más allá de sus extraordinarios valores cinematográficos, cabe destacar que 120 pulsaciones por minuto se convertirá por meritos propios en todo un icono del cine LGTBI, porque al igual que los activistas de la película, Campillo entiende también el importante valor didáctico que debe tener su película, posiblemente la que más claramente ha hablado sobre estos temas desde que hace veinte años una película como Philadelphia dejase de hacer el tema del SIDA un tabú en el mundo del cine.

Blue my mind

Mia, una adolescente de 15 años, comienza a sumergirse en un comportamiento salvaje para lidiar con todo. Bajo ésta premisa comienza la ópera prima de la directora helvética Lisa Brülhman. Una película que nos hunde en los abismos de la adolescencia, en el carpe diem como forma de vida en los años previos a la adultez, que explota de forma completa e inteligente los miedos de dicha edad, la incomprensión y la necesidad alarmante de aprobación ajena.

Spring Breakers ó Crudo desarrollaban argumentos y tesis cercanas a Blue my mind, pero sin poseer la emocionalidad y el intimismo que rodea todo el metraje de ésta. Mia es una adolescente cualquiera, con una gran necesidad de desarrollarse al ritmo que la vida le va marcando, anhelando promover y aparentar la imagen de fortaleza y seguridad de saldo que se promueve en una época tan compleja y variopinta como es la adolescencia. Y, si a ello le sumamos que comienza a sufrir cambios en su cuerpo, comenzaremos a tener como resultado una cinta que explora la necesidad latente de evasión ante la complejidad, catalizando la misma a través del sexo, el alcohol o las drogas, llegando a un punto sin retorno del que cada vez es más difícil encontrar la salida.

Comenzar a desarrollar una trama con éstas variables, pero marcando un ritmo hipnótico, desarrollando los personajes con fluidez y armonía, no es en absoluto fácil. Posee varias secuencias, cimentadas también por una perfecta simbiosis entre la escena y la música que se convierten en inolvidables. Y, el clímax de la película, no solo posee una belleza absolutamente irracional, es la muestra de que existen momentos en la vida en los que debemos aventurarnos a lo desconocido. En resumen: maravillosa.

En realidad, nunca estuviste aquí

Aclamado en el Festival de Cannes, el último trabajo de Lynne Ramsay, nos propone un ejercicio de escafandrismo emocional en los bajos fondos de un hombre que decide rescatar prostitutas de las redes de la mafia. De ésta forma entramos, una vez más, en el cliché absolutamente desgastado del héroe que busca la redención. Del ser humano con carencias afectivas a lo largo de la infancia que promueven una espiral de introversión, incomprensión hacia uno mismo y eterna búsqueda del porqué.

Con uno de los montajes más confusos y pedantes que se han podido ver en tiempo (con permiso de Inherent Vice) entramos en una espiral de violencia, sin apenas sentido aparente, constancia o profundización en las motivaciones que mueven a un Joaquin Phoenix que no hace nada más que de sí mismo, culpa también de un guion que en absoluto quiere explorar las posibilidades del protagonista, si no exigir al espectador que se adapte, en un inabarcable ejercicio de empatía cinematográfica a una película cuyo principal defecto es creer en sí misma por encima de sus posibilidades.

La Cordillera

El inefable Ricardo Darín recogerá el premio Donostia este año, un premio absolutamente merecido a la trayectoria del que es uno de los grandes maestros de la interpretación de las últimas décadas. Ya sea trabajando en Argentina o en España, la carrera de Darín está llena de magistrales interpretaciones y pocos actores son, a día de hoy, un seguro de que el espectador al menos se podrá deleitar con un recital interpretativo por parte de su protagonista, más allá de la calidad de la película.

Darín ya recibió en San Sebastián la Concha de Plata por su trabajo en Truman hace un par de años (un premio otorgado en ex-aequo junto a su compañero de reparto Javier Cámara) e inexplicablemente no lo logró en 2009 cuando presentó en el marco del Festival El secreto de sus ojos, película que inexplicablemente se fue de vacío el mismo año que ganaba la olvidable película china Ciudad de vida y muerte. Junto al galardón, Ricardo Darín viene a presentar La Cordillera, el nuevo trabajo de Santiago Mitre (director de las estupendas Paulina y El estudiante), un thriller político que se presentó en la sección Un Certain Regard del pasado Festival de Cannes.

Tras la introducción de este texto volver a alabar la interpretación de Darín como lo mejor de la película como lo mejor de la película sería reiterativo, así que me lo ahorraré, ya que todo el filme es un recital interpretativo por parte de un reparto que reúne a algunos de los mejores nombres del cine latinoamericano como son Dolores Fonzi, Paulina García, Alfredo García o Daniel Giménez-Cacho. La cordillera cuenta la reunión de los líderes de los países latinoamericanos en una cumbre en Chile para decidir el nuevo acuerdo sobre el petróleo, una cumbre en la que el presidente argentino será clave a la hora de decidir qué posición deberá tomar la coalición, si prefiere al enemigo norteamericano o la amenaza que representa un Brasil con un presidente que quiere volver a hacer del país carioca un imperio. Como thriller político la película es excepcional, Mitre, además, salva los platos de manera extraordinaria a la hora de narrar un género que muchas veces acaba siendo algo confuso para el espectador. Pero la película falla cuando trata de ahondar en los terrenos más personales, el mensaje que quiere lanzar Mitre de que no existe ningún político bueno es claro, pero para contarlo intenta ahondar en un thriller psicológico cuyo mayor problema es el de dejar demasiados cosas en el aire, como pinceladas que parecen querer llegar rápidamente a su destino aunque no completen una forma en su totalidad.

Love me not

Tras ganar el premio al Mejor director en el Festival de Venecia con su ópera prima Miss Violence, el director griego Alexandros Avranas presenta su nuevo trabajo Love me not dentro de la Sección Oficial del Festival de San Sebastián. Siguiendo la estela de ese cine de la crueldad del que su compatriota Yorgos Lanthimos es uno de los máximos estandartes, Avranas cuenta en Love me not la historia de una pareja de clase de alta que contrata a una joven como madre de alquiler. Pronto se verá que las apariencias engañan y que los propósitos de la pareja son mucho más oscuros de lo que parece en primera estancia.

El realizador griego se basa en una historia real para realizar realmente salvaje al capitalismo más atroz, al poder del dinero y a esa clase alta que se cree capaz de mover el mundo a su antojo sin ninguna consecuencia, gracias siempre al poder de deidad que ha alcanzado el dinero. Una clase alta para la que las apariencias lo son todo y eso es precisamente lo que es Love me not, una película sobre las falsas apariencias. Avranas nos embarca en un juego de inusitada crueldad que sorprende y atrapa al espectador gracias también a dos sorprendentes y excepcionalmente ejecutados giros de guión. La película brilla especialmente en su tramo final, donde el director a través de uno de sus personajes ejecuta un castigo tan brutal, como merecido, casi como la mano ejecutora del castigo divino. La incomodidad que este llega a poder producir, no deja de ser una forma aleccionadora, donde toda ética queda dejada de lado y pasa al más viejo ojo por ojo y al terrible poder del dinero para deshumanizar a la sociedad. No era difícil destacar, pero a mitad de festival nos encontramos por fin con una obra potente, valiente y arriesgada y una película que debería ser firme candidata a los principales premios del festival.

Licht

La austriaca Barbara Albert presenta en sección oficial Licht, un biopic sobre la compositora Maria Theresa von Paradise. Von Paradise se quedó ciega a la edad de tres años y durante un pequeño breve espacio de tiempo pudo volver a recuperar la vista gracias a un milagroso tratamiento del Doctor Mermer. Es este espacio de tiempo el que Albert elige para contar la vida de la compositora austriaca, en un drama de época formalmente impecable pero que acaba siendo un completo desastre por su incapacidad de profundizar absolutamente en nada.

Albert abre numerosos frentes a la hora de contar la historia de von Paradise, pero es incapaz de profundizar en ninguno de los temas que toca. Durante hora y media pasa casi de refilón sobre el talento de la pianista, la relación con su doctor o su tratamiento, la explotación que sufre a manos de sus padres que la exhiben casi como una atracción monstruosa, quizá el punto que más cojo acaba quedando la película, la película parece querer mostrar el rechazo y el desprecio con el que era tratada la gente con discapacidades físicas en esa época, pero todo parece un simple esbozo. Parece que la película no quiere contar absolutamente nada, como si fuera un cuadro elegante sin ninguna capa de profundidad, simplemente para contemplar que pese a su ceguera, von Paradise fue una excelente pianista (y compositora, aunque esto únicamente lo sabemos en la película gracias a los letreros del final), y al final acaba haciendo de su hora y media un verdadero suplicio.

Crónica escrita por Gonzalo Aupi y Juanma de Miguel