Fergus es un miembro del IRA. Mantiene secuestrado a Jody y actúa también como un torpe verdugo. En ese breve periodo de tiempo Fergus y Jody desarrollan una amistad, suficiente tiempo como para que el segundo le encargue la misión de ir a ver si su chica está bien. Y Fergus lo hace, necesita también dejar el pasado atrás, y cruza el agua que separa Irlanda de Gran Bretaña. Allí en Inglaterra no sólo conoce a Lil, sino que también se enamora de ella.

¿Pero quién es Lil? Pongamonos en contexto, estamos en Reino Unido. Dos años después del fin del gobierno de Margaret Thatcher, y aún falta un año para la que homosexualidad deje de estar despenalizada en Irlanda. Aún falta también un año para que al otro lado del charco Jonathan Demme de voz a los homosexuales en Philadelphia y la plaga del SIDA en la comunidad homosexual se empiece a ver con otros.

Neil Jordan que fija el punto de vista en el Fergus al que da vida Stephen Rea. El espectador observa como Lil se va al baño, parece que llega el momento en el que se va a consumar esa relación. Aunque Fergus no ama a Lil, Fergus está enomarado del Jody al que le encargaron matar, por eso quizá cuando Lil muestra su secreto, ni él, ni nosotros estamos preparados para asimiliarlo. Ella dice que creía que era consciente de todo, y sí, nos ha dejado pistas claras por el camino. Pero cuando llega el momento de descubrir la verdad, todo parece demasiado obtuso, y el contexto tampoco ayuda a normalizarlo.

Por supuesto, Lil asume que la culpa es suya, mientras que Fergus le está robando una vez más otro pedacito de vida. La forma de la que hace 25 años Neil Jordan se atrevió a plasmar de manera directa algo tan tabú en aquel momento como era una persona transgénero era realmente arriesgada. Pero además nos regaló una de las más hermosas escenas de una película que ponía sobre la mesa dos temas que preocupaban tanto a Irlanda a finales del siglo pasado como era la aceptación de la homosexualidad y el terrorismo del IRA.