Diez años han pasado desde la última vez que vimos a Arnold Schwarzenegger en un papel protagonista. Su periplo político, que a buen seguro que no habría terminado ya, de poder haber aspirado a ocupar el sitio en la Casa Blanca, nos dejaron apenas un par de cameos en las entregas de Los Mercenarios. Pero ahora el austriaco ha vuelto al cine, de dónde nunca debió salir. Lo ha hecho fiel a su espíritu, con una alocada historia propia del cine de acción de los 80 con muchas reminiscencias del fantástico western de Howard Hawks, Río Bravo. Schwarzenegger vuelve más viejo, con un rostro en el que pese a las operaciones estéticas, podemos observar un demacrado que refleja a la perfección el paso del tiempo, al contrario de lo que podría pasar con otras estrellas de los ochenta como Stallone. Además la expresión de Schwarzenegger ha adquirido una huella similar a la que el paso del tiempo se dejó con Clint Eastwood, sumado al tono susurrante de ambos, hace que cada vez Arnie esté más cerca de ser la versión hormonada del director de Sin Perdón. Algo que también le ayuda a acercarse al perfil del sheriff que interpreta en El Último Desafío, y es que Schwarzenegger está ahora más cerca de ser ese hombre que ha tenido que soportar de manera infame el pase del tiempo que aquel cyborg del futuro que le proporciono el estatus de estrella.

En El Último Desafío, Schwarzenegger está demacrado por el paso del tiempo, un viejo policía de Los Angeles que una fatídica misión hizo ver como perdían la vida la mayoría de sus seres queridos, le hace irse a un pequeño pueblo de la frontera texana a ejercer cómo sheriff, un trabajo mucho más calmado del que ejercía en la gran ciudad y en la que tiene que lidiar con poco más que un par de borrachos. Las cosas se complicaran cuando de Las Vegas se escape un capo del cartel mexicano, en una increíble misión de rescate y ponga rumbo hacia México con una policía como rehén. Su última parada será Sommerstone, claro que lo último que imaginará es que podría topar con el austriaco allí. Una trama quizá demasiado básica, pero que destaca por su espectacular puesta en escena, su desmedido uso de la violencia y un irónico sentido humor, que nos remite irremediablemente al gran cine de acción de los 80, recuperando, como hiciera Stallone en Los Mercenarios, un gran espíritu nostálgico. Quizá sea un cine viejo, como el propio Schwarzenegger confiesa que se siente en la película, pero cuyo espíritu sigue vivo mientras las mismas estrellas de acción quieran resucitarlo.

Quizá como muestra de ese desengaño político que cortó de raíz las aspiraciones de Schwarzenegger a La Casa Blanca, El último Desafío se muestra como una película global, con Eduardo Noriega en el papel de un traficante mexicano, y un Kim-Ji Woon que da el salto a Hollywood. Una película en la que Schwarzenegger habla con sarna además de la mala imagen que dejan los inmigrantes. Había ganas de ver también cuál era el resultado del primer periplo del coreano, que nos ha dejado ya por el camino obras tan interesantes como Encontré al Diablo. Lo cierto, es que aunque la presencia del coreano no es tan notoria como cabría de esperar, si es capaz de darle un tono más limpio del habitual entramado hollywoodiense. La limpieza de esas persecuciones con un Corvette que irremediablemente nos lleva a recordar la obra maestra de Richard C. Sarafian, Punto Límite Cero, a un salvaje final por unos campos de trigo que tienen mucho de Con la muerte en los talones. Lo que sí se le ve a Ji-Woon es un gusto desmedido por las armas, algo de no tan fácil acceso en Corea, dónde el protagonista de A Bittersweet Life se tiraba media película tratando de conseguir un arma. En El Último Desafío hasta la más vieja del lugar posee un arma, lo que además da lugar a toda una orgía de balazos.

Schwarzenegger ha vuelto, tal y como prometió, y lo ha hecho a lo grande, con un vehículo que va más allá de ser un simple producto para su lucimiento. Una gran película de acción que engrandece el espíritu del cine de acción como producto de entretenimiento. Una disparata locura, delirantemente divertida, dónde las frases lapidarias (ése “Bienvenido a Sommerstone” se quedará grabada, a buen seguro, como una de las emblemáticas frases del actor austriaco), los momentos delirantes, como el protagonizado por Knoxville y una pistola de bengalas o una adorable viejecita, levantarán las risas y aplausos de los que se dispongan a disfrutar. Y sobre todo un tercio final dónde la testosterona se levanta al máximo. Sí, Schwarzenegger se encarga de repetir constantemente que está viejo, pero aún le queda madera para disparar de los lindo, e incluso repartir alguna hostia más digna de un combate de la WWE, sobre un puente a ninguna parte. Hay que decir: Gracias Chuache por volver, nunca debiste irte.

Título Original: The Last Stand Director: Kim Ji-woon Guión: Jeffrey Nachmanoff, Andrew Knauer Música: Alan Silvestri Fotografía: Ji-yong Kim Interpretes: Arnold Schwarzenegger, Eduardo Noriega, Forest Whitaker, Johnny Knoxville, Luis Guzman, Harry Dean Stanton, Peter Stormare, Zach Gilford, Jaimie Alexander, Rodrigo Santoro, Génesis Rodriguez Distribuidora: DeAPlaneta Fecha de Estreno: 01/02/2013