Tras una tímida acogida en el panorama internacional, Nacho Vigalondo presenta su nueva cinta Colossal, en medio de un creciente interés del cine español por los monstruos y lo excesivo. Al éxito de Un monstruo viene a verme de J.A. Bayona, se suma ahora la apuesta del cineasta de Open Windows, que explora las adicciones de la sociedad actual a través de un dispositivo arriesgado y que exige del beato compromiso del espectador para conformar una narrativa que se despliega (a trompicones) a lo largo de un film de factura impecable. Anne Hathaway interpreta a Gloria, una joven alcohólica que necesita recuperar el control de su vida una vez que su novio Tim (Dan Stevens), cansado de sus reincidentes resacas, la pone de patitas en la calle. Al volver a su pueblo natal se reencontrará con Oscar (Jason Sudeikis), un antiguo amigo de la infancia que le ofrecerá un trabajo y consuelo fraternal. Cuando parece que su vida está alcanzando un cierto nivel emocional, Gloria descubre que un misterioso monstruo ha aparecido en la ciudad de Seúl, sembrando el caos entre la población. Desconcertada y aturdida, Gloria descubrirá que tanto ella como Oscar, tienen más en común con lo que está pasando en la otra punta del mundo de lo que creen.

Con esta premisa tan vigalondiana no es de extrañar que Colossal se convierta en un rara avis de lo más desconcertante. El cineasta nos propone un viaje de fe a través de un guión que se revela por su escasa coherencia dramática pero que termina por configurarse como un puzzle de escasas piezas pero de adictiva resolución. Cuando creemos estar encauzando la historia, Vigalondo retuerce el guión, lo manipula con mano diestra para llevarnos por otro camino, más absurdo pero menos esperado. Algo que se agradece ante el panorama cinematográfico actual, que adolece de una falta de creatividad alarmante. A un guión desconcertante se le suma una factura visual abrumadora, dónde los protagonistas de Colossal son sendas marionetas ante la mano de su creador que los maneja a placer, exponiéndolos a las más variopintas torturas. Aunque los dramas de todos ellos parecen mutearse cuando entra en escena el misterioso monstruo, que no es más que una representación metafórica de los traumas no resueltos de juventud de Gloria, dotando al relato de una nueva dimensión totalmente bizarra. Colossal es excesiva a todos los niveles: las interpretaciones, la puesta en escena y un guión que no parece tomarse en serio en ningún momento. Solo al final, algo dulzón pero efectivo para las exigencias construidas por el tipo de narración, consigue impregnar de un valor sentimental al acto final de Gloria.

Lo ostentoso y grandilocuencia de la producción se rinde ante una historia caída en gracia, empujada por una discutida química entre los actores, pero que fluye por una narración pretenciosa sobre los excesos a todos los niveles. Una reflexión también a la peligrosa conectividad de esta sociedad líquida que parece proyectar las consecuencias de nuestros actos en cualquier parte del mundo. La inmediatez y la telerealidad, brindan al relato ese cariz de publireportaje que supone el enfrentamiento entre Gloria y Oscar, ante la atónita mirada de un público que no puede dejar de mirar. A Vigalondo se le podrán retraer muchas cosas menos su habilidad para lidiar con historias imposibles que sobrepasan incluso la categoría de ciencia-ficción para convertirse en un ejemplo inmanente de un cine totalmente personal y que no escatima en efectismos. El poder de Colossal no radica tanto en la historia sino en la manera de contarla. Probablemente serán muchos los que se pregunten si no hubiera sido más inteligente jugar la carta del monstruo y convertirlo en el leitmotiv principal de la historia, pero eso es lo de menos. Lo importante en la cinta son los sentimientos, el proceso de mirar hacia dentro de uno mismo y encontrar ese espacio para el crecimiento personal, el lugar para sentirnos cómodos y admitir “la he cagado”.  Los monstruos de Vigalondo están en todas partes.

Aunque la Colossal no me haya parecido una película atractiva, no negaré que la considero una apuesta interesante. No sólo por su capacidad de jugar con los límites tan versátiles de géneros como la comedia, el drama o la ciencia-ficción, sino por ese reto tan directo hacia el público, que debe aceptar a pies juntillas todo lo que propone el cineasta cántabro. La cinta es un ejemplo de un creador desacomplejado, que juega a ser Dios en un ejercicio de hedonismo cinematográfico existencialista y enamorado de la pomposidad de las grandes producciones norteamericanas. Colossal gusta pero no engancha, convence pero no remata, conecta pero no traspasa.

Título original: Colossal Director: Nacho Vigalondo Guión: Nacho Vigalondo Música: Bear McCreary Fotografía: Eric Kress Reparto:  Anne Hathaway, Dan Stevens, Jason Sudeikis, Austin Stowell, Tim Blake Nelson, Agam Darshi, Hannah Cheramy, Christine Lee Distribuidora: Versus Entertainment Fecha de estreno:  30/06/2017