Pocos hechos más celebrados se recuerdan en la época moderna del cine que la llegada de Spider-man al Universo Cinematográfico Marvel. Los derechos del superhéroe emblema de La casa de las ideas estaban en manos de Sony. La primera entrega de Sam Raimi junto a los X-Men de Bryan Singer (cuyos derechos, como los de Los 4 fantásticos, aún mantiene FOX) fueron los responsables del boom del cine superheróico, y estaba claro que Sony no renunciaría a los derechos del arácnido. Tras la trilogía dirigida por Raimi, Marc Webb se encargó de un proyecto que iba a suponer un nuevo universo para Spiderman, la primera entrega funcionó correctamente, pero el relativo fracaso de la segunda parte que recaudó 700 millones en todo el mundo, bajando las cifras de la primera entrega, trajo consigo la cancelación de ese universo del que se cayeron proyectos como Venom (ahora recuperado y protagonizado por Tom Hardy) o Los seis siniestros que iba a dirigir Drew Goddard (La cabaña en el bosque) y Sony se replanteó las cosas. Entonces llegó el acuerdo soñado, Disney se quedaría con los derechos sobre el marketing del personaje y Sony con los derechos de distribución de la película.

Marvel sabía que tenía que cuidar mucho el material que había adquirido, el mal sabor de boca dejado por las anteriores entregas y el “hype” que generó el anuncio de la llegada de Peter Parker al UCM, no permitían un fracaso. Su breve debut en Capitán América: Civil War gustó a todo el mundo y era una clara declaración de intenciones de lo que finalmente hemos podido ver plasmado en Spider-Man: Homecoming.

Una de las grandes bazas de Marvel a lo largo de esta década de producción masiva de películas es saber que debe escapar del esquema preestablecido de las películas de superhéroes (algo que cumplieron de manera bastante coherente las dos primeras entregas de las anteriores adaptaciones de Spider-man) y dotar a cada película individual de una identidad propia. Comparada con los grandes macro-eventos y las aventuras intergalácticas que hemos visto en las últimas películas del UCM, la nueva película de Spider-man parece una película mucho más modesta, porque si bien, sí, es a todas luces una película de Spider-man, es sobre todo una película sobre Peter Parker aprendiendo a ser Spider-man. Aquí no hay cabida para aquella mítica frase de “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.”, que el Tío Ben decía a Parker antes de fallecer. Principalmente porque el rol paternal que representaba el Tío Ben aquí se le da a Tony Stark/Iron Man, y Parker no es un adolescente tratando de superar la perdida de ese rol paterno, sino que es un simple chaval de instituto que se siente necesitado de demostrarle al líder de los Héroes más poderosos del planeta que está a su altura…

La película maneja esto de manera brillante, la magnífica decisión de convertir a la película en una High School Movie, genero algo perdido en los últimos años y que al igual que ocurría con Las ventajas de ser un marginado se siente como un estupendo revival de los 80 y 90. No cabe duda de que el mayor referente de la película de Jon Watts es John Hughes, este Parker es una versión moderna de Ferris Bueller en el instituto de El club de los cinco. Su tratamiento de la adolescencia está narrado de una forma madura, huyendo de infantilismos y consciente de su alma de obra teen al nivel de Clueless o Freaks and Geeks, lo que la lleva también a tener un sentido del humor estupendo (y aquí podríamos discutir realmente cuál es el género de esta película ya que en muchos momentos la película goza de un timing perfecto y más propio de una comedia de Lord y Miller que a una película de superhéroes).

Pero es precisamente su villano el que hace que Spider-man: Homecoming no sea simplemente una comedia teen. El Buitre es el némesis perfecto de este Spidey adolescente. Un villano que es una suerte de Walter White en un mundo en el que existen los alienígenas. Es un villano sencillo, un padre de familia que se ve en la calle y ve la oportunidad de lucrarse de manera criminal y dar una vida mejor a su familia. Pero al igual que los viejos villanos del cómic, verá como los superhéroes siempre se meten por medio destrozando sus planes e incluso siendo parte partícipe de su origen. Al mismo tiempo, El Buitre se convertirá en una necesidad para Spider-man. Atraparle se acaba por convertir en algo necesario cuando pasa a ser una prueba para demostrar a Iron Man que es un superhéroe a la altura del resto de Los Vengadores. El enfrentamientos entre ambos es espectacular, sí, pero es mucho más divertido cuando por momentos parece convertirse en un divertido thriller con un inteligente enfrentamiento entre ambos y un Michael Keaton que parece que ha viajado casi 30 años en el tiempo y acaba de salir del rodaje de De repente, un extraño.

Sí, no tengo dudas de que este Spider-man es el mejor que hemos visto en la pantalla hasta ahora. Es una película con la magia del cine de los ochenta, sí. Es una película que fácilmente recuerda a aquellos que se engancharon al arácnido gracias a la fantástica serie de animación de los 90, sí. Pero sin embargo este Spider-man se siente realmente actual, capaz de mantener esa magia de la atemporalidad que permite a los héroes vivir en los cómics desde los años 60. A Spidey en Marvel se le esperaba con ansia y cuando ha llegado nos ha dejado con ganas de mucho más.

Título original: Spider-Man: Homecoming Director: John Watts Guión: John Francis Daley, Jonathan Goldstein, Christopher Ford, Chris McKenna, Jon Watts, Erik Sommers Música: Michael Giacchino Fotografía: Salvatore Totino Reparto:  Tom Holland, Robert Downey Jr., Michael Keaton, Marisa Tomei, Jacob Batalon,Zendaya, Jon Favreau, Tony Revolori, Laura Harrier Distribuidora: Sony Pictures Fecha de estreno:  28/07/2017