La abstracción del miedo

En La Momia hallamos una obra, en cierto sentido, menor en pretensiones y ambición que Frankenstein. Cierto es que en el apartado técnico, al menos a mi parecer, tiene ciertas virtudes que la obra de Welsh no posee, ya que es sencillo observar que Freund se halla más cómodo con la cámara y las técnicas planteadas. Por lo demás, no parece brillar con mucha fuerza, ni pretende hacerlo. Constantemente surge la sensación de ver algo que existe por el simple hecho de sumergirnos en un nivel muy básico de tensión, un desarrollo muy directo de las relaciones humanas y un terror que ya ni siquiera apela a lo directo e irracional como en Frankenstein, sino que busca enrevesadas e inútiles maneras de incomodar. Pero, ¿Es realmente así? ¿Es realmente justa la manera en la que se ha tratado a La Momia en comparación con otras películas similares? ¿Es todo lo que he dicho un defecto o la película encuentra una manera de convertir todo esto en una extraña e inabarcable virtud?

Hallamos una cantidad de fallos y de humanidad en su engranaje que en ningún momento aparece de semejante manera en la obra de Whale. Ya no hablamos de virtudes que despegan desde la narrativa de la obra, sino que es posible hablar de virtudes que encuentran su lugar en los entresijos de los elementos que se unen para construir la película. El miedo que nos llega, sí, es más rebuscado y despegado de lo terrenal, pero también se acerca con precisión y desenfado a la cuestión del miedo absurdo, de aquello inexplicable completamente que no puede hallar sus recovecos ni siquiera en la más mínima porción de realidad que conocemos. La momia que interpreta Karloff es un ser inteligente, poderoso, proveniente del pasado, pero de un pasado que desconocemos (en gran parte) y que, aquí, posee una fuerza sobrenatural inesperada. Hablamos de un miedo que se aleja espacial, temporal y racionalmente. Hablamos de un miedo que no esperábamos que se diese en el pasado, pero que en la propia obra, en la ficción, nadie espera que, en cualquier caso, se dé en el presente, al contrario que en Frankenstein, donde en ningún momento nadie duda con mucha fuerza de la habilidad del doctor o la posibilidad, aunque sea una locura, de que lo pretendido finalmente se cumpla. Puede parecer que al proceder con todo esto, el factor “miedo” pierde su apelación directa y su factor emocional, pero es justamente por esto que, al desplegar su coherencia, su manera directa y su análisis de sí misma de una forma tan diferente pero, al mismo tiempo, tan similar a Frankenstein, ambas obras se unen en una manera de entender el miedo, el medio en el que se desarrolla (el cine) y cómo toda esta unión puede incidir en el espectador.

Es cierto que resulta menos armoniosa que Frankenstein, dándose con más torpeza que la obra de Whale, pero es su errático camino lo que la hace interesante. Como ya dije en la crítica de Frankenstein, no debe analizarse la obra por su tiempo de realización. Quizá para colocarla respecto a la historia del cine, pero no como argumento para explicar sus virtudes o defectos. En este caso, la historia no fue muy agradecida con La Momia y en momentos se puede entender porque, pero no por eso olvida aquellos elementos que hicieron grandes a obras como Frankenstein. Por suerte, los afronta de otras maneras sin perder parte de la coherencia y la reflexión, siendo éste un punto a su favor.