En esta cuarta jornada del Festival de Cannes, la prensa española ha podido ver The Square, nuevo film del sueco Ruben Östlund, y 120 battements par minute de Robin Campillo en la Sección Oficial. Además de Un beau soleil interieur, de la francesa Claire Denis, que se encuentra dentro de la Quincena de realizadores.

The Square

Es una comedia que aspira al surrealismo, a la burla de organizadores y guardianes del arte más moderno, profesionales de la impostura, la vacuidad adornada y el esnobismo. No me compensa que me hablen con sarcasmo y caricatura de algo tan poco atractivo como la estupidez disfrazada de cultura. Tengo la sensación de que el creador es tan farsante como sus personajes. Las situaciones se alargan intolerablemente, los chistes son tan rebuscados como poco eficaces, nula mi complicidad con el sentido del humor de Ruben Ostlund. Una parte del sofisticado público se partía de risa todo el rato. Decidan ustedes cuando se estrene.

Carlos Boyero, El País

Aquí se centra en el director de un gran museo de arte contemporáneo de Estocolmo quien, después de darse cuenta que le han robado la cartera tras prestar ayuda a unos desconocidos por la calle, empieza a acumular una serie de continuas desdichas. Östlund quiere llevar a cabo una crítica de la desconfianza relacional en la sociedad contemporánea a través de la vacuidad y las falsas apariencias que a veces presiden la institución arte. Excesiva y sobrecargada, la película peca de la misma superficialidad y aparente sofisticación que pretende criticar, aunque también desprende destellos momentáneos de ingenio, como esa fiesta de la aristocracia cultureta perturbada por la performance de un artista que lleva al límite aquello de que el hombre es un lobo para el hombre.

Eulalia Iglesias, El Confidencial

El mayor problema del film, al margen de que con tres cuartos de hora menos nos quedaba un artefacto la mar de divertido, es que no logra esquivar los peligros que entraña toda parodia del mundo del arte contemporáneo. Se trata de un mundo (demasiado) fácilmente parodiable, por aquello de que nadie entiende muy bien de qué se trata, y es fácil, con un poco de hábil charlatanería, dar gato por liebre. Pero cuando acabas haciendo lo mismo que lo que criticas, puede pasar que tu película también parezca un blufarro y acabes haciendo el ridículo.

Philipp Engel, Fotogramas

Durante la cinta, con la boca pequeña pero de forma elocuente, Östlund nos llama hipócritas, critica la esclavitud socialmente permitida de lo políticamente correcto. Saca el lado cómico de situaciones que no lo son en absoluto para dar forma al filme más satírico de lo que llevamos de Festival. Y, como ya hemos visto en otras películas en competición, se vuelve a hacer hincapié en el uso de las redes sociales y a la excesiva importancia que se le da (tanto el que publica, como el que las visita). Como se magnifica lo que en ellas sucede y como de desproporcionadas son las reacciones.

“The Square” funciona muy bien y, aunque hay quien la tilde de “difícil” es ya una de nuestras favoritas (lo que, visto lo visto, podría descartarla para entrar en el palmares).

Inmaculada Pilar, Videodromo

El director ha pecado de ambicioso pretendiendo construir un drama de denuncia con toques de comedia surrealista grotesca sobre la banalidad de nuestro tiempo, el esnobismo de los que hacen negocio con el arte y la susceptibilidad que genera el mismo.

Una película excesiva y compleja que pretende ser un tratado de filosofía de nuestro tiempo pero que se mueve en unos extremos tan grandes y con un humor tan poco orgánico dentro de lo que cuenta que acaba siendo una cinta que enerva (con escenas realmente molestas de ver como esa performance simiesca que casi acaba en tragedia) y cansa en sus dos horas y veinte más que fomentar la reflexión

Nacho Gonzalo, Lo que yo te diga

120 battements par minute

Estos 150 minutos me han resultado muy largos, previsibles las situaciones y tampoco me despiertan especial emoción sus personajes

Habiendo sentido en la vida real inconsolable tristeza ante el contagio del sida y la devastadora muerte de personas queridas (también confieso haber sentido acojone cada vez que me hice las pruebas en aquella época de agotar las peligrosas noches, por si el bicho se había encaprichado de mí), intento que lo que retrata 120 pulsaciones por minuto me arañe el alma, pero no hay manera. Salgo tan aburrido como frío.

Carlos Boyero, El País

Campillo habla de la muerte, una constante en esos años del SIDA en Europa (y todavía una emergencia trágica en incontables países de todo el mundo). Sin por ello dejar de exponer la vida del mismo personaje: su forma de relacionarse y hacer el amor, su apasionado activismo, sus fricciones con otros miembros del grupo. Su muerte y su funeral se convierten también en una forma de activismo y reivindicación vital por parte de la comunidad que le ha acompañado en este último tramo de vida. A su manera, ‘120 battements par minute’ transmite la misma sensación que escuchar a Jimmy Somerville: te entran ganas de bailar y luchar al mismo tiempo.

Eulalia Iglesias, El Confidencial

“120 battements par minute”  es, durante su primera hora y media, una película que juega falsamente a ser provocativa. Quiere mostrar y acaba por esconder la mano en más ocasiones de las que debiera. Bien planteado el sistema asambleario, así como los debates que se muestran, sin excesos pedagógicos. Sin embargo, las escenas de protesta no transmite la tensión que potencialmente tienen. Hay algo fallido en el tono de la película. Se abren muchos frentes, algunos radicalmente opuestos, y no parecen afectar la forma en la que se muestran en pantalla.

Inmaculada Pilar, El Confidencial

Un beau soleil intérieur

Cineasta de los cuerpos, como decíamos, Denis abre el film con un bello encuentro sexual entre Binoche y Beauvois, y prosigue enlazando escenas de los sucesivos desencuentros de Juliette haciendo gala de un humor chispeante del todo inusual en una filmografía más bien grave y oscura. La primera comedia de Claire Denis, que se anunció como una adaptación de los ‘Fragmentos de un discurso amoroso’, de Roland Barthes, es todo lo contrario a lo que nos imaginábamos -una abstracción en la línea de ‘L’intrus’, que partía de un texto de Jean-Luc Nancy-, pero ha acabado siendo un triunfo en toda regla. La Denis se ríe con ternura de los clichés del hombre cruel y la mujer víctima, y juega con ellos para llevarnos de escena en escena como en un elegante vals del amor en el que Binoche va cambiando de pareja sin que la película parezca un desfile de estrellas -ni tampoco teatro del ingenio-, para acabar con ese monumental monólogo de Depardieu sobre el que descienden lentamente los títulos de crédito: Dos monstruos actuando con máxima naturalidad, en plano / contraplano, él habla y ella sonríe. Una cumbre, y la mejor película de Denis desde ’35 Rhums’ (2008).

Philipp Engel, Fotogramas

De entrada, el argumento de ‘Un beau soleil intérieur‘ podría remitirnos a ‘Gloria’ de Sebastián Lelio; o, incluso, si la protagonista hubiese nacido dos décadas después, a las tragicomedias de Lena Dunham, Hadas Ben Aroya o Desiree Akhavna. Sin embargo, pese a las similitudes narrativas, esta película escrita por Denis y la novelista Christine Agnot está más cerca del universo hongsangsooniano que de aquél que comparten las tres millennials citadas. En este sentido, los hombres que frecuentará Juliette Binoche –interpretados por Xavier Beauvois, Alex Descas, Nicolas Duvauchelle, Philippe Katerine, o Gérard Depardieu entre otros– personifican el prototipo de hombre inseguro e histérico que impera en la filmografía del director surcoreano. Como en la obra del autor de ‘Right Now, Wrong Then’, en ‘Un beau soleil intérieur‘ presenciaremos todo tipo de situaciones cómicamente surrealistas por culpa de la nula inteligencia emocional de los amantes.

Carlota Mosseguí, El Séptimo Arte

¿Cómo haría Claire Denis una comedia romántica? Exactamente así. Como un musical de rupturas. Conocida por sus películas duras, implacables y a la vez volcánicamente voluptuosas, la directora ha contado con la colaboración de la escritora Christine Angot para colocar a Juliette Binoche en medio de un torbellino de relaciones amorosas tan entrecortado y embriagador como el discurso de Barthes.

Los amantes y las parejas se van sucediendo a través de viñetas verbales (estamos ante una película tanto de cuerpos como de diálogos) que a veces muestran el inicio de un interés amoroso, pero la mayor parte del tiempo se fijan en desencuentros y rupturas. El componente literario es realmente dramático, pero el tono ligero y la capacidad de identificación con los sinsentidos del amor hacen que la sala consuele sus propios desamores con carcajadas. En ese sentido (y muchos más: la repetición cíclica de patinazos románticos, las elipsis y cambios de narración inesperados), Un beau soleil intérieur es lo más cerca que ha estado nunca Claire Denis de Hong Sang-soo y sus variaciones sentimentales. Y eso es maravilloso, porque al mismo tiempo sigue siendo ella cuando filma (con Agnès Godard a la foto) los cuerpos, el baile (Etta James con At Last, nada menos) y las corrientes de deseo.

Daniel de Partearroyo, Cinemanía