En el quinto día del Festival de Cannes, se han podido ver dos películas interesantes con distinto resultado. El director Michel Hazanavicius volvía a Cannes con Le Redoutable, una cinta satira o intenta parodiar a Jean-Luc Gordard, y The Meyerowitz Stories, nuevo film de Noah Baumbach producida por Netflix que ha conseguido entusiasmar a la prensa, considerando al director como el heredero de Woody Allen.

Le Redoutable

El director Michel Hazanavicius, autor de The artist habla en Le redoutable de los años que pasaron juntos Godard y Wiazemsky e imagino el volcánico cabreo del primero si alguna vez ve esta película. Me ha gustado bastante y no por exclusivo afán revanchista hacia alguien que me carga, sino porque creo que retrata muy bien una época. Recrea su estética, sus colores, su atmósfera, sus actitudes ideológicas y sus frecuentes disparates siguiendo a alguien enamorado de la transgresión, que sólo considera moral el extremismo, militante maoísta hasta consecuencias grotescas, sectario incorregible, ferozmente egocéntrico, alguien que va quemando puentes con sus viejos amigos, con sus admiradores, con la mujer que ama, hasta terminar rodando en Checoslovaquia Pravda, película en la que todos sus correligionarios y miembros del equipo deciden cada mañana en asamblea democrática lo que debe rodar el director

Carlos Boyero, El País

Hazanavizius juega a construir con gracia iconoclasta y sin demasiado pudor una película del primer Godard sin Godard. Las citas al desnudo de Brigitte Bardot en El desprecio se suceden a la vez que la pantalla se convierte (y hasta infecta) en un palimpsesto empeñado en reproducir el sabor vintage de otros tiempos. Pero lo relevante sucede por dentro. Mientras la película se construye casi como un juego de espejos y memorias, la figura que emerge de Godard es la de un hombre desnortado, errático, confuso, vanidoso y fugazmente ocurrente. Digamos que estamos ante el sacrificio de un dios (puesto que como tal es tratado) sin miramientos, sin orden, sin concierto y hasta sin motivos.

El resultado no se antoja tan estúpido como imaginaba el retratado, pero sí bastante más intrascendente. El giro o delirio, como se quiera, maoísta es tratado en todo momento como una locura, como una alucinación, como la excusa para un chiste, como el capricho de un genio idiota.

Luis Martínez, El Mundo

etratar a Godard con mala leche se supone que también es lo que pretendía Michel Hazanavicius en Le Redoutable, su adaptación de las vivencias de Anne Wiazemsky junto al director de La chinoise que la propia actriz contó en el libro de memorias Un año ajetreado. Pero los antigodardianos aprovecharían mucho mejor su tiempo haciendo caso a la película de Agnès Varda que a la cuchufleta inane de Hazanavicius. El candidato a peor director del cine francés actual se salta las vivencias del libro de Wiazemsky que le dan la gana y añade otros apuntes biográficos sobre Godard en un ejercicio de fetichización torpe de los clichés sobre las primeras películas del autor de El desprecio y un intento ridículo por parodiar unos recursos visuales y narrativos ya más que superados.

Al final, la película no sólo es un fracaso a nivel de sátira estética, histórica o puntual; ni siquiera es atrevida lanzando dardos. Más ofensivos con el legado godardiano fueron Jim McBride Richard Gere cuando hicieron Vivir sin aliento (1983), el remake hollywoodiense de Al final de la escapada.

Daniel de Partearroyo, Cinemanía

La película es tal y como nos las imaginábamos, imitación de las formas del cine de Godard para contar la historia de su ruptura consigo mismo y su compromiso político. Algunos gags tienen más gracia que otros.

El problema del film es que la película podría no haber sido más que una agradable frivolidad, un divertimento que hubiera resultado ideal para inaugurar el certamen, que aparece naturalmente citado en el film, ya que, como recordarán, Godard fue uno de los cabecillas de la Nouvelle Vague que exigió la suspensión de las proyecciones en vistas de lo que ocurría en Paris. Pero en vez de ser una fantástica película inaugural, una golosina inocente, Hazanavicius no puede dejar de intentar hacer ‘algo grande’, y se extiende hasta unos 107 minutos que se hacen menos soportables en su tercio final, cuando parece estar intentar decirnos que su película igual significa algo.

Philipp Engel, Cinemanía

Sin duda se puede ser crítico con Jean-Luc Godard, pero burlarse de su cine utilizando la falta de conexión con el público, su estupidez por intentar dotarlo de un cariz revolucionario, su sometimiento a unos intereses artificiosos etc. es, además de falso, simplista. Supongo que sin querer, Hazanavicius confirma todas las acusaciones recibidas previamente. No se trata de idolatría godardiana por nuestra parte, sino de exigir un poco de clase a la hora de hacer parodia, sobre todo a la hora de hacer parodia.

Decir que, finalmente, no se trata sólo de abochornar al autor de Vivre sa vie, sino a todo un momento de la historia, a toda una forma de entender la cultura: de mayo del 68 al comunismo, del Grupo Dziga Vertov al propio Festival de Cannes (el de 1968), de las asambleas estudiantiles a los intentos de transformar el lenguaje cinematográfico. Todo le parece altamente risible y ridiculizable a Mr. Hazanavicius desde la atalaya moral erigida por 50 años de historia. Todo un valiente nuestro admirado Michel.

Martín Cuesta, VOS Revista

The Meyerowitz Stories

En el marco de una Sección Oficial que todavía nos mantiene en ascuas (qué diferencia con la del año pasado, el que no vine), esta comedia entrañable, como unos Tenenbaums sin dirección artística (recordemos que Baumbach participó en los guiones de las monumentales ‘Life Aquatic’ y ‘Fantástico Sr. Fox’), nos ha dejado un agradable sabor de boca, inspirándonos una gran ternura, sobre todo cuando recordamos a un extraordinario Adam Sandler -todos están estupendos y su duelo con Stiller es memorable- tocando el piano con su hija, esa Grace van Patten que, de ahora en adelante, seguiremos muy de cerca. Esa cómplice relación paterno filial (con la madre que queda fuera de plano) nos ha dejado tocados y no sería ninguna tontería que el mismísimo Adam Sandler se llevara un trofeo por su actuación.

‘The Meyerowitz Stories’ es en apariencia una película sencilla y discreta, pero nos ha cautivado esa pausada madurez en que incluso nos ha parecido detectar un poso de sabiduría oriental, aunque ya no sabemos si eso se debe a que acto seguido nos metimos a ver una de Hong Sang-soo. En cualquier caso, estamos ante la película más madura y equilibrada del director de ‘Una historia de Brooklyn’, que indudablemente ha crecido y sí se merece, a diferencia de otros, competir por la Palma de Oro.

Philipp Engel, Fotogramas

Se podría decir que se trata de una lectura al revés de Hannah y sus hermanas. Conserva el mismo ritmo, la misma fatalidad y, sobre todo, idéntico sentido trágico de la comedia y, sin embargo, ahora lo que importa no es tanto el poder de atracción de la figura central (en el caso de Allen la triunfadora hermana mayor) como todo lo profundamente repulsivo del frustrado y frustrante personaje interpretado por Hoffman. Algo más que sólo genial.

Baumbach, quizá en su trabajo menos autoindulgente y más desprejuiciado, acierta a ofrecer todas las aristas de la insatisfacción y la estupidez con una claridad que abruma tanto como divierte. Digamos que la necesidad de acabar con la figura paterna y la obligación cósmica de eso llamado familia adquieren aquí el tamaño de lo eterno, de lo ridículo, del más profundo absurdo. Y eso vale tanto para el propio asunto de la cinta como para, otra vez, Woody Allen.

Luis Martínez, El Mundo

Segunda película producida por Netflix a concurso en Cannes, ‘The Meyerowitz Stories’ confirma a Noah Baumbach como el gran cineasta de cierto Nueva York contemporáneo que mejor se mueve en la estela de Woody Allen. El director de ‘Frances Ha’ elabora una tragicomedia en torno a una familia marcada por la figura de un padre absorbente y narcisista, que se desarrolla en buena parte en el mundo del arte contemporáneo. El film calibra el valor de conceptos como el éxito y la paternidad a partir de las relaciones que mantienen tres generaciones de Meyerowitz. También como en el cine de Allen, Baumbauch combina diálogos ingeniosos con cargas de profundidad en torno a las relaciones familiares dignas de un Ingmar Bergman. Por si a estas alturas alguien dudaba todavía de ello, ‘The Meyerowitz Stories’ confirma el inmenso talento de Adam Sandler, que ofrece una de las mejores interpretaciones de su carrera como ese hijo que siempre se ha sentido un perdedor menospreciado por su padre artista.

Eulàlia Iglesias, El Confidencial

Netflix ha vuelto a inaugurar la jornada y, al igual que “Okja”, ha salido convenciendo y con aplausos logrando la plataforma (más allá de toda polémica) presentar dos películas muy diferentes y saliendo airosa.

Una película honesta y accesible pero también una de sus propuestas más maduras y redondas apoyándose en un guión que cuenta la premisa del reencuentro familiar para celebrar el homenaje a la obra artística del patriarca y, sobre todo, en un reparto magnífico y bien conjuntado en el que sobresale entre todos ellos un sorprendente Adam Sandler que llena de patetismo y encanto su personaje acompañado de Ben Stiller, Dustin Hoffman, Emma Thompson, Elizabeth Marvel y jugosos cameos. Ovación para una película que lo ha hecho pasar muy bien en un visionado muy disfrutable, algo que como antídoto a la sesudez de Cannes siempre se agradece.

Nacho Gonzalo, Lo que yo te diga