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¿El síndrome de Asperger como motor de una historia donde el amor entre ambos protagonistas se basa en las idas y vueltas propias de la enfermedad? ¿Una película con estética plana, rígida, inútil que basa todo su potencial en paisajes que ni siquiera sabe capturar? ¿Una película con el propósito de emocionar al espectador al deformar, exagerar y desvalorizar elementos de una enfermedad para levantar consciencia, sacar lágrimas e impactar a los desinformados? ¿Una película que resulta ser la Una mente maravillosa francesa que viene a reírse en la cara del espectador perdido en las carteleras? ¿Otra vez era necesario sufrir esto? Empiezo a pensar que nadie ha hecho nunca una película en la que se enseñen los traumas que sufre alguien que escribe sobre cine al tener que someterse a estas películas. A ver si algún J. A. Bayona de turno me lee y se dispone a hacer algo así.

Lo único que le pediría a tal director que acometiese semejante tarea sería un final digno de El Gran Dictador de Charles Chaplin, donde, el protagonista, desesperado, dijese aquello que es necesario decir. Basta de películas con estética vacía, con pretensiones de influencia moral desde la deformación de la realidad y la verdad, de impersonal abordaje de cuestiones complejas para resultar exitoso en los marcos mercantiles del cine casual que nada tiene que ofrecer excepto pseudo-emociones pasajeras que se olvidan con un Big Mac, de mentiras que intentan crear expectativas respecto a la vida a costa de gente ingenua que cree que las moralejas de este cine tienen su lugar en el mundo que vivimos, de gratuita y burda violencia (sí, en esta película hay violencia, no física, sino mental y ética) que no lleva a ningún lado excepto al pirotécnico minuto de gloria del cineasta desapegado de un arte y amante del pragmatismo insensible, de emular con la fórmula oculta bajo engaños del copiar y pegar a gente que ha sido original, que ha ido más allá, que ha explorado, que ha aprendido, que ha dejado todo lo que eran y son en su arte, como le pasa aquí a Besnard y su lucha por igualar a Terrence Malick, Andrei Tarkovski, y muchos etcéteras que ya os debéis imaginar (desde luego, tampoco son originales al elegir a quien emular). Basta también, por qué no, de gente de pie aplaudiendo estas artimañas no por haber aportado algo, ni haber hecho reflexionar sobre algún punto concreto de la humanidad, la historia, la sociedad o lo que sea, ni haber removido su concepción del arte, ni haber insertado preguntas que hagan cuestionarse ya no solo al arte, sino al mundo, sino por volver a entregar como si fuese una droga dura la misma cosa de siempre en envoltorios y nombres diferentes, como si todos estos filmes fuesen dirigidos por Stringer Bell. Son todas las mismas mentiras y todas las mismas comodidades.

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¿Volvemos a Pastel de pera con lavanda? ¿Para qué? Si no hay amor por el encuadre, ni amor por los personajes, ni amor por lo que se cuenta, ni amor por la verdad, ni amor por el mundo, ni amor por la humanidad, ni amor por el arte, ni amor. Esta película es oscura, oscura y deprimente, también es tan nimia y tan desapercibida pasará que incluso se puede dudar de acusarla de todo mal. Hannah Arendt probablemente consideraría que este tipo de filmes son los Eichmann del cine. En todo caso, pobre Francia.

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Ficha técnica:

Título original: Le goût des merveilles Director: Éric Besnard Guión: Éric Besnard Música: Christophe Julian Fotografía: Philippe Guilbert Reparto: Virginie Efira, Benjamin Lavernhe, Lucie Fagedet, Léo Lorléac’h, Hervé Pierre,Hiam Abbass, Laurent Bateau, Natalie Beder Distribuidora: Surtsey Films Fecha de estreno:  22/07/2016