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En el séptimo día del Festival de Cannes, todas las miradas apuntaban al cineasta manchego Pedro Almodóvar en la presentación de Julieta en la Sección Oficial. Muchos de los medios españoles no hicieron cobertura de su visionado, ya que hace un mes se estrenó en España de la cual escribimos una crítica, sino que aprovecharon la ocasión para hacerle entrevistas, la mayoría de las preguntas relacionadas con los papeles de Panamá.

Pero bueno, hay vida después de Almodóvar y el Festival continúa proyectando más trabajos como Personal Shopper, la nueva cinta de Olivier Assayas que ha sido la película más abucheada de la Croisette en este año; Aquarius, nuevo film  de la directora Mendonça Filho que ha enamorado a la mayoría de asistentes; y Hell or High Water, del director David Mackenzie.

Personal Shopper

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Assayas exhibe en la película todo tipo de formas de comunicación usadas entre los personajes, desde la escritura a los mensajes de texto, pasando por el Skype, los golpes o las llamadas telefónicas. Pero también la pintura, el mismo cine o la moda como formas de expresión igual de válidas. Ingredientes que configuran un relato gótico en el que se muestra la alienación del individuo en nuestra sociedad en oposición a la capacidad infinita de comunicación de la que disponemos.

Assayas exhibe en la película todo tipo de formas de comunicación usadas entre los personajes, desde la escritura a los mensajes de texto, pasando por el Skype, los golpes o las llamadas telefónicas. Pero también la pintura, el mismo cine o la moda como formas de expresión igual de válidas. Ingredientes que configuran un relato gótico en el que se muestra la alienación del individuo en nuestra sociedad en oposición a la capacidad infinita de comunicación de la que disponemos.

Ramón Rey, VOS Revista

Intrigado por los conflictos implícitos en las diferencias entre nuestra percepción de la realidad y la realidad misma, el director de Demon Lover (siempre interesado también por cómo las nuevas tecnologías y el mundo contemporáneo reconfiguran nuestra identidad personal) se adentra esta vez en lo que podría haber sido un hermoso cuento de fantasmas, de no ser por un guion deslavazado y una puesta en escena tan plana como desangelada.

Inevitablemente, la sombra de Hitchcock y de Brian de Palma se cuela por algunas rendijas de un film que coquetea simultáneamente con el thriller de misterio y con el cine de terror, pero nada de todo ello es suficiente para mantener en pie una historia filmada sin fuerza, sin capacidad para contagiar a las imágenes el misterio, la atmósfera y la coherencia que necesitaba una historia como la que se nos cuenta. De una manera o de otra, por su film anterior (Regreso a Sils Maria) y por este decepcionante Personal Shopper, Assayas parece ahora mismo un cineasta bastante perdido, que se esfuerza en encontrar un nuevo camino para su filmografía, pero que no acaba de encontrarlo.

Carlos Heredero, Caimán cuadernos de cine

A diferencia de su anterior trabajo, Assayas no otorga a su filme esa soltura de la espontaneidad, ni libera a la imagen de cualquier dogma o cliché establecido para dejar que la vaguedad de sus personajes hable por sí misma. Todo lo contrario; comienza a mover sus directrices en torno a un abyecto cuento paranormal, obligando a sus protagonistas a deambular como títeres inexpresivos por un escenario absurdo y desligado de toda cohesión semántica.

No se abordan los problemas autoritarios, la necesidad de establecer unos límites en la sumisión del subordinado que, por momentos, diera la vuelta a las tornas de forma sibilina para tomar posesión sobre la consciencia y el albedrío de su superior, sin embargo permanece un tedioso respeto jerárquico hasta que se produce el gran incidente. La oscuridad fotográfica ni tan siquiera puede alcanzar un significado absoluto por culpa de que el argumento es totalmente transparente, el fantasma no adquiere ninguna función alegórica, sino que se mantiene como un absurdo acompañamiento para el divertimento de unos personajes que, en su notoria estupidez funcional, ni tan siquiera son capaces de escenificar un metafórico paralelismo reflejo de nuestro mundo real.

Alberto Sáez, El antepenúltimo mohicano

Podríamos decir que Assayas llegó, estrenó y dividió. En el caso de “Paterson” el dejarla reposar unas horas antes de escribir sobre ella no menguó la emoción que me generó la película, y que aún persiste . El caso en negativo, se ha dado con “Personal Shopper”. El reposo no ha moderado la primera reacción tras ver la cinta. Tras la proyección queda la impresión de que el Assayas director ha fallado al Assayas guionista. La historia de Maureen, una joven que trabaja como personal shopper de unacelebrity, se comunica con fantasmas y  que recientemente ha perdido a su hermano, es tan interesante como peligrosa. Era fácil perderle el tono, y en cuanto a guion eso no sucede. Por supuesto que hay ciertas partes que pueden parecer forzadas, pero ya puestos a hacer un acto de fe y creernos al personaje de Kristen Stewart, podemos aceptar las situaciones que se plantean. Lo que falla es cómo se plantean.

Inmaculada Pilar, Videodromo

Personal Shopper es fascinante, misteriosa e inquietante hasta su media hora final, cuando al realizador francés claramente se le escapa la tortuga, no sabe cómo terminarla y somete a Stewart a situaciones muy cercanas al ridiculo que la talentosa actriz sobrelleva con una entereza y unos recursos expresivos encomiables. Más allá de lo frustrante del desenlace, el film claramente no mereció la andanada de abucheos que le prodigaron muchos acreditados en la función de prensa. Algo fallida, es cierto pero llena de riesgo, de ideas y de momentos subyugantes.

Diego Battle, Otros Cines

Aquarius

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Sonia Braga ha llegado a Cannes sabedora del gran personaje que interpreta, de la fuerza con la que lo hace y de lo buena que es “Aquarius”. No es una pose de diva, es convencimiento. Y la reacción de la prensa primero, y del público después, le han dado la razón. “Aquarius” llegado al público, cautivado por el fuerte personaje femenino protagonista y su historia de resistencia.

Mendonça Filho explora a través de su personaje protagonista la fidelidad a los lazos familiares y a uno mismo, y como estos de cada vez son más débiles. También retrata la fuerza de la memoria a través de los objetos. La importancia de la cómoda no es el material del que está hecha, o de su color, sino que reside en los recuerdos que nos evoca. En cierto sentido, “Aquarius” recoge la importancia del recuerdo, con un relato ágil, que culmina con un final portentoso.

Inmaculada Pilar, Videodromo

Un retrato tan sugerente como punzante de un Brasil deshumanizado y corrupto que al igual que “Sonidos de Barrio” parte desde un vecindario o mejor dicho, de lo que queda de él. Clara es el fiel reflejo del alma que al país de Dilma Rousseff (actualmente apartada del poder) le falta. Una esencia necesaria que Kleber Mendonça Filho la construye desde una imponente factura formal, desde un montaje que ante todo se siente ágil y armónico y desde un sentido del humor que se antoja tan audaz e inteligente como definitivamente valiente. Dará que hablar, no en vano, estamos ante uno de los grandes fenómenos del año.

Joan Sala, Filmin

Como la película alemana (Toni Erdmann) y como el hermoso poema vital de Jim Jarmusch (Paterson), Aquarius pertenece a un tipo de cine que busca la verdad de sus personajes sin afectación y sin pose, que hace de la transparencia y de la sencillez expositiva armas decisivas (fruto de una notable conquista fílmica) para conseguir atrapar los sentimientos y las emociones de sus personajes sin engolar nunca la voz y sin ponerse trascendentes. Claro que, en este caso, ese pequeño milagro es posible porque delante de la cámara hay un actriz del todo excepcional, capaz de otorgar a su personaje una veracidad que traspasa la pantalla, una trastienda que nos habla de la rica existencia vivida por una mujer que ha derrotado al cáncer gracias a su poderoso impulso vital y unas raíces profundamente ancladas en lo más humano y terrenal de la vida cotidiana, ligada siempre para ella a los valores de la honestidad y de la entereza. Una interpretación que se merecería, con honores, el premio a la mejor actriz.

Carlos Heredero, Caimán cuadernos de cine

Hell or High Water

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Mackenzie insufla a la cinta de una energía extraordinaria, con una narración frenética pero bien calculada que combina acción, momentos reflexivos y humor sin perder nunca el sentido extremadamente lúdico de su propuesta, que asimila recursos del thriller y el cine policiaco. Además de adaptar el western a un relato contemporáneo que retrata personajes creíbles de nuestro tiempo, con motivaciones con las que es fácil empatizar sin justificar del todo sus acciones. Una ambigüedad moral que le otorga legitimidad a un discurso bien desarrollado dentro de los parámetros definidos y potencia su faceta dramática tan basada en sus personajes protagonistas y el destino trágico que les acecha en cualquier esquina o giro en la carretera. Carreteras que transitan un paisaje extraño, que es ahora el de una civilización en decadencia en la que el saqueo y la destrucción responden a los intereses de unos conquistadores invisibles que ya lo poseen todo.

Ramón Rey, VOS Revista

Con un elevadísimo ritmo narrativo y un montaje muy dinámico, fundamentado por planos rápidos y la estimulante banda sonora de Nick Cave, el director nos atrapa desde los primeros segundos de metraje para no volver a soltarnos gracias, en gran medida, a un estupendo guion que consigue mantenerse elocuente y cómico en todo momento.

El diálogo y las acciones mantienen una coherente correlación y una atractiva intensidad que no pierde fuerza ni desfallece en ningún momento hasta que, con tremendo laconismo, un disparo desafortunado nos avisa de que el juego ha terminado. (…) De pronto todo ha dejado de tener el inapelable sentido original, el concepto de hermandad y fraternidad se destruye, como también lo hace el de justicia en el mismo momento en el que una bala se introduce en la cabeza de un inocente ajeno al conflicto. Se pierde aquí la original limpieza del western clásico, protector incansable del civil americano, mientras se aporta una feroz dosis de realismo que, eso sí, no ha perdido su trascendente romanticismo.

Alberto Sáez, El antepenúltimo mohicano