Último día de Sección Oficial, será esta misma tarde cuando conozcamos los premios, y como suele ser habitual en Cannes, el último día lo acaba por la puerta grande con películas de esas que entusiasman a la crítica, pero que al final se quedan sin rascar nada (que se lo digan a Drive, Mud o La venus de las pieles, encargadas de cerrar la competición los últimos años), vermos si este año se sigue cumpliendo la tradición. Ha a acabado con dos nombres de peso, el francés Olivier Assayas y el ruso Andrei Zvyagintsev (apunten este nombre, que este señor, que les sonará algo desconocido ha firmado dos obras tan portentosas como El regreso y Elena). Y por lo general el resultado ha sido bueno, hasta entusiasmador se podía decir. Este año lo que falta es una favorita claro, y se agradece, así que veremos que es lo que acaba decidiendo el jurado esta misma tarde.

Sils Maria de Olivier Assayas

Sils Maria

Una película que es capaz de citar, textualmente, a Klaus Kinski, los X-Men, Lindsay Lohan y Baltasar Gracián tiene que ser sensacional a toda costa. Y Assayas, hijo de director y guionista, excrítico de Cahiers du cinéma, y creador de obras tan redondas como Finales de agosto, principios de septiembre y Las horas del verano, sabe de lo que habla. Un cerrado aplauso final la coloca en el amplio abanico de favoritas, sobre todo en lo relacionado con su labor de guion.

Javier Ocaña (El país)

Pero el director no se conforma con esto. Quiere más. El escenario es demasiado complejo y brillante para dejar pasar la oportunidad de reflexionar, por ejemplo, sobre el propio proceso creativo. Cuenta Assayas que hace ya 20 años que trabajó por primera vez con Binoche. Y en su afirmación descubre que en su propuesta también habita una reflexión sobre su cine o, mejor, sobre el propio cine.

Luis Martínez (El mundo)

Assayas ha hecho la película para que se luzca Binoche, cosa que una actriz como ella aprovecha y se come hasta el rabillo de esa fruta, pero la que realmente le da vida a la película, la que ejerce de Eva Harrington sin querer, la que empuja por las escaleras del plano a la estrella es Kristen Stewart, que naturalmente no es vista por nadie y deja la película sin que ni siquiera el director parezca darse cuenta. Ya sabíamos lo que era capaz de hacer Juliette Binoche con un rayito de sol en su cara, pero tiene mucha, mucha más gracia lo que hace la «simplísima» Stewart con un par de dioptrías, una tuerca tatuada en el antebrazo y una idea revolucionaria de cómo se interpreta a un superhéroe. La película, en realidad, tiene más apariencia que meollo, justo lo contrario que Kristen Stewart, con más meollo que apariencia.

Oti Rodríguez Marchante (ABC)

Hay que reconocer que la invitación suena tentadora… y conviene dejar claro que el trayecto, es todo lo contrario. Y es que ‘Sils Maria’ es uno de estos filmes tan bien meditados y rumiados; y ejecutados con tanto cuidado, que a buen seguro no va a poder apreciarse en toda su inmensidad (por decir algo) hasta mucho después de su primer visionado.

Víctor Esquirol (El séptimo arte)

Juliette Binoche ha cerrado la sección oficial a concurso con una inmensa interpretación de una actriz madura que se enfrenta al paso del tiempo y al declive de su carrera en ‘Sils Maria’ del director francés Olivier Assayas. Es la última de las 18 películas que aspiran a premio, y que pese a ser demasiado verbal y teatral, resulta una certera reflexión sobre la dolorosa llegada de la madurez, el cine y sus peajes en el mundo actual.

María Guerra (La Script)

Sils Maria parece avanzar hacia una especie de revisión de Eva al desnudo, pero a Assayas no le interesa la cuestión del relevo de poder, sino únicamente la erosión de la edad, cuando el tiempo nos convierte a todos en otros diferentes de los que fuimos. El ser frente al devenir.

Ángel Quintana (Caimán Cuadernos de Cine)

Una relectura de un clásico de Hollywood de Joseph L. Mankiewicz sobre la corrupción moral y la inquina femenina. Metacine y metalinguismo en tiempos de reboot, de intelectualización del blockbuster y de constante tributo a los viejos ídolos, con su nostalgia y su anquilosamiento temático para una obra que nos ha parecido desequilibrada, obvia e interesante. La ficción se escurre de entre nuestros dedos entre rodajes y prácticas de interpretación de guiones sintomáticos, y el desdoblamiento de roles y papeles, de las distancias entre los dos personajes principales, acaban por abrumar nuestra mente mientras, hay que decirlo, una mediocre dirección y un nefasto montaje nos sacan de un juego que no levanta el vuelo a pesar de tener un guion a su favor.

Esther Miguel (Videodromo)

Leviathan de Andrei Zvyagintsev

"Leviathan" Premiere - The 67th Annual Cannes Film Festival

Un trabajo imponente a base de planos casi fijos de enorme carga simbólica, en el que se cita explícitamente el mito bíblico del Leviatán, asociado a la figura de Satán (¿es el alcalde, es el propio protagonista, es Rusia como poder maléfico?), y, sin citarlo, al Leviatán de Hobbes, que también suele verse como una justificación del estado absoluto, sin separación de poderes (¿otra denuncia de la Rusia actual?).

Javier Ocaña (El país)

El cine de Zvyagintsev se alimenta de la perfección. Cada plano es medido hasta el agotamiento para alcanzar el don de la transparencia. Y es ahí, en el contraste que produce ver una vida corriente y sucia a través de la claridad de una puesta en escena milimetrada, donde surge la posibilidad misma de la parábola. Si se quiere, se trata de anular la anécdota, lo accidental; de alcanzar, en definitiva, la herida del tiempo.

Luis Martínez (El mundo)

A Zviaguintsev se le va la película al borde de un precipicio, cambia el «western» por el cine psicológico y el discurso de lo digno por el de la iglesia ortodoxa. No es raro liarse con las intenciones del director ni con las de los personajes.

Oti Rodríguez Marchante (ABC)

Parece que para Zvyagintsev el pasado socialista del país sólo se hubiera mantenido incólume en los feos retratos de los líderes de antaño, alguien con los que practicar el tiro, tras la ceguera sobrevenida por el exceso de vodka. Una mirada en definitiva, tan excepcional en lo artístico como afinada en lo político.

Martín Cuesta (Cinemaadhoc)

El triunfo del experimento es incontestable: es gran cine concebido como, precisamente, grandísimo cine. En este caso, no hay decepción que quepa, si acaso la leve (levísima) queja de un último acto excesivamente alargado. ¿Que así se han podido disparar más puñales a las instituciones más risiblemente sagradas de un país que se está pudriendo por dentro? Pues sí, pero a veces es preferible la precisión (que la hay, ojo) a la saturación de disparos (que también, y más aún).

Víctor Esquirol (El séptimo arte)

Zvyaginstev construye la película como un drama con interpretaciones de gran potencia, con tejido narrativo en que nada es evidente, marcado por dos sobresalientes elipsis. Al final surge una reflexión sobre la idea de verdad en la sociedad contemporánea pero también un cruel retrato de la porquería que hay en la Rusia actual. La Iglesia ortodoxa bendice a los mafiosos, mientras los desheredados del sistema no encuentran ningún asidero frente a un mundo en que bajo la invocación de Dios todo gesto corrupto es permitido. La película es muy potente, pero en ella hay un tono excesivo de gravedad, marcado por el uso de las parábolas, que le otorga un nivel de pretensión que no la acaba beneficiando.

Ángel Quintana (Caimán Cuadernos de Cine)

Leviathan pertenece a esa clase de cine de autor tan pendiente de su carcasa que no deja lugar para el asombro. Su estética pretende ser apabullante, emplea hasta la extenuación el recurso del amanecer y el anochecer, la expresividad de la naturaleza en su estado más salvaje, básicamente un rugir de olas que puntúa cada una de sus etapas. Se trata de la imagen más obvia para representar la convulsión del mundo.

Javier H. Estrada (Caimán Cuadernos de Cine)

El film emerge así, de forma explícita, como una prolija y desasosegante metáfora de un país en irremediable descomposición, sin que el cineasta encuentre prácticamente ningún elemento, ni ningún personaje, en los que depositar un mínimo de esperanza. Algo enfática en ciertas ocasiones, quizás demasiado larga y no siempre igual de eficaz, Leviathan disecciona el cadáver de Rusia hasta dejarlo exactamente como el de la ballena cuyo esqueleto yace varado en una playa mortecina del Mar de Barents, a cuyas orillas se desarrolla este demoledor relato.

Carlos F. Heredero (Caimán Cuadernos de Cine)