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Tenía unas ganas locas de ver esta película. La verdad, ni yo sé muy bien por qué. No he leído la obra original de Tomas Pynchon, no soy muy seguidor del cine de Paul Thomas Anderson y ni siquiera había visto el tráiler. Pero esos maravillosos posters hicieron extremadamente bien su trabajo conmigo. Años 70, psicodelia, luces de neón y un elenco que prometía un derroche de extravagancia sin igual. Puro vicio es todo esto y mucho más. Ante todo, es un viaje. Un expreso directo a una época y un lugar que, probablemente, no hayas podido conocer. Un mundo de extremos en el que el patetismo y la paranoia conducen los actos de unos personajes propios del esperpento que terminan por monopolizar la atención. Puro vicio empieza de golpe, in media res, con las relaciones forjadas y un rico trasfondo que genera los acontecimientos. Y lo mejor de todo es que no se toma la molestia de explicar nada, porque no lo necesita. La historia comienza cuando lo hace el nuevo “caso” de Doc Sportello y, a partir de ahí, fluye entre los diálogos, los lugares y las situaciones que vemos en pantalla. Que vemos, pero no entendemos. Porque llega un punto en el que nos damos cuenta de que somos forasteros en ese mundo, visitantes que no comprenden con exactitud lo que está ocurriendo porque no es el lugar al que pertenecen y no están hechos al tipo de drogas que esos tíos consumen sin parar. Pero da igual. Porque lo que nos interesa ya no es la trama, es el ‘¿qué vendrá ahora?’, la siguiente caricatura que se unirá a Doc y la próxima paranoia (o no) que llenará las imágenes en pantalla.

Así las gasta Paul Thomas Anderson. Un All-in en toda regla que termina con él recogiendo todas las fichas de la mesa ante la cara desencajada de los espectadores. Pero una considerable parte del mérito la tienen los actores. Joaquin Phoenix es de una pasta especial. Desde el primer minuto llena de vida a un antihéroe memorable, un personaje icónico del que es muy fácil quedar fascinado. Me permito un apunte freak para resaltar lo mucho que le veía como Bigby Wolf, el protagonista de los cómics Fábulas, un investigador que tiene que ver con Doc Sportello mucho más de lo que parecería a simple vista. El resto, un plantel de secundarios de lujo como Owen Wilson, Benicio del Toro, Martin Short y Reese Witherspoon con papeles de esos que yo me pegaría por conseguir. Sin olvidar, por supuesto, a un Josh Brolin comodísimo encarnando a “Bigfoot” Bjornsen, un detective cuyo constante tira y afloja con el protagonista evoca a la relación entre Elmer el Gruñón y Bugs Bunny con guiños que van más allá del recurrente ‘What’s up, Doc?’.

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Mención aparte merece la formidable banda sonora. Esta era la mención aparte.

Con todo esto, Puro Vicio no es una película fácil de ver. Es compleja, larga y rebuscada y, seguramente, gran parte del público no consiga introducirse dentro del peculiar universo que se presenta. Pero esto no hace sino aumentar su valor como película porque no se esconde ni se traiciona a sí misma en ningún momento. Es fiel a la estética, a la historia y al tiempo del que habla. Y lo luce con orgullo durante las casi dos horas y media que dura. Quizás sea pronto, pero tiene todos los ingredientes para convertirse en una película de culto y que, de entrada, me ha dejado con muchas ganas de volverla a ver. En serio, no la dejes pasar. Da una buena calada.

4.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Inherent Vice Director: Paul Thomas Anderson Guión: Paul Thomas Anderson Música: Jonny Greenwood Fotografía: Robert Elswit Reparto: Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Katherine Waterston, Owen Wilson, Reese Witherspoon, Benicio del Toro, Joanna Newsom, Martin Short Distribuidora: Warner Bros. Fecha de estreno: 13/03/2015