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Los años pasan y la vida evoluciona, junto a ella el cine, el cual tiene la curiosa virtud de ser una mancha eterna sobre el momento que vivimos, una muestra de todo lo que vemos, hacemos, pensamos, opinamos, creemos y esperamos, la forma de crear nuestra marca para las próximas generaciones. El cine y la vida del día a día van de la mano, y al igual que en nuestro mundo contemporáneo hemos evolucionado hasta el punto en el que la globalización y la mezcla de géneros y razas es prácticamente absoluta, el cine lo ha hecho de igual manera, y ha ido, paulatinamente, abandonando la segregación de géneros cinematográficos marcadas por los grandes estudios y ha ido, cada vez más, mezclando esos mismos géneros para formar el mestizaje que conocemos hoy por cine. Uno de los ejemplos más claros es el cine negro, el cual se daba por muerto con la aparición del color en las producciones y qué, según algunos estudiosos del cine, marca su punto y final en 1958 con la película Sed de Mal, de Orson Welles. Pero qué curioso, en 1974 aparece Chinatown de Polanski y parece ser que el cine negro no estaba del todo muerto. Esa película fue el inicio de un nuevo viaje para el film noir que pasaría por muchos estados, cambios, simbiosis y que sigue provocando debate hoy en día para entender su significado.

Antes de entrar de lleno en la respuesta al misterio que esconde el neo-noir, refresquemos la memoria con las particularidades básicas del clásico cine negro: un ambiente y entorno oscuro, sombrío, al cual el personaje se ve abocado por su trabajo, normalmente como detective o investigador, el cual usa su ingenio para poder salirse con su plan, normalmente narrado por sus pensamientos en off. Son representativas también las figuras de la femme fatale, el gánster o el policía honrado, y todo aquél que actuaba de una manera de dudosa ética, no tenía otro destino que el de la perdición. No entraremos en muchos detalles, pues mi compañero Juanma explica muy bien lo que es en esencia el cine negro en su artículo, del cual aprovecharé una cita: “Hay dos corrientes sobre el cine negro, los que opinan que es un género que se ha ido adaptando a lo largo del tiempo y los que dan por hecho que es un género muy concreto.” En este artículo vamos a hablar de lo primero: el cine negro no se quedó anclado en una etapa, no tiene por qué responder a una sola época o unos solos elementos visuales o unos arquetipos cerrados.

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El noir se ha ido adaptando durante años con nuevas visiones y ha adoptado la actitud mencionada del mestizaje cinematográfico. Pero todo esto se explica mucho mejor con ejemplos:

Imaginad una película en la que tenemos a un protagonista principal cuyo trabajo es el de investigar y perseguir a unos individuos que pueden ser una amenaza para la ciudad, una ciudad oscura y sombría en la que está constantemente lloviendo o nunca es de día (no al menos tal y como se nos presenta en imágenes), llena de callejones y rincones dejados de la mano de dios, junto a una presentación visual de claroscuros, rendijas de persianas y luces parpadeantes. Nuestro personaje principal busca e investiga usando su ingenio y capacidades físicas la resolución de su caso, y la aparición de una mujer femenina que podría estar manchada de la misma forma que lo están a quienes persigue nuestro protagonista hace que cada vez se adentre más en ese mundo y se vea obligado a huir. ¿No suena como unas premisas que podrían encajar perfectamente en el cine negro clásico? Hablamos de una película de 1982 llamada Blade Runner, cuyo envoltorio a todo lo explicado anteriormente es un mundo de ciencia ficción de coches voladores. No persigue a hombres, persigue a replicantes, pero la esencia es la misma que hace gala la mayoría del género. ¿Pero no se suponía que la película de Ridley Scott era una distopía ciberpunk? Sí que lo es, pero también es cine negro en estado puro. Es el ejemplo perfecto de la unión de géneros cinematográficos que da justificación a la teoría de que el llamado neo-noir no es, sino, puro cine negro adaptado al mestizaje del cine de géneros.

Otras de las discusiones frecuentes suelen ser si el cine de gánsteres y el thriller entran dentro del noir. Este tema suele ser más peliagudo, ya que con los años se han ido separando como géneros independientes, pero no podemos olvidar la génesis de esos conceptos en el cine (que no en la literatura). ¿Qué sería el cine negro sin películas como El Enemigo Público de William A. Wellman, Los violentos años 20 de Raoul Walsh, o la mismísima Scarface de Howard Hawks? ¿O nos vamos a olvidar también de que el thriller como concepto es un pilar importantísimo en el desarrollo del noir cinematográfico? Ideas que apoyaban al suspense creado por Hitchcock tienen como base, muchas veces, la intriga del cine negro (aunque ese sería otro tema a discutir). La figura del malhechor es necesaria en el noir: ya sea por un protagonista que se convierte en él o en un personaje que ya lo era, el crimen organizado es un aspecto importante en el género. Si bien es cierto que filmes como El Padrino solo tendrían de noir la estética en ciertos puntos concretos, no entraría en ello, pero podríamos llegar a considerar cine negro películas como Muerte entre las flores, American gangster, o incluso Uno de los nuestros (el cine de Scorsese sería algo muy apurado y que estaría en la línea que separaría el cine de gánsteres como propio género), cuyos exponentes máximos son el crimen como protagonista y todas ellas tienen elementos del noir clásico como puede ser el arquetipo de personajes, la figura de la femme fatale, el entorno urbano y corrupto o varios de los elementos estéticos. Respecto al thriller, preguntémonos si una película como Seven es un thriller policíaco o es cine negro. Es más, si nos preguntamos qué es el cine policíaco nos será difícil definirlo sin recurrir al origen en el cine negro. ¿Por qué no iba a serlo si tenemos las figuras de los investigadores, la investigación en sí, una ciudad teñida de claroscuros y un entorno urbano y agobiador? Incluso podría decirse que el final recuerda en parte al mítico en Chinatown. Siguiendo con Fincher, Zodiac no deja de ser toda una película de investigación con no uno, sino dos personajes (uno de ellos protagonista) que acaban en lo más profundo del hoyo personal por la búsqueda de respuestas a una serie de asesinatos. Las películas consideradas como thrillers pero que tienen los elementos del cine negro clásico es muy amplia, con ejemplos como Memories of murder, El secreto de sus ojos, Drive, Shutter Island, Brick, El escritor, Red de mentiras… Incluso películas como El caballero oscuro, Sin City o Collateral llegan a ser colocadas dentro de este grupo.

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La lista es larga e incluso discutible, pero también es indiscutible que hay elementos que posicionan a todas ellas en un género que ha seguido perdurando durante años, ya sea en forma de estructuras claramente clásicas como en L.A Confidential o Sangre Fácil, o con sucedáneos que han dado vidilla a discusiones durante años sobre qué entra dentro del noir clásico o qué colocamos fuera. Para solucionar tal problema se juntó a todas aquellas sobras que daban dolores de cabeza en una especie de género propio, el neo-noir, un género que no es cine negro, pero que a la vez, es cine negro en su esencia. La respuesta a tal problema no se encuentra en este artículo, ni en los libros, sino en nuestra concepción propia sobre los géneros en una época en la que el cine no va por estratos, sino por la mezcla de capas. Nuestro trabajo como estudiosos del cine es el de jugar con la filosofía y preguntarnos qué es el cine negro. ¿Los policías forman parte, o eso es otra corriente? ¿Es más importante tener en cuenta la estética que la temática de la película? ¿O es solo cuestión de personajes y arquetipos? Nuestro trabajo como espectadores no es otro que el de disfrutar, tenga las características que tenga, de ser atrapado por una película cautivadora y arrebatadora. Esa es la gran baza del noir, y por suerte no entiende de géneros ni de épocas.