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El ecuador del festival de cine independiente americano de Barcelona ha sido bastante reconfortante con propuestas no muy variadas, pero si agradables de ver.

El primer paso lo hacemos para ver Digging for Fire, película de un director con bastante bagaje a sus espaldas, Joe Swanberg. La película es un nuevo retrato de las crisis matrimoniales entre jóvenes treintañeros, en este caso de una pareja con un hijo de tres años que van a pasar una temporada de una casa en la montaña. Durante su estancia, descubren enterrados en el jardín un hueso y una pistola, y la separación durante horas de ellos dos hace que sus caminos se conviertan sean dos aventuras totalmente distintas y reveladoras. Tengo una extraña flaqueza con este tipo de películas, y es extraña porque, según dicen, para poder comprender realmente este tipo de historias has tenido que pasar por esa edad o esa situación de la búsqueda del camino hacia lo que uno mismo busca, lo que conlleva comenzar una familia o decidirse a quedarse solo a una edad en concreto. Yo les digo a todos ellos que es una tontería, pues se trata de empatía con los personajes y de comprender de qué narices están hablando, y en Digging for Fire todo está tan bien llevado que no es nada difícil poder adentrarte en las dudas de la pareja, en sus inquietudes, deseos y pensamientos de fracaso personal. La película entra en el grupo de cine sencillo, amable y sin complejos, un buen rato lleno de sorpresas, entretenimiento, diversión y buenrollismo. Muy buena propuesta necesitada en un festival de cine independiente: película pequeña, gran resultado.

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Saltamos de género después de muy buenas sensaciones para hablar de una de las películas que más han alimentado la comidilla cinéfila de internet: The Invitation. La flamante triunfadora en Sitges repite en otro festival más por si alguien no la había visto aún, pues ya no hay más excusas para no verla hasta en la sopa. La película de la directora Karyn Kusama comienza con el tópico de la clásica reunión entre amigos en una casa apartada años después de una gravísima tragedia, pero nada es lo que parece y todo da un giro que van plantando fantásticamente bien durante la película. No definiría The Invitation como una película de terror, más bien es una película inquietante, la sensación de agobio y tensión es gigantesca, y sabes en todo momento que va a tener lugar el giro que te estremezca definitivamente. Bajo una puesta en escena soberbia, una planificación envidiable y un crescendo asombroso, la directora da una verdadera lección sobre angustia e incertidumbre, aunque la parte final no sea del todo satisfactoria, pues la revelación de lo que hemos estado aguantando no explota como debería o, mejor dicho, como se desearía, y te deja algo insatisfecho. Por suerte, la sensación se disipa a las pocas horas y uno se queda con todas las magníficas virtudes que tiene el film.

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Pero dejémonos de terror e intriga, queremos pasar de nuevo un buen rato en el cine, y qué mejor oportunidad que meterse en una película en la que salga el genial Jemaine Clement. People, Places, Things, la protagonista de la inauguración del festival, narra la búsqueda de la estabilidad y felicidad de Will Henry, un introvertido escritor de cómics recién separado de su mujer, y lo hace con una pasividad apabullante. Y es que todo lo bueno de la película de James C. Strouse pasa por un personaje muy bien definido y un actor que le da la vida que necesita. Como retrato de la pasividad amorosa y la inquietud identificativa funciona de maravilla, y como comedia funciona de forma ligera y fácil de digerir. No parece tampoco tener una gran pretensión, pues es una película simple y sencilla, pero como en el caso de Digging for Fire, en su simpleza reside su inteligencia y elocuencia. Es de agradecer ver cine así de vez en cuando.

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La última ronda de la noche (acompañada de una cerveza gratis, desde aquí doy gracias al festival por ello) es para The Overnight, película de Patrick Brice con un reparto muy interesante formado por Taylor Schilling, Adam Scott o Jason Schwartzman. Una pareja se muda a California y decide probar amistad con un matrimonio que parece tener más intenciones ocultas de las que aparenta. La película, una de las más prometedoras del festival, consigue el que creo que es su propósito: hacerte reír a carcajada limpia. Pero parece ser que algo no cuadra, hay algo que no va del todo bien. ¿Es eso un silencio incómodo? ¿Tenía que reírme ahí? ¿Tan larga es la película? Para contestar en orden: sí, no, y “tu mente te ha jugado una mala pasada”. The Overnight acaba siendo una broma muy bien planteada que se alarga innecesariamente, y no parecen 79 minutos, pues se acaba haciendo reiterativa y se convierte en una auto-parodia que no funciona del todo. Te saca una buena risa, tiene puntazos “gamberros” que gustan y funcionan, pero la sensación agridulce aumenta a cada escena, y la risa se va convirtiendo en sonrisa, para pasar a una incomodidad que, créanme, ha sido digna de ver. Seguramente el gran mérito de la película sea que, siendo poco inspirada e ingeniosa, consiga hacerte pasar (al principio) un buen dolor de mandíbula.