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Los críticos presentes en la Berlinale han encontrado por fin las propuestas más interesantes (y a la vez, sorprendentes) del festival en su sexta y séptima jornada. En el sexto día, nos encontramos Chi-Raq, cinta que Spike Lee adapta con fortuna a Lisistrata de Aristófenes; Genius, film británico protagonizado por Colin Firth, Jude Law y Nicole Kidman basado en la novela biográfica de A. Scott Berg sobre Max Perkins, editor de Hemingway y Faulkner; y la interesante Soy Nero del iraní Rafi Pitts.

En el séptimo día, nos encontramos con La comuna, dirigida por el danés Thomas Vinterberg que ha causado multitud de opiniones; el documental Zero Days sobre la ciberguerra entre países; y la francesa y poco afortunda News from Planet Mars.

Chi-Raq

Chi-Raq

Ha sabido usar el hip-hop para atacar justo a algunos de sus creadores, los gangsta rap que con la música azuzan la violencia. Lástima que en Chi-Raq intente abarcar demasiados temas y se vaya por las ramas con algunas tramas secundarias que ralentizan la acción. Sin embargo, todavía queda cineasta para rato. Y por supuesto, nadie callará a alguien que jamás tuvo pelos en la lengua.

Gregorio Belinchón, El País

De nuevo volvemos a ver al director que hizo de la ausencia de reglas su marca. Y ello sin renunciar a criterios tan habitualmente denostados como lo cursi, lo estrafalario, el mal gusto, el grito, el panfleto, lo simple y todo lo obvio. La película se maneja como un musical impúdico incapaz de atenerse a las más mínimas pautas del decoro. Todo está ahí para estallar. Lo que no es comedia escatológica es melodrama chillón (gira alrededor de la muerte de un niño) sin reparar ni en gastos ni en el sentido común.

Luis Martínez, El Mundo

Sin duda, la mejor película de Spike Lee en mucho, mucho tiempo. Es difícil entender por qué no está en sección oficial siendo esta tan mediocre, pero tal vez sus agresivas cargas de profundidad contra todo lo que se mueve, sea negro, blanco o mestizo, sea el principal motivo. No es, por supuesto, una película perfecta: su enloquecido desbordamiento, la falta de equilibrio entre los discursos de predicador y la sátira contra la hipocresía racial, lo impiden. Sin embargo, es creativa y provocativa, reivindica el lenguaje en verso del rap como derivación de la dramaturgia griega, y sabe proyectar el poder del cambio en un puñado de luminosas figuras femeninas, empezando por Teyonah Parris, una nueva Foxy Brown.

Sergi Sánchez, Fotogramas

Spike Lee confiere de una gran energía a la narración durante todo su metraje, en un audaz ejercicio de sátira certera y muy divertida desde el empoderamiento de la mujer, que no se compromete nunca y se declara abiertamente activista desde el primer momento. En el proceso no sólo toca el ciclo de la violencia dentro de la comunidad afroamericana, sino también en el racismo en las instituciones y en un legado cultural todavía sin superar.

Ramón Rey, VOS Revista

Pues bien, cabe destacar que, con la cínica, enérgica e inevitablemente simpática Chi-Raq, Spike Lee ha vuelto por sus fueros, llevando a su inconfundible terreno un discurso semejante al anteriormente articulado por obras tan carismáticas como inolvidables.

Con un primer acto tan formalmente potente como discursivamente hilarante, y a pesar que durante el segundo y el tercero se desinfla un tanto, Spike Lee se adentra en el drama social ensalzando el black-power con la guerra de sexos desde un registro estimulantemente satírico y audazmente irónico (…) Quizás, obviar el registro trascendental o el thriller social para penetrar de lleno en la comedia paródica (incluso musical) sea la mejor opción para llegar a un público mayor. Bienvenida sea.

Joan Sola, Filmin

Genius

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La idea es reflexionar sobre los escondidos procesos de la creación, sobre la importancia de los hombres importantes que se mantienen ajenos a la enfermedad de la importancia y, ya puestos, sobre el propio concepto de autor. Importante sin duda. El resultado, sin embargo, es otro y mucho menos interesante que la declaración de principios de la propia película. Lo dejamos en biopic decente, pulcro y muy aseado. Y poco más.

Luis Martínez, El Mundo

Hay películas británicas -que no por casualidad están dirigidas por directores de teatro de prestigio- que están cortadas por el mismo patrón. El discurso del rey, The Danish Girl y ahora este Genius pertenecen a esa categoría. Historias que se reclaman verdaderas y que pretenden registrar la trascendencia de la vida de un personaje real para mitificarla. Michael Grandage hace lo propio con Thomas Wolfe. Todos los tópicos del escritor ‘bigger tan life’ están en la interpretación, un tanto desbordante, de Jude Law. La prudencia de Colin Firth lo tiene fácil para brillar en una película olvidable.

Sergi Sánchez, Fotogramas

Una propuesta humilde y de tono ligero que resulta lo suficientemente divertida y conmovedora en el homenaje a esa colaboración de naturaleza indudablemente artística que se crea entre un escritor y su editor (interpretados por unos espléndidos Jude Law y Colin Firth), las dinámicas que se generan entre ellos cambiando también su manera de percibir cómo debe ser no sólo la literatura sino también su concepción del mundo y la conexión tanto intelectual como personal que acaba emergiendo.

Ramón Rey, VOS Revista

De modo que instantáneamente, tanto las buenas actuaciones como la estructura misma de Genius se tambalean de forma evidente. No se me malentienda: esta no es una película deficiente, ni mucho menos. Este es un producto de proyección hollywodiense elevada, que emplea a algunos de sus actores más sólidos —y rescata a Nicole Kidman del ostracismo en el que se encontraba desde Stoker, hace algunos años— para hacer un retrato sociocultural de los años 20 y 30 en EE.UU. a través de sus escritores. Sin embargo, no tiene ninguna aspiración artística o técnica, ninguna ambición en romper cánones. Se adhiere al conformismo más inmobilista para llegar al público ocasional, que no ha leído ni leerá El gran Gatsby, pero que saldrá del cine con una sonrisa.

Luis Enrique Varela, El antepenúltimo mohicano

Soy Nero

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Soy Nero es la historia de uno de estos hombres; un hombre condenado a la continua deportación; siempre a la carrera en tierra de nadie. A un lado la tosquedad de una propuesta que no consigue trascender la simple y clara exposición de los hechos, nos quedamos con el dato, con la información que desconocíamos. Con eso y con la vocación de un cine de enseñar la más elemental de las injusticias: el trazo de las fronteras entre ricos y pobres (cada vez más las dos cosas) como señal inequívoca de que nos hundimos. Es así.

Luis Martínez, El Mundo

El iraní Rafi Pitts organiza la película en cuatro grandes bloques, separados por sendas elipsis. Es una buena idea: por un lado, respeta los tiempos de esos momentos decisivos en la vida de Nero y, por otro, descarta todo lo superfluo de su relato de iniciación, que acaba por terminar en el mismo punto en el que empezó. No subraya la psicología del personaje, simplemente le vemos “estar” en el espacio, querer habitarlo de alguna manera, como si se sintiera permanentemente extranjero en un lugar que no es el suyo. Tal vez el problema sea que su historia no sea tan distinta de las miles protagonizadas por “espaldas mojadas” en el cine, y que el segmento bélico, mayormente dedicado a los tiempos de espera y pérdida en el desierto, es demasiado exigente con la paciencia del espectador.

Sergi Sánchez, Fotogramas

Pitts recurre a una narrativa solo en apariencia desdibujada y hace gala de gran precisión formal. Lástima que sea algo tosco subrayando las metáforas e ironías que el periplo de su protagonista contiene.

Nando Salvá, Cinemania

Soy Nero se pierde al intentar abarcar todos los aspectos posibles del discurso planteado hasta llegar al verdadero origen de la existencia de la película sin satisfacer las exigencias temáticas de ninguno de ellos. Las tensiones con las fuerzas de seguridad, la fricción con la población americana más conservadora y el trucar los caminos por alcanzar una aparente posición dentro de una sociedad que les rechaza son algunas de esas digresiones en las que entra y no desarrolla más que de forma simple.

Ramón Rey, VOS Revista

Una visión de la inmigración como un viaje en el que el ser humano se ve arrastrado por el entorno hacia unas consecuencias que no controla. Acercamiento interesante, sin duda, pero que solo se desprende de una sobreinterpretación de la película y no porque emane de su puesta en escena, que es como debería de ser.

Víctor Blanes, El antepenúltimo mohicano

 

Día 7

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La comuna

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En la película, Vinterberg se conforma con alinear situaciones incongruentes y de una comicidad forzada, que ofrecen un reflejo facticio de la experiencia libertaria. Sus personajes no hacen nada especialmente positivo juntos, si no es bañarse desnudos en el Báltico (una sola vez), participar en interminables asambleas en las que no se decide gran cosa o pelearse por quién paga y quién no paga el alquiler. Más interesante resulta la segunda parte de Kollektivet, cuando Vinterberg se concentra en su protagonista femenina, interpretada por Tryne Dyrholm, surgida de las filas del Dogma y que ya aparecía en Celebración. La actriz logra entender la gravedad del asunto pese a las flaquezas de un guion caricaturesco y hace brillar su retrato de una mujer madura y menos moderna de lo que creía, enfrentada a la cruel experiencia de ser sustituida por una doble más joven.

En realidad, nunca queda muy claro qué ha querido contar el director. ¿Fracasaron las comunas porque romper con la tradición resultaba quimérico, o lo hicieron porque su modelo era intrínsecamente malo?

Álex Vicente, El País

‘The Commune’ reproduce, a su manera, el escenario de ‘Celebración’ y, en sus propias palabras, cuenta la propia infancia del cineasta. Se mirara por donde se mirara, todo eran grandes expectativas. 

El problema es que tanto el planteamiento como la puesta en escena y, apurando, el desarrollo del relato se antoja tan convencional como finalmente hasta intranscendente. Es difícil sacudirse la idea una vez acabada la película de que todo lo visto sea algo más que anécdota. La falta de ambición de ir más allá, de intentar reflexionar sobre la posibilidad o no de otra forma de vivir, de amar o de morir, lastra demasiado una película que, reconozcámoslo, se enfrenta al recuerdo de casi una obra maestra. Y todo esto, cuidado, pese a unas interpretaciones realmente impresionantes. Por trágica, divertidas y su contrario. Por todo.

Luis Martínez, El Mundo

Posiblemente la película más cabreante de todas las candidatas al Oso de Oro presentadas hasta el momento. Mientras retrata a un grupo de cuarentones que durante la década de los 60 deciden vivir bajo el mismo techo, el danés recurre a todo un catálogo de trucos baratos para impactar en nuestras emociones, y la estrategia alcanza su punto culminante en un clímax final que nos ha dejado hablando solos. Vinterberg siempre ha sido un marrullero y un tramposo, pero aquí se supera a sí mismo.

Nando Salvá, Cinemanía

Curiosamente, el director danés no está demasiado interesado en examinar las dinámicas que se generan en ese entorno, que define una década de libertades y utopías que se perdieron en el olvido, sino en desplegar una mirada con tintes moralistas sobre sus efectos en una pareja de mediana edad. No molesta tanto lo convencional del relato sino algunas de las trampas que Vinterberg tiende al espectador para conmoverlo, especialmente un final bastante ofensivo. Por otro lado, no más que el de “La caza”, su anterior atentado contra el buen gusto.

Sergi Sánchez, Fotogramas

Con un brillante aporte de humor negro sostenido desde el subtexto y desarrollada a partir de la subversión del cliché del amor libre en un triángulo amoroso, The Commune analiza el condicionamiento de la gente corriente y su falta de disposición real para deshacerse de los lazos y los límites inculcados por la sociedad. Unos límites que permiten vivir cómodamente y perpetuar comportamientos egoístas, además de tener presentes unas directrices generales con las que saber qué esperar de los demás y orientarse en la reacción que se espera de uno mismo.

Ramón Rey, VOS Revista

Con un humor negrísimo y ácido, el director de La caza ahonda en las serias dificultades que puede afrontar la imposibilidad de implementar individualmente la reformulación revolucionaria, a pesar del signo de los tiempos. La catarsis nunca excede la lógica interna de los personajes (sobre todo los protagonistas, los mejores perfilados), de modo que el final resulta tan verosímil como impactante. Estamos ante el retorno de un director brillante.

Luis Enrique Varela, El antepenúltimo mohicano

Zero Days

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Algunos documentales americanos, que emulan la profundidad y la variedad de fuentes del mejor periodismo de investigación, parecen no entender que, por muy apasionante que resulte el tema analizado –y en este caso lo es: la guerra cibernética como último estadio del apocalipsis a escala global, mucho más poderoso que la nuclear o la biológica-, deberían saber discernir qué puede funcionar en un relato cinematográfico. El volumen de datos que maneja Gibney es enorme, y en algunos casos irrelevante, porque conduce a la redundancia y la confusión. El oscarizado documentalista también se topa con la dificultad de aligerar el formato “cabezas parlantes” y representar lo invisible (un virus informático) una y otra vez. El resultado es a la vez revelador e innecesariamente denso.

Sergi Sánchez, Fotogramas

Gibney no se limita a mostrarnos un hecho escandaloso con el que llevarnos las manos a la cabeza, sino que bucea en sus raíces. Nos da la información precisa, ni más ni menos, para que podamos comprender de dónde ha surgido y entender todas sus ramificaciones. Y así, mientras tanto, va poco a poco introduciendo preguntas, dilemas y reflexiones para que en el patio de butacas vayamos rumiando todo lo que se nos presenta. Pero no solo acierta en su estructura, sino también en cómo lo hace. Intercalando entrevistas, imágenes de archivo y unos sencillos recursos visuales la historia se va desplegando sin prisa pero sin pausa, sin excesivas florituras, directo al grano. Gibney evita la monotonía propia de lostalking heads con un montaje vivo, que combina los distintos testimonios siguiendo la lógica aplastante de sus intervenciones y consiguiendo que no se pisen ni se sientan reiterativas. En definitiva, el manejo de la narrativa del director norteamericano es impecable. Y con todo esto, en ningún momento fuerza o impone una solución, sino que hace una llamada desesperada reflexión.

Víctor Blanes, El antepenúltimo mohicano

Gibney suele ser un documentalista francamente entretenido, porque escoge asuntos morbosos y los investiga a conciencia, y porque luego sabe presentar los datos como si hiciera ficción. El problema es que durante buena parte del metraje de Zero Days habla de asuntos como la manera de detectar malware o el proceso de producción del combustible nuclear, y eso no hay forma de hacerlo entretenido, especialmente si repites algunos datos varias veces para asegurarte que se pilla. La película, en todo caso, resulta muy ilustrativa sobre los nuevos escenarios bélicos: en breve las guerras, asegura, se librarán no en el desierto sino en el ciberespacio, y no con bombas sino con virus informáticos tan invisibles, silenciosos y letales como los ninjas en las películas de Michael Dudikoff.

Nando Salvá, Cinemanía

Con un montaje ágil que equilibra su contenido denso, creando diálogos entre los propios sujetos entrevistados o contrastes de sus declaraciones, material de archivo y las reflexiones profundamente documentadas del director, la refinada estructura del film va de lo aparente y obvio a lo más sutil y tétrico de un mundo que no estaba preparado para estar conectado.

Ramón Rey, VOS Revista

News from Planet Mars

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News from Planet Mars (Dominik Moll, 2016) no es “la comedia francesa del año” (sic) y no porque no lo intente, sino más bien porque lo intenta demasiado. (…) Más bien es una cuestión de que todo esto ocurre a la vez y de manera constante, configurando una película en la que los personajes llevados al extremo toman decisiones narrativamente inconexas en pos del chascarrillo y minimizando así el posible efecto dramático del aspecto más emocional y el trasfondo reflexivo del que intenta dotar al conjunto.

Ramón Rey, VOS Revista

Si Harry, un amigo que os quiere era una variación de Teorema en clave de thriller, Des nouvelles de la planete Mars lo es en clave de comedia absurda. Dominik Moll observa la desestabilización del pequeño mundo de Philippe con cariño y simpatía, aunque los gags que le prepara tienen una gracia bastante limitada y su némesis, tan inspirado en películas como “2 otoños, 3 inviernos”, resulta más bien irritante. Lo que más sorprende es la funcionalidad, por no decir el feísmo, de la puesta en escena.

Sergi Sánchez, Fotogramas

News from Planet Mars acaba abrazando su condición de filme buenrrollista, creado para el regocijo del público medio, entregándose a una aventura final carente de lógica pero que parece haber funcionado entre ciertos sectores. No sería nada raro que cosechara su buen éxito en Francia.

Gonzalo Espinosa, El antepenúltimo mohicano