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El Festival de Sundance, catapulta de las producciones indies norteamericanas, suele entregarnos al año dos o tres películas buenas o notables, que curiosamente suelen coincidir en muchos casos con la ganadora del propio festival. Yo, él y Raquel (la traducción del título merece infinitos artículos aparte) es la última de esta larga lista de aciertos del jurado de Sundance, y también la última de una larga lista de películas generacionales creadas para disfrute de los adolescentes de USA y Europa.

Siguiendo la estela de ese cine indie tan vistoso, repleto de trucos y hechizos visuales basados en movimientos de cámara imposibles, travellings, carismática voz en off y un trasfondo friki, Yo, él y Raquel destaca entre toda la marabunta de películas generacionales como un relato novedoso allá donde hacer algo nuevo parece ser cada vez más complicado. A pesar de que está vestido de relato generacional (y lo es), también es una aproximación en clave de humor negro al cáncer. Y precisamente por tratar esta enfermedad de forma tan humorística, no se adentra verdaderamente en ella hasta el final, en el que abandona la comedia que ha estado intentando ocultar el drama de la película, para soltarlo definitivamente.

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Este cambio no es una traición; es casi necesario, pues dota de trascendencia y emoción (mucha) a una película que podía pecar de ser sólo un mero juguete geek, un pasatiempo para cinéfilos y adolescentes pero que, con él, se convierte en una experiencia mucho más completa, en una película con alma, con distinción, que trata el cáncer  de forma muy refrescante.

Alfonso Gómez-Rejón, su director, ha sabido interpretar a la perfección los códigos del cine independiente norteamericano. Wes Anderson aparecerá en más de una ocasión. Pero también se ha sabido rodear de un elenco perfecto. Cada actor se hace dueño de su papel estupendamente; parecen hechos a medida. Thomas Mann, el protagonista, se revela como un divertidísimo joven actor de comedia; Olivia Cooke y RJ Cyler mutan también en sus personajes. Yo, él y Raquel apuesta mucho con el trío protagonista en tanto que la base de la película debe ser el carisma de estos tres personajes, y, sin duda, acierta de lleno. Acierta tanto en este aspecto que, otros secundarios, que deberían destacar por su excentricidad, lo hacen menos dado que la atención se centra en todo momento en el protagonista o sus dos amigos.

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Aun así, Yo, él y Raquel no está libre de toda culpa. Es una película efectista siempre y sobretodo, muy calculada para agradar a la mayor parte del público posible. Toca códigos de muchos géneros, juega con infinitas referencias de todo tipo y así, claro, es difícil resistirse. No es una película manipuladora, pero quizá sea algo aduladora. En cualquier caso esto no es un hándicap demasiado importante. La sensación de que no está todo inventado en un género tan manido, visitado y revisitado una y otra vez en la historia del cine es muy agradable. Cine limpio y fresco pero que deja huella. La habilidad de Gómez-Rejón para narrar la etapa tan turbulenta de la vida que es la adolescencia es notable. Yo, él y Raquel como ópera prima también lo es.

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Ficha técnica:

Título original: Me & Earl & the Dying Girl Director: Alfonso Gómez-Rejón Guión: Jesse Andrews Música: Brian Eno, Nico Muhly Fotografía: Chung-hoon Chung Reparto: Thomas Mann, Olivia Cooke, RJ Cyler, Nick Offerman, Connie Britton, Molly Shannon, Jon Bernthal Distribuidora: Fox Fecha de estreno: 09/10/2015