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“¿Me ha trolleado, señor Villaronga?” Me pregunté al salir del pase de El Rey de la Habana, que tuve ocasión de ver en el pasado Festival de San Sebastián, y que causó en mí (y, por lo que sé, en algunas personas más) estupefacción e incredulidad, hasta tal punto de no saber discernir si era una comedia voluntaria o involuntaria.

No se engañen, El Rey de la Habana es un drama. O podría serlo si sus escenas no fueran una sucesión de momentos inverosímiles, ridículos y llenos de tópicos y clichés, deformados hasta crear un microcosmos del ridículo, del que la película no puede salir en casi ningún momento. La historia de Reinaldo, un joven mulato cubano bien dotado para el sexo, al que da vida Maykol David, es una sucesión de escenas imposibles, mal planteadas, peor desarrolladas y fatalmente finalizadas, que sirven para hilar una historia imposible sobre la adolescencia y la supervivencia en La Habana de los años 90.

Acompañado de Magda y Yunisleidy, Reinaldo pasará su adolescencia (suponemos, a juzgar por las elipsis de la película) y su paso a la madurez rodeado de gritos, sexo, miseria y pobreza. La descripción de La Habana que aparece en esta película sería descorazonadora si no fuera porque probablemente sea una deformación completamente falsa y parcial de la verdadera Habana de los 90, una deformación que sirva para poder dotar de alguna excusa al desfile de escenas subidas de tono y pasadas de revoluciones que pueblan la película.

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Desde la misma escena inicial la risa nerviosa se adueña del espectador: ¿Cómo se puede convertir una escena marcadamente dramática en un ridículo total? ¿Realmente El Rey de la Habana busca ser un drama? Es importante aclarar esto: Es un drama; un dramón en manos de cualquier otro realizador que hubiera sabido otorgar verdadera profundidad a unos personajes que, sobre el papel, pintaban realmente interesantes. Lo que ocurre es que la ejecución de las escenas es tan sorprendente en algunos casos que, lo que parecía ser una escena con enjundia emocional se convierte en un sketch digno de La Hora de José Mota (el momento “Picasno” me viene a la cabeza como perfecto ejemplo de esto).

Da la sensación de que la película está hecha en gran parte con ninguna gana o interés: el apartado artístico es de piloto automático (podría ser La Habana como podría ser Las Barranquillas); las subtramas y los personajes secundarios se olvidan en cuanto han desfilado por la pantalla, conformando una película sólo de tres, ¡Y qué tres!: Probablemente el trío más loco de la historia del cine.

Como comprenderán, esto último es una exageración, pero se necesitan adjetivos exagerados para definir este cine exagerado y pasado de vueltas (en todo el mal sentido de la expresión); cine que pretende ser un apocalipsis emocional y vital, que pretende narrar la adolescencia en La Habana como una experiencia intensa a más no poder, pero que de tanta exageración se convierte en un espectáculo ridículo, tan ridículo que a veces ni lo parece, hasta que uno se da cuenta, estupefacto, de lo que acaba de ver.

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Ficha técnica:

Título original: El Rey de la Habana Director: Agustí Villaronga Guion: Agustí Villaronga Música: Joan Valent Fotografía: Josep María Civit Reparto: Maykol David, Yordanka Ariosa, Héctor Medina, Ileana Wilson, Chanel Terrero,Jazz Vila Distribuidora: Filmax Fecha de estreno: 16/10/2015