Que se hagan comedias protagonizadas exclusivamente por mujeres ya es un logro, ya que este género habitualmente las relegaba a ser objetos de “deseo” y perversión cachonda de los protagonistas masculinos. Por eso la pura valentía a la la hora de realizar films como estos, ya es un regalo como punto de partida, aunque en esta ocasión su secuela sirva más para reivindicar la intención y admirar a su predecesora Malas madres (2016), Jon Lucas y Scott Moore, que para valorar sus pocas innovaciones.

Los directores y colegas Jon Lucas y Scott Moore dieron un sonado y memorable golpe en la mesa cuando hace apenas un año escribieron y dirigieron una comedia que más allá de su notable calidad fílmica, sirvió para reivindicar un puesto de justicia para las mujeres en el género de la comedia. Un género que hasta el momento había sido exclusivamente dominado por hombres a los que se les permitía ser soeces y gamberros, mientras que las mujeres a su discreto segundo plano, parecían no sangrar si las pinchamos. Además de su agradecida premisa, Malas madres (2016) resultó ser refrescante, hilarante y con un alma de base que demostraba que las mujeres (cuando se las deja) son capaces de eclipsar a sus compañeros hombres en cualquier género y forma. Por ello era de esperar que su lógica secuela llegará en cualquier momento, lo que nadie esperaba es que fuese tan deprisa y tan a prisas, que muy probablemente esto les haya pasado factura.

El gran desmadre llega con el mismo equipo técnico y artístico al frente, y con la misma buena intención de su predecesora, de dar visibilidad y justa representación cinematográfica a esas mujeres que no se corresponden con el estereotipo de “madre perfecta” con el que nos bombardea la publicidad, el cine, las marcas y la religión, (por supuesto que siempre la religión tiene gran culpa de muchos de los males de nuestra actualidad). Para fundamentar los cimientos de esa continuación y proseguir con su evangelizadora premisa feminista, sus creadores trasladan  la acción  a la época del año (posiblemente) más autoexigente, estresante y desquiciada para una madre como son las navidades.

Una razón de base con la que ya se puede decir que tenían media película hecha, el problema por así decirlo, viene dado porque a la hora de planificar esta comedia gamberra parecen haber perdido en cierta manera ese foco que funcionaba tan bien en su predecesora y que asentaba las bases de un nuevo estilo de comedia americana. En El gran desmadre, todo resulta ser un pronóstico de su muy acertado título, porque todo, absolutamente todo va tan lejos que por momentos se desmadra en detrimento de su calidad y frescura en favor de la ordinariez. Algo que por otra parte aunque funcione nuevamente como una coherente reivindicación feminista muy simpática, hay que reconocer que hace bastantes aguas a la largo de una cinta que se salva gracias al enorme carisma de sus protagonistas y a la llegada de sus madres que vienen a salvar (o a intentarlo al menos) la película.

La mejor baza que juega El gran desmadre es al retratar a sus inagotables madres protagonistas en un marco temporal de unas fechas que son como mínimo exasperantes para cualquier ser humano en el que la ¿ayuda? de sus madres viene a aumentar aún más la presión de la Navidad y la calidad del film con un reparto protagonizado por la simpatiquisimas Susan Sarandon, Christine Baranski y Cheryl Hines como las respectivas madres de Mila Kunis, Kristen Bell y Kathryn Hahn que forman ya una de las mejores y más memorables pandillas del cine contemporáneo.

Título original: A Bad Moms Christmas Director:  Jon Lucas, Scott Moore Guión:  Jon Lucas, Scott Moore Música: Christopher Lennertz Fotografía: Mitchell Amundsen Reparto:   Mila Kunis, Kristen Bell, Kathryn Hahn, Susan Sarandon, Justin Hartley,Oona Laurence, Emjay Anthony, Cade Mansfield Cooksey, Cheryl Hines Distribuidora: Diamond Films Fecha de estreno:  08/12/2017